

A veces, hay momentos que llegan a nuestra vida como regalos inesperados, y sólo con el tiempo entendemos su significado más profundo.
A inicios de diciembre, recibí un video de casi tres minutos que relataba la historia detrás del conocido villancico navideño “Silent Night” (Noche de Paz). Lo observé varias veces y me conmovió profundamente, pero jamás imaginé que, en cuestión de semanas, viviría una experiencia que me conectaría de forma única con esa melodía tan especial.
Hoy, con una alegría que desborda mi corazón, quiero compartir esta historia que comenzó con un simple video y terminó siendo un encuentro inolvidable con el Señor.
Todo comenzó con una invitación de mi hermano menor, que me sugirió acompañarlo a un paseo sin darme muchos detalles. Aunque su actitud enigmática despertó mi curiosidad, nunca imaginé lo que estaba por venir.
El trayecto nos llevó por carreteras cubiertas de nieve, árboles vestidos de blanco y un frío que, por alguna razón, parecía invitarme a rezar silenciosamente: “Oh Jesús, con el calor de tu Espíritu Santo, abrázame”. Cada paisaje, cada silencio de ese día, parecía estar diseñado para prepararme a un encuentro especial.
Al llegar a Frankenmuth, un pequeño pueblo de Michigan, me encontré con un lugar que parecía salido de un cuento. Las luces navideñas, la arquitectura bávara y la nieve cubriendo las calles me hicieron sentir que el tiempo se había detenido. Pero lo que realmente transformó este paseo en una vivencia imborrable fue nuestra llegada a la réplica de la Capilla Memorial de “Silent Night”, un lugar que honra su primera interpretación en Oberndorf, Austria, en 1818.
Bajé del auto y una mezcla de sorpresa y emoción llenó mi corazón. El aire frío, el suave caer de la nieve y el silencio que envolvía el lugar, me ofrecieron una paz indescriptible.
La preciosa capilla, sencilla pero acogedora, parecía irradiar una luz celestial que tocaba lo más profundo de mi ser. Al entrar, fui recibido por un sonido suave pero presente: “Noche de Paz” resonaba en el interior, llenando todo el espacio con su eco de serenidad y esperanza.
Cerré los ojos por un instante y me sentí transportado a la Nochebuena de 1818, cuando Joseph Mohr y Franz Xaver Gruber dieron vida a esta obra inmortal.
Joseph Mohr nació en Salzburgo el 11 de diciembre de 1792, en el seno de una familia pobre. Su madre, Anna Schoiber, era tejedora, y su padre, Joseph Mohr, era soldado. A pesar de sus humildes orígenes, el talento de Mohr fue reconocido temprano, y pudo estudiar filosofía y teología. Ordenado sacerdote en 1815, desempeñó su labor como cura en varias parroquias, incluida Oberndorf, donde trabajó desde 1817 hasta 1819.
Hombre de profunda fe y gran habilidad musical, Mohr era muy versado en música, habiendo cantado y tocado el violín en los coros de la Universidad de Salzburgo y la Iglesia de San Pedro. Era conocido por su bondad, generosidad y buen humor, cualidades que se reflejan en los versos de “Noche de Paz”.
Por su parte, Franz Xaver Gruber nació el 25 de noviembre de 1787 en Hochburg, Alta Austria, en una familia de tejedores. En contra de los deseos de su padre, que quería que él continuara con el oficio familiar, Gruber persiguió su pasión por la música, tomando clases a escondidas. Más tarde, se convirtió en maestro en Arnsdorf.
Amaba la música y su talento lo llevó a ser organista y maestro de coro en la iglesia de San Nicolás en Oberndorf desde 1816 hasta 1829. Aunque luchó por obtener un puesto fijo como maestro en el pueblo, se mantuvo dedicado a su trabajo como músico y compositor. En 1833, aceptó el puesto de maestro de coro y organista en Hallein, donde continuó su labor hasta su muerte en 1863. A pesar de las dificultades personales, Gruber seguía siendo un hombre alegre y sociable, muy querido en su comunidad por su creatividad y dedicación a la música.
Los costarricenses elaboran el tradicional pasito navideño en sus casas y uno de los elementos más comunes es el musgo (o lana) para recrear el paisaje de Belén. Sin embargo, se hace un llamado a la población para que evite comprar este tipo de materiales conseguidos de forma ilegal.
El Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE), mediante el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC), informa que la lana o el musgo es un elemento importante para los ecosistemas, por lo que solamente se puede extraer lana de potrero, caracterizada por su color verde.