Benjamín Moisés es un niño de ojos curiosos, de risa fácil y una sensibilidad que parece entender más de lo que muestran las palabras.
Vive en una casa en la que cada detalle está impregnado de la tradición cristiana y de un amor práctico por la vida cotidiana: la mesa compartida, la oración al inicio y al final del día, la lectura pausada de historias que hablan de esperanza y justicia.
Su padre, Willy, es un hombre de fe firme y amoroso, orientador educativo y familiar, con una vocación que es para él una misión permanente: acompañar a su hijo en el camino de crecer con verdad, bondad y responsabilidad.
Willy es profeso perpetuo como Franciscano Seglar, lo que imprime en su forma de enseñar y de vivir la humildad, el servicio y la sencillez. Ha criado a Benjamín con la certeza de que la vida de fe no es un abismo entre lo religioso y lo cotidiano, sino la integridad de una vida bondadosa que se traduce en gestos pequeños pero constantes de amor al prójimo.
La abuela, ya ausente murió el año pasado, dejó una huella indeleble en la casa y en la memoria de Benjamín.
Sus relatos, su risa cálida, la manera en que decía que cada regalo tiene una historia, y la convicción de que la fe se revela en el cuidado de los más vulnerables, siguen vivos en la conversación diaria, en la oración compartida y en las acciones que la familia realiza para quienes están peor.
La Epifanía, en esta casa, no es un simple día en el calendario, sino una experiencia de vida que se repite cada año y que se renueva con cada gesto de generosidad, con cada promesa de mantener la esperanza, con cada nota de gratitud hacia Dios por la vida que les ha sido dada.
En este diálogo, Willy guía a Benjamín hacia una comprensión más amplia de la magia de los Reyes Magos: no una magia que se disuelve con la llegada de la madurez, sino una magia que se transforma en compromiso, en verdad y en acción.
Se busca una conversación que trate con apertura el tema de la creencia, la necesidad de madurar sin perder la raíz de la fe, y la responsabilidad de vivir de acuerdo con los valores cristianos en un mundo que cambia.
El hilo conductor es la idea de que dar regalos es un símbolo de dar tiempo, esfuerzo y amor; que la Epifanía es la revelación de la cercanía de Dios, hecho hombre, en la vida de cada familia; y que la memoria de la abuela se convierte en una invitación a perpetuar sus enseñanzas a través de gestos concretos de caridad y servicio.
Una sala cálida y luminosa. Es de tarde, la casa huele a pan recién horneado y a café suave. En la mesa hay una vela encendida, un cuaderno de notas y una figura de los Reyes Magos. Se escucha una pequeña lluvia fuera, un sonido que acompasa el latido de la conversación. Benjamín se sienta frente a su padre, que lo mira con la ternura de quien ha caminado mucho para estar ahora aquí, con él, escuchando.
Benjamín: Papá, ¿me puedes contar otra vez la historia de Melchor, Gaspar y Baltazar? ¿Qué significaba realmente ese viaje?
Willy: Claro, Benjamín. Pero hoy quiero contarte algo más que la historia. Quiero que hablemos de cómo se siente recibir regalos y, sobre todo, de lo que significa la fe que sostiene esa costumbre.
Benjamín: ¿La fe ayuda a que los regalos tengan sentido?
Willy: La fe no es solo un sentimiento; es una forma de mirar la vida. Los Reyes Magos viajaron guiados por una estrella porque creían en algo más grande que ellos mismos: la llegada de un niño que traería luz a todos. Nosotros celebramos la Epifanía para recordar que la luz de ese Niño llega a cada casa cuando compartimos, cuando damos lo que podemos y cuando elegimos amar sin condiciones.
Benjamín: A veces tengo miedo de que algún día ya no crea en la magia. ¿Qué pasa si la magia se va?
Willy: La magia no se va; se transforma. La Epifanía nos invita a ver que la magia está en la verdad de lo que hacemos con nuestras manos y nuestras palabras. Cuando ya no crees solo en regalos, puedes creer en la promesa de que la vida puede ser justa, que podemos ayudar a los demás y que la bondad de Dios se hace cercana cada vez que elegimos servir.
Benjamín: ¿Y si alguien me pregunta por qué seguimos creyendo en Reyes Magos si parece un juego?
Willy: Porque creer no es negar la realidad. Es verla con otros ojos. Los Reyes Magos nos invitan a soñar con un mundo más justo, a valorar cada persona y a recordar que el regalo más grande no es el objeto que se entrega, sino el esfuerzo, la atención y el amor que hay detrás de él. La realidad se ilumina cuando nos esforzamos por vivir con verdad.
Benjamín: ¿Qué pasa con la abuela? Ella ya no está. ¿Qué nos dice la Epifanía sobre eso?
Willy: Tu abuela dejó una enseñanza enorme. Ella te mostró que la alegría de los demás es una forma de honrar a Dios. Aunque ya no esté con nosotros, su presencia vive en las acciones que hacemos: en cómo recordamos sus consejos, en cómo cuidamos a los demás, en cada gesto de gratitud que ponemos en práctica. La memoria de ella nos ayuda a mantener viva la tradición de compartir y de agradecer, porque la fe no es solo palabras; es una vida que continúa.
Benjamín: Entonces, los Reyes Magos no solo traen regalos, ¿verdad?
Willy: Exacto. Traen un recordatorio de que cada regalo tiene una historia. Melchor, Gaspar y Baltazar nos enseñan a mirar el mundo con humildad, a caminar con esperanza, a dialogar entre culturas y a respetar la dignidad de cada persona. También nos invitan a pensar en los que menos tienen y a hacer algo por ellos, por pequeño que sea.
Benjamín: ¿Qué podemos hacer nosotros para vivir así?
Willy: Podemos empezar por ser honestos entre nosotros: hablar de nuestras limitaciones, de nuestras metas y de cómo podemos acercarnos a Dios con sinceridad. Podemos ayudar a quien lo necesite: con tiempo, con comida, con palabras de aliento o con una oración compartida. Y podemos enseñar a otros a creer en la bondad de las personas y en la presencia de Dios en cada detalle de la vida cotidiana. Como lo hace Padre Pollo sigamos su ejemplo de servir al pobre.
Benjamín: ¿Y la magia de los regalos?
Willy: La magia está en la intención con la que se da. Cuando dices “te quiero” o “te necesito” con cuidado, cuando recuerdas a alguien que lo necesita y haces algo por él, ya estás participando de esa magia. Pero, sobre todo, está en la certeza de que cada regalo es una oportunidad para acercarnos a Dios: para recordar que formamos parte de una familia que se sostiene en el amor y en la gracia.
Benjamín: A veces me cuesta entender que Dios está en todo.
Willy: Dios está en lo cotidiano: en la mesa compartida, en la conversación que nos ayuda a crecer, en la paciencia para escucharte cuando dudas, en la fuerza que nos da para perdonar. Y cuando celebramos la Epifanía, celebramos la cercanía de Dios: en un niño, en una familia, en cada uno de nosotros cuando decidimos amar y servir.
Benjamín: ¿Y si alguien me pregunta por qué seguimos creyendo en Reyes Magos si parece que ya no es tan importante?
Willy: Porque creer no es negar la realidad, sino darle un marco más grande a la vida. Los Reyes Magos nos invitan a mirar más allá de lo inmediato: soñar con un mundo más justo, construir puentes entre culturas, respetar la dignidad de cada persona. Cuando los niños ven a sus padres y a la comunidad viviendo con coherencia, ese es el mayor regalo. Te he contado que Pepe nuestro amigo me enseño a ver a Dios en todo incluso en las más duras pruebas.
Benjamín: ¿Qué podemos hacer ahora?
Willy: Prepararemos la mesa de Epifanía como señal de unión. Recuerda que la verdadera corona no está en la cabeza de nadie, sino en el corazón que sabe amar. Podemos hacer una oración juntos para agradecer y luego cada uno puede hacer una pequeña acción por alguien más: escribir una carta a un familiar, ayudar a un vecino, compartir algo con quien lo necesite.
Benjamín: ¿Puedo ayudar a hacer una lista de personas a las que podemos ayudar?
Willy: Claro. Vamos a escribirla juntos. También podemos planear una actividad concreta: preparar una caja de alimentos para quienes no tienen o enviar un mensaje de aliento a un amigo que vive lejos. No se trata de grandes gestos, sino de constancia y afecto.
Benjamín: A veces me preocupa que, si la emoción de la Epifanía se apaga, ¿seguiremos creyendo?
Willy: Sí, porque la fe no depende de un estado de ánimo; depende de la verdad de lo que vivimos y de la constancia de nuestro amor. Si alguna vez dudas, recuerda que tienes a tu familia, a tu comunidad y a Dios que te sostienen. Y yo, como tu padre y tu amigo, voy a caminar contigo, aprendiendo cada día a ser mejor y a enseñar con el ejemplo.
Benjamín: Gracias, papá. Me gusta pensar que la Epifanía es para toda la vida, no solo para un día.
Willy: Así es, Benjamín. Y ahora, vamos a encender la vela como símbolo de la luz que nos guía. Que esta noche sea un recordatorio de que lo que damos de nosotros mismos siempre regresa multiplicado en amor.
Benjamín: ¿Podemos rezar antes de dormir?
Willy: Claro. Vamos a hacer una oración breve para agradecer por la familia y por la posibilidad de servir a los demás. Después, cada uno puede compartir una intención para alguien más durante la semana.