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Primera vocación a la fe de los “gentiles” de Costa Rica y Nicaragua. Art. 18.

By Pbro. Fernando A. Vílchez C. Junio 18, 2020

Entre 1522 y 1523 tienen lugar los primeros bautizos de indígenas en el Pacífico de nuestro territorio.

El segundo intento de exploración que tiene lugar entre 1502 y 1560 en lo que será el territorio de Costa Rica, que podemos mencionar por su significación histórica en nuestra paulatina configuración eclesiástica, es el acontecido en los años 1522 y 1523.

Independiente a lo que se realizaba con la expedición de 1519 ya mencionada, el 18 de junio de 1519 se firma en España la “Capitulación” -especie de contrato entre la Corona y los conquistadores-, para la expedición del marinero Andrés Niño (1475-1525) y del explorador Gil González Dávila (1480-1526), siendo nombrado el segundo Capitán de la empresa. Habían pedido para sí los derechos de exploración que la Corona había dado a Vasco Núñez de Balboa (1475-1519) en Castilla del Oro, los cuales habían cesado con su muerte.

Niño y González Dávila se trasladan a Castilla del Oro y, luego de múltiples dificultades sobre todo por la oposición del gobernador Pedrarias Dávila (1513-1525), inician una expedición por el Pacífico hacia el oeste el 21 de enero de 1522, según lo habían acordado con la Corona, siendo únicamente de exploración, sin autorización para conquistar ni poblar, y siguiendo las noticias recibidas por la anterior expedición de 1519.

Desde Panamá Gil González Dávila recorre por tierra la costa del Pacífico de Costa Rica, adentrándose en al menos dos ocasiones unos kilómetros tierra adentro. Llega al actual Puerto Caldera, que había sido llamado San Vicente, donde encuentra a Andrés Niño, quien había llegado navegando; acordando seguir la travesía por ambos flancos, por tierra y por mar.

González Dávila continúa por tierra atravesando la Península de Nicoya, entrando en contacto con cacicazgos de la zona como Paro, Cangen y, particularmente, el del principal cacique, de nombre Nicoya, que gozaba de clara supremacía regional, y, luego en la zona norte de la Península, con los cacicazgos de Zapandí, Corobicí, Diriá, Namiapí, Orosí, Papagayo, entre otros. Es constatable que, entre enero de 1522 y abril de 1523, ambos permanecieron en territorio del Pacífico de la actual Costa Rica.

El 5 de abril de 1523 González Dávila y sus hombres llegan a la sede del cacique Nicarao o Nicaragua, también con supremacía sobre otros cacicazgos de la región, hasta que el 12 de abril siguiente arriban al Lago de Nicaragua, conocido por los indígenas como Cocibolca, al que los españoles llaman “Mar Dulce”, que desde entonces suscita expectativas de ser punto de unión entre ambos océanos; entrando en contacto con otros cacicazgos. La expedición llega a su fin con el levantamiento del cacique Diriangén el 17 de abril, lo que obliga a Gil González a volver a la zona de Nicoya en búsqueda de la empresa de Andrés Niño.

Por su parte Niño había continuado adelante con su travesía por mar, bordeando la Península de Nicoya hasta llegar el 27 de febrero de 1523 al actual Puerto de Corinto en Nicaragua y el 5 de marzo de 1523 al golfo que llamó Golfo de Fonseca -en las costas de los actuales Nicaragua, Honduras y El Salvador-; que lo llamó así en honor de Don Juan Rodríguez de Fonseca (1451-1524), Obispo de Burgos, quien entonces era el Presidente de la “Secretaría de Indias”, que en 1524 se convirtió en el Real y Supremo Consejo de Indias.

González Dávila y Andrés Niño se encuentran de nuevo en el Puerto de San Vicente y, finalmente, entran en la ciudad de Panamá el 25 de junio de 1523, con gran cantidad de oro fruto de su expedición. Por tanto, esta expedición por el Pacífico de las actuales Costa Rica y Nicaragua tiene lugar entre enero de 1522 y junio de 1523.

Los detalles de la empresa nos los da el informe del tesorero, testigo presencial, Andrés de Cereceda, que registra los cacicazgos, las leguas recorridas, la cantidad de bautismos y de oro recaudado. También se cuenta con el informe que Gil González Dávila presenta a la Corona el 6 de marzo de 1524. Aparte, algunos “cronistas” posteriores hacen otras lecturas, que no es posible constatar. Las fuentes hay que leerlas con profundo y real sentido crítico.

Existe la certeza de la presencia de uno o dos sacerdotes en esta empresa, incluso sabemos que uno de ellos se llamó P. Diego de Agüero. Lo cual es importante, pues de esta expedición es de la primera que tenemos datos acerca de la labor cristianizadora de los misioneros en Costa Rica -una tarea estrictamente evangelizadora vendrá más adelante-, al menos en cuanto a la administración del sacramento del bautismo.

Sobre el tema de los bautismos las cifras varían entre los autores que citan el informe, pero sumando los números que ofrece Cereceda tenemos 10.024 bautismos que se habrían celebrado sólo en Costa Rica, más 21.624 que supuestamente se realizaron en Nicaragua.

Hay que aclarar tres puntos. Primero que los bautismos se impartían sin ninguna preparación previa ni con ningún seguimiento catequético posterior, además las más de las veces se impartía con la forma de aspersión sobre los indígenas que de alguna manera manifestaban su aceptación, pues había problemas de comunicación y de comprensión por sus lenguas; además previo a la aceptación del bautismo se manifestaba también, al menos teóricamente, el reconocimiento de la autoridad de la Corona española. Segundo, el número de bautizados es relativo, pues al tratarse de un “informe” dirigido a la Corona, los números, por lo demás no comprobables, de bautismos, de leguas y de oro se inflaban, para que el relato tuviera mayor peso, resonancia y significado; por ello todos estos informes hay que tomarlos con cautela. Y el tercero, que como ésta fue una empresa de expedición, no de conquista ni de población, para 1523 no existe aún presencia permanente de poblados españoles en el Pacífico de Costa Rica y de Nicaragua.

Lo cierto es que esta empresa marca el inicio remoto de la labor cristianizadora del territorio de lo que será la Provincia de Costa Rica. Mons. Sanabria escribe: “La expedición de Gil González Dávila puede ser considerada, no obstante, sus muy humanos y terrenales fines, como la primera vocación de los gentiles de Costa Rica y de Nicaragua a la fe de Cristo y, por tanto, los años 1522 y 1523 han de ser tenidos en particular memoria en los anales eclesiásticos patrios”.

En el año 2022 se cumplirán 500 años de esta “primera vocación” que, aunque con los límites del momento, no deja de ser significativa.

Last modified on Sábado, 20 Junio 2020 19:05

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