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Evangelización y “nueva normalidad”

By Mons. José Rafael Quirós Junio 18, 2020

La expresión “nueva normalidad” es ya de uso popular y define, a groso modo, una etapa de retorno pausado y gradual a las diversas actividades a las que estábamos habituados, observando, claro está, las normas sanitarias y sociales que este contexto exige de la población.

También, nosotros, como Iglesia, estamos enfrentando la crisis del Covid-19. Nuestras celebraciones y la vida pastoral, en general, se vio reducida por la pandemia y, ahora, tres meses después, nos disponemos a retomar con alegría la misión evangelizadora con ciertas restricciones.

Constatando cómo se ha mantenido firme la esperanza en el pueblo de Dios y reconociendo, dichosamente, las valiosas iniciativas que han puesto en práctica nuestros agentes pastorales para mantenernos cerca, a pesar del distanciamiento social, antes de vernos inmersos en nuestra misión y consumidos por el celo misionero, bien valdría preguntarnos: ¿Que hemos aprendido en este tiempo de confinamiento? ¿Cuál es el papel de la Iglesia en una sociedad desmantelada y desprovista de viejas seguridades, además de afectada en su raíz con nuevas propuestas ideológicas que debilitan y menoscaban nuestra identidad cristiana? Ante la crisis social y económica que se presagia, ¿Qué actitudes debemos fomentar en nuestros fieles para que piensen, sientan y actúen de modo coherente con el Evangelio?

No podemos, pretender sin más, retornar al “gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad”.[1] La evangelización en tiempos de la “post-pandemia” requerirá de nosotros una disposición total para que, como lo advertía la V Conferencia de Aparecida, la fe no corra “el riesgo de seguir erosionándose y diluyéndose de manera creciente en diversos sectores de la población.”[2]

Con la “nueva normalidad” enfrentamos dos situaciones que interpelan nuestro ser y actuar como Iglesia, condiciones que el Papa Francisco viene denunciando desde tiempo atrás:

Por un lado, en Costa Rica experimentamos una especie de “desertificación” espiritual, fruto del proyecto de una sociedad que quiere construirse sin Dios o que destruye sus raíces cristianas, “allí el mundo cristiano se está haciendo estéril, y se agota como una tierra sobreexplotada, que se convierte en arena.”[3] Por otro lado, además del activismo en el que podemos caer, pesa enormemente “las actividades mal vividas, sin las motivaciones adecuadas, sin una espiritualidad que impregne la acción y la haga deseable. De ahí que las tareas cansen más de lo razonable, y a veces enfermen. No se trata de un cansancio feliz, sino tenso, pesado, insatisfecho y, en definitiva, no aceptado.”[4]

Al respecto, el Papa nos cuestiona sobre las razones de ese desaliento asegurando que, “algunos caen en él por sostener proyectos irrealizables y no vivir con ganas lo que buenamente podrían hacer. Otros, por no aceptar la costosa evolución de los procesos y querer que todo caiga del cielo. Otros, por apegarse a algunos proyectos o a sueños de éxitos imaginados por su vanidad. Otros, por perder el contacto real con el pueblo, en una despersonalización de la pastoral que lleva a prestar más atención a la organización que a las personas, y entonces les entusiasma más la «hoja de ruta» que la ruta misma.”[5]

Tenemos de frente grandes retos para que la Iglesia esté a la altura de los tiempos y sea servidora pues, aquellos que decimos servir, “si no encuentran en la Iglesia una espiritualidad que los sane, los libere, los llene de vida y de paz al mismo tiempo que los convoque a la comunión solidaria y a la fecundidad misionera, terminarán engañados por propuestas que no humanizan ni dan gloria a Dios.”[6] Con la presencia del Espíritu, y nuestra docilidad a su inspiración,  daremos pasos seguros ante la nueva realidad.

 

[1] RATZINGER, J., Situación actual de la fe y la teología. Conferencia pronunciada en el Encuentro de

Presidentes de Comisiones Episcopales de América Latina para la doctrina de la fe, celebrado en

Guadalajara, México, 1996. Publicado en L’Osservatore Romano, el 1 de noviembre de 1996.

[2]  V Conferencia de Aparecida, Documento Conclusivo, n.13

[3] Papa Francisco, Evangelii Gaudium, n.83

[4] Idem, n.82

[5] Idem

[6] Papa Francisco, Evangelii Gaudium, n. 89

Last modified on Sábado, 20 Junio 2020 19:00

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