

“Esfuércense por conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz”
(Efesios 4,3)
Los obispos de Costa Rica, reunidos en Asamblea Ordinaria, saludamos fraternalmente a los fieles y a todos los ciudadanos de nuestra patria en la alegría de reconocer y agradecer las maravillas que el Buen Dios nos concede, signo de su protección amorosa y de su constante providencia sobre nuestro país.
En una Iglesia Sinodal
Durante estos días hemos participado, junto a otros hermanos y hermanas, en diversos encuentros en torno a la sinodalidad en la Iglesia asesorados por dos grandes expertos internacionales. Reconocemos que la sinodalidad no es una consigna ni una moda eclesial, sino una “dimensión constitutiva de la Iglesia” (Papa Francisco, Discurso en el 50 aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos, 2015) que brota del Evangelio y de nuestra condición de Pueblo de Dios en camino. Reconocemos en ella una gracia del Espíritu Santo para este tiempo, que nos llama a vivir una comunión más real, una participación más amplia y una misión más compartida, en fidelidad a Jesucristo y atentos a los signos de los tiempos.
Al mismo tiempo, con humildad y verdad, reconocemos que el camino sinodal exige una conversión personal y pastoral. Persisten entre nosotros, clérigos y laicos, resistencias, miedos y prácticas que dificultan la escucha, el discernimiento comunitario y la corresponsabilidad. Caminar como Iglesia en sinodalidad nos interpela a revisar estilos de autoridad, modos de relación y estructuras pastorales, para que todo esté verdaderamente al servicio de la comunión y de la misión.