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Sagradas Escrituras: El macedonio

By Pbro. Mario Montes M. Julio 22, 2022

En su artículo sobre la primera mujer cristiana de Europa, llamada Lidia, el Pbro. Ariel Álvarez Valdés, biblista y teólogo argentino nos enseña lo siguiente: “Según la Biblia, el cristianismo llegó por primera vez a Europa debido a un extraño incidente. Una noche, mientras San Pablo dormía en la ciudad de Tróade, en el límite entre Asia y Europa, tuvo un sueño perturbador. Un hombre desesperado, puesto en pie, le suplicaba: “¡Pasa a Macedonia y ayúdanos!”. ¿Quién era ese hombre que lo llamaba? ¿Por qué lo invitaba a viajar a Macedonia, una región extraña de Europa? ¿Tenía que abandonar Pablo su misión en oriente, e ir a ayudar al desconocido?

Al despertar, sin pensarlo dos veces, el apóstol decidió tomar el primer barco que partía hacia Macedonia. Y así fue como llegó por primera vez el cristianismo al continente europeo (Hch 16,9-10). Sus detalles constituyen una aventura sorprendente, con un final accidentado y amargo, pero que marcó para siempre la historia de la evangelización. Después de un largo recorrido sin éxito alguno, atravesando buena parte del actual territorio de Turquía, en Asia Menor, san Pablo llegó a Tróade. De pie sobre la playa, mirando el fascinante azul del Mar Egeo, Pablo se preguntaba por qué estaba allí. ¿Qué tenía que hacer en Tróade? Y aquella noche tuvo la respuesta. Mientras dormía, se le presentó un misterioso suplicante que le decía: “¡Pasa a Macedonia y ayúdanos!”.

Macedonia estaba al norte de Grecia, y era famosa por ser la patria de Alejandro Magno. No estaba muy lejos de Tróade y se podía llegar hasta allí en barco. Pero Pablo era oriental, y la idea de llevar el Evangelio a Occidente no entraba en sus planes. Había mucho que hacer todavía en Oriente. Sin embargo, algo le decía que debía escuchar la voz de sus sueños. Y al amanecer decidió partir con sus compañeros rumbo a Europa. Desde Tróade, los misioneros partieron a la región de Macedonia. Y después de dos días de navegación, y 230 kilómetros de camino, llegaron por fin a Filipos en septiembre del año 49…”. Pero volvamos, pues, a esta visión nocturna en sueños de San Pablo, que  nos describe San Lucas:

Durante la noche, Pablo tuvo una visión. Vio a un macedonio de pie, que le rogaba: “Ven hasta Macedonia y ayúdanos”. Apenas tuvo esa visión, tratamos de partir para Macedonia, convencidos de que Dios nos llamaba para que la evangelizáramos (Hech 16, 9-10)

 

El macedonio o griego de los sueños

 

Como podemos ver, un nuevo y gran campo de trabajo se ofrece a San Pablo. Se le presenta de manera impresionante. No tenemos ninguna razón convincente para no tomar en serio esta llamada del cielo, y para ver en el texto un mero recurso literario para anunciar de forma lo más interesante posible, la época de misión en suelo europeo que ahora va a iniciarse. En la descripción de esta singular llamada misionera por un macedonio aparecido en sueños, se nos insinúa algo que se ha de entender por analogía con otras cosas extraordinarias, que se nos narran en libro de los Hechos de los apóstoles. No tenemos razones para preguntar más en concreto por los detalles.

San Pablo aprende en un sueño que debe llevar su testimonio a Grecia, en aquella época una parte muy importante del mundo mediterráneo: “¡Pasa a Macedonia y ayúdanos!” (Hech 16,9). Como respuesta a esta invitación, Pablo comienza su evangelización en Europa. Esta llamada de Pablo es como las del Antiguo Testamento: la de Isaías en Is 6, 8 y la de Jeremías en Jer 1, 5-10. Pablo responde a la llamada del cielo y así entiende por qué el Espíritu les impidió ir a Asia y a Bitinia, en los comienzos de su segundo viaje misionero. El Pablo de San Lucas en el libro de los Hechos da, de este modo a los lectores de este libro, una visión de cómo el discípulo cristiano debe esperar pacientemente las instrucciones del cielo y a saber disponerse a los designios de Dios.

 

Escuchar a la nueva multitud

 

Y concluye el padre Ariel Álvarez diciendo: “La forma como el cristianismo llegó a Europa, según los Hechos de los Apóstoles, fue accidentada y casi frustrante. Pablo pensaba ir al oeste, y Dios no se lo permitió. Luego intentó ir al norte, y tampoco lo dejó. Cuando por fin llegó a Europa, no encontró ninguna sinagoga para predicar. Al hallar un grupo de simpatizantes judíos, eran todas mujeres. Y cuando les habló de Jesucristo, sólo Lidia lo aceptó. ¡Pablo había hecho 1.550 kilómetros desde Antioquia para convertir a una sola persona! O sea que, paradójicamente, el hombre que le había hablado en sueños ¡había resultado ser una mujer! (Lidia, a quien luego conoceremos, nota nuestra)

Sin embargo aquella humilde y modesta entrada del cristianismo a Europa se convertirá, más tarde, en el comienzo de una de las empresas más grandiosas de la humanidad. Es cierto que las designaciones de Asia y Europa no existían en aquel tiempo como las usamos hoy, pero ya los antiguos reconocían la diferencia entre Oriente y Occidente; y Pablo había dado un gran paso para que la Palabra de Dios se abriera camino en una nueva región, donde millones de personas podrán conocerla, estudiarla, volcarla en nuevos moldes y plasmarla en nuevos patrones.

Hoy frente a la Iglesia se encuentra de pie una multitud de hombres y mujeres que, como el macedonio que clamaba a Pablo, la están llamando con sus gritos: “Ven y ayúdanos”. Son todos los que no encuentran lugar en sus filas, ni ninguna acogida en sus grupos, ni aceptación en sus asociaciones. Son todos los desesperados, heridos y maltratados por la vida, que se ven obligados a buscar solución a sus problemas en otros ámbitos, porque a veces y desgraciadamente la misma Iglesia les cierra sus puertas. Por eso, hoy más que nunca hace falta responder a la “llamada macedonia”. Y para eso necesitamos gente como Pablo, abierta y flexible, capaz de romper las estructuras obsoletas, de aceptar los nuevos desafíos, y sobre todo, de escuchar la voz de sus sueños” (Ariel  Álvarez Valdés. ¿Quién fue la primera cristiana de Europa. Enigmas de la Biblia 10.  San Pablo, pp 97-106)

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