

Durante la homilía, el sacerdote logró hacer que la asamblea profundizara en el Misterio Pascual, pudo captar la atención de los presentes, enlazar las lecturas y las oraciones con el mensaje, y por último motivó a las personas a salir con un corazón renovado.
Lo anterior podría describirse como una “homilía ideal”. Sin embargo, hay ocasiones en las cuales los fieles lanzan críticas como: “Que el padre habla mucho, que parece un regaño, que es aburrida, que repite la misma idea una y otra vez, que parece un discurso político o una conferencia teológica”...