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San José, modelo de padre y esposo

By Febrero 26, 2021

El Papa Francisco convocó el Año de San José, con motivo de la conmemoración de los 150 años del decreto Quemadmodum Deus, con el cual el Beato Pío IX lo declaró Patrono de la Iglesia universal.

A San José se le reconoce como el custodio de la Sagrada Familia, patrono de los trabajadores y en nuestro país es el titular de la Arquidiócesis que lleva su nombre, así como protector de un importante número de parroquias y comunidades.

En distintas catequesis el mismo Papa Francisco ha resaltado el papel de San José como padre que sirvió a su familia con caridad y humildad y ha mencionado que la Iglesia de hoy necesita de padres como él, en especial en estos tiempos de crisis.

“Todos pueden encontrar en San José -el hombre que pasa desapercibido, el hombre de la presencia diaria, discreta y oculta- un intercesor, un apoyo y una guía en tiempos de dificultad”, escribió el Papa en la carta apostólica Patris corde.

San José, nos recuerda el verdadero sentido de la paternidad. “La presencia insustituible del padre en la educación de los hijos es algo que necesitamos volver a conquistar como sociedad. San José con el niño en los brazos nos lo recuerda, un padre amoroso y protector del cual los hijos puedan aprender y crecer seguros a su lado, incluso en las carencias y situaciones más difíciles”, explica Su Santidad. 

San José conoció esas situaciones, él tuvo que proteger y sostener a María esperando al niño sin tener un techo donde pudiera nacer, tuvo que huir hacia Egipto, ser un extranjero en tierras desconocidas y ganarse el pan del día con el sudor de su frente.

San José pasó todas las pruebas que un esposo podría pasar: la duda frente a su propia esposa, el cuidado de un niño que no era de su sangre, la dificultad de un matrimonio casto. El evangelista nos narra a José como un hombre justo ante los ojos de Dios, y se encontraba comprometido en contraer matrimonio con María. Posiblemente, dentro de los planes de José, estaba formar una hermosa familia y establecer un taller de carpintería. Planes que encontraron un gran obstáculo, cuando María le anuncia que espera un hijo, pues al conocer de esto, sus planes caen y sufre, quizá en su duda cuestiona: ‘¡Esta mujer es buena, yo la conozco! Es una mujer de Dios. ¿Qué me ha hecho? ¡No es posible!”. Si la acuso, la lapidarán. Pero a pesar de atravesar ese momento difícil en su vida, de no entender, se acusa a sí mismo ante los ojos de los demás para cubrir a su esposa decidiendo callar para no atentar contra la vida de su esposa María y del hijo que lleva en sus entrañas.

San José, a diferencia de María no fue concebido sin pecado, era así un hombre completamente normal. Su virtud y fortaleza son grandiosas y es prueba viva de lo que un hombre que entrega su vida a Dios puede hacer por medio de su gracia.

San José pone al servicio de su familia esta fortaleza física natural en él, una fortaleza que tiene como misión proteger, ayudar y servir. Un padre que carga con todo el peso de su familia y es feliz haciéndolo. San José obrero, carpintero de profesión, trabajó siempre por el sustento de su familia. La constancia de su trabajo, la seguridad de su familia.

San José también era un hombre silencioso, es más se le conoce como el santo del silencio. En el silencio escuchaba la voz de Dios, no era un silencio indiferente ni estéril. No era un silencio que ignoraba o que buscaba pasar la página y evitar el confrontar o solucionar problemas. San José escuchaba, meditaba en su corazón para poder tomar las mejores decisiones para su familia y para él mismo. 

El Papa Francisco, gran devoto de San José, dice que “hay algunos momentos malos, momentos oscuros, momentos incómodos, momentos que causan sufrimiento”, pero que, “Dios hace la historia, también nosotros hacemos la historia; y cuando nos equivocamos, Dios corrige la historia y nos lleva adelante, adelante, siempre caminando con nosotros”.

El Espíritu del Señor se aparece en el sueño de José, y cambia la historia, José obediente a la manifestación de Dios, cambia la historia. Sin dudas, sin cuestionamientos, sin discusión, toma consigo a María como su esposa y meditando se dice: “¡No entiendo nada, pero el Señor me ha dicho esto y este aparecerá como hijo mío!”; disponiéndose así, al proyecto que le es encomendado, deja atrás sus planes personales y se ajusta a los designios del Señor.

En José, resuena la oración de fe, las palabras de aceptación de su esposa María de: “Hágase según tu palabra”, se deja guiar por la voluntad de su Señor, está atento a todo lo que le rodea y sabe discernir el bien del mal, para así tomar las decisiones más sensatas, porque el espíritu del Señor está con él.

Es así como, permanece al lado de María, en los momentos hermosos y serenos de la vida, como en los momentos difíciles y angustiantes. Al recibirla como esposa, en su casa, vela por ella en el viaje a Belén; la apoya, la sostiene, la asiste en las horas dolorosas y gozosas del parto; y en el lugar más sencillo, en un pesebre, reciben y se regocijan, al tener en sus brazos el más grande regalo de Amor: a Jesús, el hijo de Dios.

 

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Laura Ávila Chacón

Periodista, especializada en fotoperiodismo y comunicación de masas, trabaja en el Eco Católico desde el año 2007.

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