Este es un diálogo ficticio entre Benjamín Moisés, un niño de 12 años que inicia sexto grado, y su padre, Willy. En este intercambio, Benjamín busca comprender los valores que lo han formado: caridad, fe, esperanza, estudio, y la importancia de la orientación educativa y familiar. Willy, orientador escolar y padre, responde con cariño, ejemplos y referencias para que Benjamín vea que la primera escuela de un niño es el hogar. El diálogo es una invitación a reflexionar sobre la influencia de la familia, la fe y la educación en la vida cotidiana.
Benjamín: Papá, quiero conversar contigo. Me criaste solo sin una figura materna y siempre me enseñaste el valor de la caridad, el temor de Dios y amar a Dios sobre todas las cosas. ¿Cómo lograste enseñarme estos valores, si de niño sufriste tanto, te golpearon y te maltrataron? ¿Cómo hiciste para que no nos falte nada?
Willy: Hijo, gracias por confiar en mí. Te quiero con todo mi corazón. Te diré que mis experiencias me enseñaron primero a mirar hacia dentro y luego hacia afuera.
La vida, a veces dura, me mostró que la respuesta no está en la queja, sino en la opción de responder con amor. Cuando algo duele, podemos dejar que ese dolor nos haga más compasivos, no más resentidos.
Benjamín: ¿Pero ¿cómo puedes decir que la caridad tiene poder real, si no la ves como una única solución a cada problema?
Willy: La caridad no siempre resuelve un problema de inmediato, pero transforma al que da y al que recibe. En la caridad está la dignidad de la persona: mirar al otro y decirle “te veo, te escucho, te acompaño”.
En la vida cotidiana he aprendido que los gestos pequeños sostienen a las personas: un abrazo, una palabra, una comida compartida. En eso, la práctica de la caridad empieza en casa: pedir perdón, agradecer, ayudar con las tareas, ceder el paso, escuchar sin interrumpir. ¿Recuerdas cuando aprendimos a rezar juntos? Eso también es caridad: darle a Dios el primer lugar para que nos guíe a amar mejor a los demás.
Benjamín: En la escuela estamos hablando mucho de la orientación educativa y familiar. Tú trabajas como orientador, Papá. ¿Qué significa realmente para ti?
Willy: Significa acompañar a las personas en la búsqueda de sentido y de dirección. La orientación no es imponer una ruta, sino abrir posibilidades y ayudar a que cada quien descubra sus talentos, sus límites y sus sueños.
Así como una brújula, la orientación nos señala direcciones posibles, pero cada quien decide cuál tomar. En nuestra casa, la orientación empieza con las preguntas: ¿Qué te apasiona? ¿Qué te preocupa? ¿Qué te gustaría hacer para ayudar a otros? Y luego, con paciencia, diseñamos pasos concretos: hábitos de estudio, horarios, espacios de reflexión.
Benjamín: ¿Qué podemos decir a mis compañeros y compañeras para que entiendan la importancia de la orientación en nuestras vidas?
Willy: Podemos decirles que la orientación es una guía para vivir con propósito. No se trata solo de elegir una carrera, sino de elegir un camino de humanidad: cómo tratamos a los demás, cómo manejamos las dificultades, cómo transformamos la curiosidad en aprendizaje y la curiosidad en servicio.
En la educación, la orientación nos ayuda a identificar nuestras fortalezas y a convertir las debilidades en proyectos de mejora. Como decía alguien sabio: “La orientación es el arte de convertir un mapa en un viaje”.
Benjamín: Papá, tú siempre estás leyendo y estudiando. ¿Qué aprendiste al crecer en una casa llena de libros?
Willy: Aprendí que el conocimiento no es solo acumular datos, sino formar criterios, abrir horizontes y enriquecer el alma. En una casa de lectores hay conversación, preguntas y dudas que se analizan con respeto.
Aprendí a preguntar más que a afirmar, a escuchar más que a imponer. Y, sobre todo, a valorar la lectura como una forma de rezar con la mente: al entender el mundo, entendemos mejor a las personas. La educación es un puente entre la curiosidad y la acción.
Benjamín: A veces me pregunto si todo lo que has hecho ha sido para que yo llegue a ser una buena persona. ¿De verdad basta con rezar para que Dios te guíe?
Willy: Rezar es abrir la puerta para que la gracia te guíe, pero la fe sin obras permanece muda. La oración nos da fuerza para actuar con justicia y libertad. Por ejemplo, cuando te ves con amigos que necesitan apoyo, la forma de rezar se ve en tus acciones: escuchar, acompañar, compartir.
Los valores que mencionas, la caridad, la fe y la esperanza, se fortalecen cuando los practicamos en las pequeñas cosas del día a día. El propósito de Dios en nuestra vida no es solo un destino, sino una forma de vivir que transforma nuestra manera de relacionarnos con los demás.
Benjamín: Papá, ¿podrías compartir algún consejo para mis amigos y para mí en este camino?
Willy: Claro. Te dejo algunos principios prácticos:
Cuida la primera escuela: tu hogar. Lo que aprendes allí, es base para todo lo demás.
Practica la humildad. Acepta que no siempre tienes la respuesta y busca ayuda cuando la necesites.
Sé paciente con el aprendizaje. El crecimiento personal tarda, pero llega.
Elige la empatía cada día. Ponte en los zapatos de los demás, especialmente de quienes son diferentes a ti.
Señala metas con acción diaria: estudia, ora, acompaña, sirve.
Conserva la curiosidad intelectual y la humildad espiritual. Ambas te harán más compasivo y discernidor.
Rodéate de personas que te inspiren: amigos, maestros, sacerdotes, adultos que te guíen con ejemplo.
Benjamín: A veces me río con Padre Pollo y Pepe, nuestros amigos que son tan diferentes, pero tan importantes. ¿Qué papel juegan ellos en nuestra vida?
Willy: Cada persona en nuestra vida trae una lección. Padre Pollo, que vive pendiente de los pobres, es un recordatorio de la caridad en acción: cuando lo ves, sabes que un abrazo puede ser una ayuda real; Pepe, que mi tu consejero, te invita a pensar antes de actuar; y tú, Benjamín, al observar, aprendes a integrar fe, razón y servicio.
En una casa de libros y conversaciones, aprendemos a escuchar, a preguntar y a tender la mano. Esa es la verdadera educación: aprender a vivir con propósito, a construir puentes y a dejar una huella de amor en los demás.
La primera escuela de un niño es el hogar. En cada gesto, palabra y hábito, se siembra la orientación que guiará toda su vida. Este diálogo entre Benjamín y Willy pretende mostrar que la educación, la fe y la caridad no son ideas abstractas, sino prácticas diarias que nacen en el hogar y se fortalecen en la escuela, en la comunidad y en la vida cotidiana.
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