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El más pequeño entre todos ustedes, ése es el más grande

By Redacción Septiembre 21, 2021

Del santo Evangelio según san Lucas

9, 46-50

 Un día, surgió entre los discípulos una discusión sobre quién era el más grande de ellos. Dándose cuenta Jesús de lo que estaban discutiendo, tomó a un niño, lo puso junto a sí y les dijo: “El que reciba a este niño en mi nombre, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe también al que me ha enviado. En realidad el más pequeño entre todos ustedes, ése es el más grande”.

Entonces, Juan le dijo: “Maestro, vimos a uno que estaba expulsando a los demonios en tu nombre; pero se lo prohibimos, porque no anda con nosotros”. Pero Jesús respondió: “No se lo prohíban, pues el que no está contra ustedes, está en favor de ustedes”.

Palabra del Señor.

 

Comentario al Evangelio

El profetismo es, en Israel, expresión de la manifestación de Dios que sigue animando al pueblo. Los grandes profetas como Moisés y Elías, comparten su espíritu, el primero con los 70 ancianos, en orden a su misión de gobierno (Números 11,25-29). Sin embargo, por encima de este proceso institucionalizado, está el espíritu de Dios que actúa en dos ancianos fuera de la tienda del encuentro. Allí donde alguno ve una transgresión en esta situación, Moisés se alegra, porque lo importante es que todo el pueblo sea profeta.

 Jesús es el Mesías porque en Él reposa el Espíritu de Dios que le lleva a sanar, sacar demonios. Pero el Espíritu realiza los mismos signos en otras personas que, aunque no son del grupo de los apóstoles, están a favor de Jesús porque los impulsa el mismo Espíritu y, en ese sentido, son también de los suyos. El detalle más pequeño que se haga a alguien por ser seguidor de Jesús tiene valor de eternidad. Pocas cosas son tan graves como el escándalo, en especial a los pequeños, porque obstaculiza y cierra el camino a la fe. Estamos llamados a vivir a la luz del único valor absoluto que es el Reino. Hay que remover los obstáculos que nos impidan llegar a su cumplimiento pleno en la eternidad (Mateo 9,37-42.44.46-47).

 Cerrados al Reino están los que acaparan y amontonan riquezas, al precio de ser injustos con los demás, y se cierran a compartirlas con aquellos que necesitan. El grito de esos pobres llega hasta el Señor que hará que su lujo y placer en este mundo se cambie en lamentos, desgracias y muerte (Santiago 5,1-6).

 Tenemos tendencia a controlarlo todo, nos asusta lo imprevisto, lo que no abarcamos. Tendemos también a buscar lo inmediato, los lujos y placeres, la acumulación que parece que nos asegura el bienestar, aun efímero. Y todo ello, sin importar lo que les suceda a los demás, aun a riesgo de herirlos con el escándalo… Nos sentimos incluso con derecho de controlar la actuación de Dios desde nuestros esquemas humanos, al servicio de nuestros intereses.

 Pero el Espíritu es libre y se manifiesta muy por encima de nuestras expectativas. Especialmente en nuestro tiempo cuyas posturas ante la fe son tan diversas, tenemos que discernir, ante todo, la actuación del Espíritu y no tanto nuestros cortos esquemas selectivos. Su actuación es la referencia para la pertenencia al grupo de Jesús. Estemos abiertos a acoger con gozo los frutos del Espíritu, aún fuera de nuestras comunidades y de nuestra Iglesia, y a unirnos a toda la gente de buena voluntad que quiera construir un mundo mejor.

 Nuestra perspectiva es la de Reino que ha comenzado con Jesús. Instalarnos en la inmanencia y en los afanes de este mundo nos cierra a la eternidad del Reino. Mantengámonos abiertos al Espíritu de Dios que quiere profetizar en todos en orden al avance de su Reino, no limitemos su acción con nuestras programaciones de grandeza o excluyendo a personas, más bien organicemos toda nuestra vida personal y comunitaria en función de la esperanza que nos da su perspectiva de eternidad. Ojalá todos fueran profetas y recibieran el Espíritu del Señor.

Culminamos el mes patrio, la celebración del bicentenario de nuestra nación, renovando nuestro compromiso por buscar solidariamente caminos de justicia, paz y bienestar para todos. Culminamos también la semana de la catequesis y de las personas privadas de libertad. Hemos celebrado a San Pio de Pietrelcina como patrono de la parroquia de Tacares, interceda por nosotros. El Señor les bendiga junto a sus familias.

 

Mons. Bartolomé Buigues O.

Obispo de Alajuela

Last modified on Viernes, 01 Octubre 2021 14:28

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