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“He descubierto la ternura de Dios”

By José Joaquín Solano Ramírez Junio 18, 2020

Tengo 28 años, soy originario de la Parroquia San Antonio de Padua en Curridabat. Estoy en el octavo año de Formación sacerdotal, IV nivel de la etapa Formando Pastores al Estilo de Jesús.

Lo más maravilloso que me ha pasado en la vida ha sido encontrarme con Cristo, experimentar su amor y poder compartirlo con los demás. Por eso quisiera compartirles algunos detalles de este caminar donde he descubierto la ternura y la misericordia de Dios.

Fui bautizado en la Parroquia San Antonio de Padua en Curridabat el 28 de noviembre de 1991, mis papás y padrinos con los demás familiares vivieron este acontecimiento con alegría, y yo, sin poder recordarlo, vivía el inicio de mi historia vocacional. Tuve una infancia alegre con mis papás y mi hermana, estudié en una escuela católica que me permitió conocer a la Iglesia y empezar a servir, pues desde los 8 años participaba en el coro de las misas de la escuela y lo disfrutaba mucho.

A los 12 años me invitaron a servir en el grupo de los monaguillos, disfrutaba mucho servir y compartir; gracias a este servicio me empecé a acercar más a la Eucaristía y a valorar la figura del sacerdote. A los 15 empecé a cantar en mi parroquia, en coro o solista con mi guitarra. Mi espiritualidad se fue fortaleciendo, porque como dice san Agustín, “el que canta ora dos veces” y así intentaba vivirlo, meditando la letra de las canciones y disfrutando cantar y animar la asamblea.

Después de ser catequista de confirmación durante un año, empecé a servir como animador de la Pastoral Juvenil de mi parroquia, fue entonces cuando empecé a tener una relación de mayor intimidad con el Señor. Escuché de una manera distinta la voz de Dios que me llamaba a la santidad y que me pedía algo más. Sinceramente en ese momento no tenía muchas inquietudes por ser sacerdote, aunque no descartaba la idea.

Al terminar el colegio ingresé a la Universidad de Costa Rica a estudiar la carrera de Dirección de Empresas y aunque no terminé, fueron tres años de gran aprendizaje. En el 2011 tuve la oportunidad de participar en la Jornada Mundial de la Juventud y esta experiencia me permitió conocer una dimensión maravillosa de la Iglesia, pude sentir el hecho de ser todos hermanos en una misma fe, aunque no habláramos el mismo idioma, experimenté el entusiasmo por seguir a Jesús de tantos jóvenes y le necesidad que hay en el mundo de sacerdotes y consagrados.

Con muchas inquietudes en mi corazón y sin tener la intención de ingresar al seminario realicé el proceso de discernimiento vocacional en el año 2012 y poco a poco, con el acompañamiento de la Iglesia, por medio de los sacerdotes, de mi familia y con mucha oración decidí ingresar al seminario a discernir si realmente Dios me pedía ser sacerdote.

En estos ocho años de formación he vivido muchísimas experiencias enriquecedoras, he podido descubrir el paso de Dios en mi vida y el llamado a entregarme sin reservas. He tenido experiencias que jamás me hubiera imaginado y he desarrollo mis dones y carismas. Son muchos mis defectos e inseguridades, pero son más las promesas de Dios y las manifestaciones de su amor. Así que si alguien que lee este artículo considera que Dios lo llama, pero tiene miedo de responder: alguien que tuvo mucho miedo y hoy está terminando su proceso de formación inicial le anima a “echarse al agua” y dejarse sorprender por Dios.

Last modified on Sábado, 20 Junio 2020 19:03

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