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Martes, 03 Febrero 2026
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Un encuentro en la Basílica de la Sagrada Familia

By Willy Chaves Cortés, OFS Orientador Familiar y Educativo, UJPll / UCAT / Doctor en Humanidades, UPF Enero 30, 2026

Este relato es una ficción que explore temas de fe, dolor, reconciliación y vocación. Willy, un franciscano seglar costarricense de Guanacaste, ha pasado por una infancia difícil y ha hallado en Dios un cauce de sanación y propósito.

Con una formación amplia en orientación familiar y educativa, comunicación política, talento humano e historia latinoamericana, Willy emprende un viaje interior y geográfico hacia Barcelona para vivir su vocación entre personas de culturas diversas.

En la Basílica de la Sagrada Familia, se cruza con un maestro ficticio llamado Antonio, un personaje simbólico que representa la fusión entre fe, arte y la búsqueda de la verdad. Antonio no es una persona real; es una voz creativa que guía el encuentro hacia la belleza, la misericordia y la acción concreta en favor de la dignidad humana.

Willy: (camina entre las columnas de piedra, dejando que la luz de las vidrieras dibuje colores en su rostro) Aquí estoy, Señor. En este templo que parece rezar con paredes y silencio.

Llego desde Guanacaste, Costa Rica, con un pasado que aún late entre volcanes y lluvia, y un presente que late con la esperanza de servir a tu pueblo. A mis cincuenta y dos años, me descubro no como un mapa cerrado, sino como un río que encuentra su camino al mar, donde la misericordia y la verdad se abrazan.

Antonio: (surge entre las sombras de la basílica, como una figura hecha de piedra que respira) Bienvenido, viajero de la fe. Este lugar escucha cuando el mundo calla. Dime, ¿qué te trae a esta casa de piedra y luz?

Willy: Soy un franciscano seglar que ha conocido la fragilidad humana… una infancia marcada por el abandono y un abuso que dejó huellas en mi alma. Sin embargo, una voz, un santo sacerdote, me mostró que solo en Dios podía hallar amor, paz y perdón.

He estudiado orientación familiar y educativa, comunicación, talento humano, historia latinoamericana; todo para aprender a tender puentes entre quienes sufren y quienes pueden sostenerles la mano. Ahora, quiero caminar con mi fe en Barcelona, para hallar una casa para mi alma y para abrir puertas a otros que buscan sentido.

Antonio: La ciudad de Barcelona es un horizonte de encuentros. Y la Basílica, con su tallo de piedra que parece crecer hacia el cielo, es un recordatorio de que la obra de Dios no se detiene ante las dificultades. ¿Qué buscas exactamente en este encuentro, Willy? ¿Qué regalo esperas hallar en la conversación?

Willy: Busco escuchar la voz de Dios en medio del bullicio, ver su rostro en la humanidad que me rodea, entender cómo la belleza puede sostener la justicia y la bondad. Quiero que mi historia no sea una muralla que separa, sino un puente que une; que mi vocación, en cada gesto, en cada palabra, anuncie que el perdón es posible y que la esperanza no es un espejismo.

Antonio: Entonces escucha estas palabras: “La belleza es la súplica de lo divino hecho lenguaje humano.” En cada detalle de estas piedras, en cada color que la luz trae a la nave, Dios habla de gracia, de paciencia, de una creación que no se rinde. ¿Has encontrado tú, en medio de tu dolor, una semilla que todavía respira y puede dar fruto?

Willy: Sí. He aprendido que la verdadera fortaleza no es negar las heridas, sino ofrecerlas al Creador para que se transformen en misericordia. En mi vida, la educación y la familia deben ser herramientas para liberar, no para oprimir; para enseñar a perdonar, no para alimentar el resentimiento. En Costa Rica aprendí que la vida florece cuando la comunidad se acerca, cuando el miedo se disuelve ante la ternura compartida.

Antonio: Costa Rica, tierra de ríos que corren con música, de volcanes que respiran historia. Tus estudios son testimonio de eso: un deseo de comprender al ser humano en su diversidad, y de acompañarlo hacia la dignidad. ¿Cómo sientes que Dios te llama ahora, en este cruce de culturas y ciudades?

Willy: Te confieso que la llamada no es solo para mí, sino para quienes me rodean: familias que necesitan orientación para sanar, jóvenes que buscan sentido en un mundo ruidoso, comunidades que requieren educación para erradicar la pobreza del alma.

Quiero ser puente entre la fe y la vida diaria, entre la memoria del dolor y la esperanza de la reconciliación. Quiero que mi historia sea un faro para otros que se sienten perdidos, para que sepan que en Dios hay amor que devuelve la paz.

Antonio: La paz no es la ausencia de tormenta, es la presencia de verdad en medio de ella. Y la verdad, cuando se canta con la vida, se escucha en las miradas de quienes te rodean.

Si tu vocación es servir, que cada gesto sea una oración en acción: escuchar al que sufre, acompañar al que duda, educar para que todos tengan una oportunidad de ser vistos como hermanos. ¿Qué acciones concretas imaginas para empezar?

Willy: Primero, abrir espacios de escucha: talleres y asesorías para familias que atraviesan crisis, con un enfoque centrado en la paternidad y la vida comunitaria. Segundo, promover proyectos de educación popular que integren a comunidades diversas, fomentando el respeto y la reparación.

Tercero, colaborar con parroquias y centros educativos para brindar acompañamiento a jóvenes y adultos que han vivido abusos, ofreciéndoles herramientas psicológicas y espirituales para sanar. Y, sobre todo, fomentar una espiritualidad de perdón que no borre el dolor, sino que lo convierta en impulso para la justicia y la misericordia.

Antonio: Esos son pasos audaces y llenos de compasión. En la historia de la arquitectura, como en la vida, la forma debe obedecer al sentido. Las líneas que propones —escucha, educación, sanación, justicia— son líneas que sostienen una estructura humana capaz de crecer hacia el cielo sin romperse. ¿Cómo ves tu ruta personal hacia Barcelona, hacia una comunidad que te reciba y te permita crecer en tu vocación?

Willy: Mi ruta es de entrega y aprendizaje. Deseo anclar en una comunidad católica de Barcelona que valore la experiencia y la sabiduría de quienes han vivido dolor y, aun así, han encontrado un camino hacia la esperanza.

Quisiera colaborar con proyectos sociales, educativos y pastorales que acompañen a familias y jóvenes, respetando culturas diversas y construyendo puentes entre Costa Rica y Catalunya. En cada paso, llevaré conmigo el recuerdo de mi infancia y la promesa de un amor que no se agota.

Antonio: Guadalupe de la fe, ¿no es acaso la belleza de Dios un mosaico nacido del dolor? En cada grieta de nuestras vidas, Él siembra una semilla de resurrección. Dime, ¿qué palabras llevarás tú como presencia de esperanza para aquellos que te rodean?

Willy: Llevaré la palabra que me salvó cuando era niño: paz. Paz que no es pasividad, sino acción paciente; paz que se traduce en escuchar antes de juzgar; en perdonar incluso cuando parecería imposible; en enseñar a amar, incluso cuando es difícil.

Llevaré también la palabra de que cada persona es un milagro: cada familia que encuentra ayuda, cada niño que recibe apoyo, cada maestro que descubre una nueva forma de entender a sus alumnos. Llevaré la insistencia de que la educación es una forma de oración en movimiento, una manera de decir: “Dios está aquí, con nosotros, en nuestra vida cotidiana.”

Antonio: Si la belleza sostiene la fe, que tus palabras tengan la claridad de un boceto que promete una catedral. Que cada encuentro sea una piedra que se coloca con paciencia, hasta que la obra revele su altura. ¿Te gustaría que este encuentro se convirtiera en una bendición para ti y para quienes te rodean?

Willy: Sí. Quiero que este encuentro se convierta en una bendición de comienzos: comienzos de proyectos, de alianzas, de comunidades unidas por la educación, la sanación y la justicia. Que mi dolor no sea un lugar de sombra, sino una lámpara que ilumina el camino de otros hacia la verdad, la dignidad y la gracia.

Antonio: Entonces, que esta basílica sea para ti un jardín de posibilidades, donde cada columna alcance el cielo como una oración en piedra. Pidamos juntos, con humildad, que la gracia que te ha sostenido siga sosteniendo a otros; que la belleza de Dios se vea en cada sonrisa que nace de la reparación, en cada mano que se tiende en favor de la vida.

Willy: Amén. Gracias por escuchar mis historias, por respirar conmigo el aire de esta casa. Si las paredes de la Sagrada Familia pueden contarse como un poema de fe, que mi historia sea una estrofa que invite a otros a creer que, aun desde la oscuridad, la luz de Dios puede nacer de nuevo.

Antonio: Ve con la bendición de este lugar: que la piedra hable a tu corazón, que la luz te guíe, y que la voz de Dios, tejida en la belleza, te conduzca a ser presencia de esperanza para quienes más lo necesitan.

Willy: Adiós por ahora, maestro de la piedra y de la fe. Que la gracia nos envuelva a ambos y que este encuentro sea sólo el inicio de muchos caminos compartidos.

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