

Durante cinco días, del 7 al 11 de setiembre de 2026, Medellín, Colombia, se convirtió en un punto de encuentro para sacerdotes que, procedentes de distintos lugares de América Latina, cambiaron por algunos momentos los espacios habituales de su ministerio por los escenarios deportivos, sin dejar atrás aquello que constituye la esencia de su vocación: el anuncio del Evangelio y el servicio al Pueblo de Dios.
La undécima edición de la Copa de la Fe reunió este año a 32 selecciones provenientes de países como Colombia, Ecuador, México y Costa Rica. Entre los participantes estuvo, por primera vez, una representación de sacerdotes costarricenses, integrada por miembros del equipo Águilas Doradas de la Diócesis de San Isidro, junto con sacerdotes de otras diócesis y regiones del país.
La presencia de Costa Rica en esta edición nació, precisamente, del descubrimiento de una experiencia que llamó la atención de uno de los sacerdotes vinculados al equipo Águilas Doradas. Al conocer la iniciativa y el sentido que animaba este encuentro, se estableció contacto con la organización, desde donde llegó posteriormente la invitación para participar en el evento.
Así, Medellín abrió sus puertas a sacerdotes que llegaron con sus uniformes deportivos, pero también con la disposición de compartir la fe, encontrarse con otras comunidades y descubrir que la fraternidad sacerdotal puede fortalecerse también alrededor de un balón.
El padre Wildeman Betancur Montes, párroco de San Benildo Romansón, en San Antonio de Prado, capellán del Colegio San José de La Salle y miembro de la comisión organizadora del evento, recordó que la Copa de la Fe, desde su primera edición en el 2013 hasta hoy, ha ido creciendo, abriendo sus fronteras y acogiendo delegaciones de otros países. “La Copa tiene como objetivo no solo competir por un premio, sino integrar y acrecentar la fraternidad sacerdotal”, señaló el padre Betancur.
Pero, detrás de cada partido, cada gol y cada celebración existe un trabajo silencioso que comienza mucho antes del pitazo inicial. Organizar un encuentro de estas dimensiones implicó meses de preparación y la coordinación de numerosos aspectos. Al respecto, el Padre Bentancur, dijo: “No solo es pensar en patear el balón, en disfrutar los goles y decir: ‘¡Gané!, ¡soy campeón!’. Montar un evento de tan grande magnitud requiere de planeación, ejecución, control y evaluación; no es un evento que se monta en una semana o un mes”.
Al respecto, “la logística de la Copa de la Fe 2026 implicó atender a 761 personas, coordinando hospedaje, transporte, escenarios deportivos, árbitros, primeros auxilios, refrigerios, hidratación y, además, el componente pastoral que caracteriza de manera particular esta experiencia”, acotó el Padre Wildeman. “La preparación del evento ha sido una experiencia bonita. Pensar en acoger y hacer sentir bien a los visitantes fue un reto desafiante y lindo”, expresó el sacerdote colombiano.
La Diócesis de San Isidro y otros sacerdotes de Costa Rica participaron por primera vez en la undécima edición del encuentro internacional que reúne deporte, fraternidad sacerdotal y evangelización en Medellín, Colombia.
Tras finalizar sus estudios universitarios, siguieron escuchando el llamado del Señor y tomaron una decisión crucial. “Él quería proponerme una felicidad que definitivamente era mayor”, dice uno de ellos.
Ante la cercanía de las elecciones nacionales del próximo primero de febrero, la Conferencia Episcopal de Costa Rica invita a los sacerdotes del país a "animar, la participación responsable y consciente de los fieles en este importante momento para la vida del país".
Así lo dio a conocer la institución eclesial en un mensaje este miércoles 14 de enero de 2026. En él, los obispos afirman que "el ejercicio del voto es una expresión concreta de responsabilidad ciudadana, un medio legítimo para buscar el bien común, expresión de una sólida y edificante democracia. El alto nivel de abstencionismo vivido en procesos anteriores nos interpela como sociedad y como Iglesia". "La Palabra de Dios nos recuerda que “a quien mucho se le dio, mucho se le exigirá (Lc 12,48)", apuntan.
“La participación en la vida política es un deber moral” (Compendio DSI, n. 189), que debe vivirse como un servicio a la justicia, la paz y la dignidad humana. Sin promover opciones partidarias, nuestra misión es ayudar a formar conciencias, iluminar desde el Evangelio y a despertar el compromiso cívico de los fieles", agrega la misiva.