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Anime la solidaridad familiar en esta navidad

By Diciembre 09, 2020

El adviento y las fiestas navideñas son una época para enseñar a los más pequeños de la casa a ser solidarios con los que menos tienen. Es una ocasión propicia para hablarles de pobreza y de que existen muchos niños en el mundo con necesidades extremas.

La navidad es una fecha muy importante para todos los cristianos, en la cual se celebra el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, es una época de gozo, de amistad, de perdón, de conciliación y de amor, donde podemos apreciar el colorido de bellas luces y adornos, una época en que normalmente degustamos deliciosas comidas y en la que damos y recibimos muchos regalos.

Pero la Navidad no debe ser sinónimo de materialismo o consumismo, sino una época en la que los padres de familia inculquen y fomenten valores a sus hijos, los enseñen a transmitir alegría y esperanza a otras personas, especialmente a las más necesitadas.

Es un tiempo para enseñar que se puede hacer la diferencia en un mundo donde muchas veces el egoísmo priva antes que el amor al prójimo.

¿Cuántos de nosotros hemos pensado hacer que un niño o una familia en necesidad tenga una navidad diferente? Prepararles una cena navideña, comprarles un diario de alimentos o pagarle alguno de los servicios puede ser un gesto muy acorde con el verdadero espíritu de este tiempo. (Ver módulo)

Estas acciones pueden ayudar cambiar el mundo y son una oportunidad para enseñarle a los hijos el amor a los demás y el desprenderse de lo que tenemos y que a veces incluso nos sobra.

Si usted quiere enseñar a sus hijos esta actitud, no lo haga dándole de su propio dinero,  sino que sacrifiquen algo propio, por ejemplo, el dinero de las golosinas o bien un juguete.

Si de verdad, queremos comunicar a los niños el espíritu de la navidad, habría que hablarles de lo que significa  ser buen compañero, amigo y buena persona. Desde que son pequeños podemos enseñarles a discernir entre lo que les apetece “en este momento” y lo que es realmente necesario.

Ello sin dejar de reflexionar nosotros mismos: ¿es lógico comprar todo lo que nos piden los niños?, ¿responde a nuestros valores?, ¿realmente podemos colmar de caprichos a los hijos?

Es momento de dar protagonismo a conceptos como ceder, esperar, cuidar, repartir, ponerse en el lugar del otro, ser amigos, hermanos, amables y educados. 

Desde luego que hay que volver al origen de la navidad: Dios que se hace uno de nosotros por amor y nos entrega su vida por la redención de nuestros pecados, el mayor acto de solidaridad que pueda existir.

 

Educar a la solidaridad

 

Existen muchas situaciones en las que podemos ser solidarios, porque no solo se trata de una palabra, sino una actitud de vida, de una forma de relacionarnos con los demás. Ser solidarios es dar amor, compartir risas, coleccionar buenos momentos, abrir nuestro corazón, ser generosos, escuchar activamente al compañero que tenemos al lado, saber entender a otra persona, decirle algo a tiempo a nuestro amigo cuando lo necesita.

El mejor lugar para empezar a transmitir valores y emociones es la familia. Los niños no nacen solidarios, la solidaridad se enseña a través de muchas formas y en distintas situaciones de la vida cotidiana.

Es por eso que en esta navidad debemos inculcar a nuestros seres queridos el valor de compartir, de dar esperanza, de brindar abrazos, besos y cariño, la solidaridad debe ser enseñada y transmitida a los niños sobre todo a través del ejemplo.

Ser solidarios con la familia, con quien nos atiende en la tienda, con el compañero de trabajo, con el anciano que cruza la calle, etc.

  

 

Acciones con las cuales podemos poner en práctica la solidaridad:

 

Invita a cenar a una persona o a una familia que no tenga empleo o que viva en pobreza.

Obsequia regalos a asilos de ancianos o a niños huérfanos.

Realiza alguna acción que beneficie a otra persona sin recibir nada a cambio.

Da un diario de alimentos a alguna familia que no tenga qué comer.

Paga los gastos de los servicios de una familia necesitada.

Visita a algún adulto mayor que viva solo y ofrece la ayuda que ocupe.

Dona sangre para las personas hospitalizadas.

Ofrécete para cuidar a algún enfermo de tu familia o comunidad.

Si conoces a una familia migrante hazla parte de la tuya en alguna actividad.

Ayuda a tus compañeros de estudio o trabajo con sus obligaciones.

 

Y sobre todo… haz las cosas de corazón.

Laura Ávila Chacón

Periodista, especializada en fotoperiodismo y comunicación de masas, trabaja en el Eco Católico desde el año 2007.

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