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Un solo corazón, un solo refugio

By Lic. Lisandra Chaves Junio 19, 2020

Nos acercamos a la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María y aunque, oramos a cada uno por separado, ellos son un solo corazón. Cuando la Virgen María dijo en Fátima a Lucía, la pequeña vidente, que su Corazón Inmaculado sería su refugio, se refería también al Corazón de su Hijo Jesús.

 

Recordemos la imagen del pequeño corazón humano de Jesús formándose en el vientre purísimo de su Madre Virgen. Un corazón que latía al unísono con su Madre y que tomó carne y sangre de Ella. Imaginemos al bebé Jesús recién nacido arrecostado en el pecho de su Madre escuchando ese Corazón Inmaculado, era suyo también, inseparable e indivisible

.

La Virgen Santísima asunta al cielo y glorificada vive ahora en el Corazón de Dios y por eso quien camine con Ella solo podrá ser conducido a un lugar: al cielo y al amor que es Dios mismo. Quien ame el Corazón Inmaculado de María ama al Corazón de Jesús y viceversa. Uno conduce al otro y ambos son un único refugio para nosotros.

 

La dulzura y la ternura extrema se encuentran en estos corazones. El Corazón de Jesús que es todo amor, que fue capaz de salvarnos entregando su propia vida, que jamás buscó venganza ni devolvió un insulto. Fue un corazón manso y humilde, lleno de compasión por todos y de misericordia sobre todo para los pequeños, los excluidos, los pobres, los abandonados, los perdidos.

 

El Corazón Inmaculado de María por otra parte es de la más dulce y tierna de todas la Madres. Inmaculada antes de nacer, la Virgen María tenía que ser un arca de alianza absolutamente pura en todo su ser para poder recibir la Encarnación del Verbo de Dios. Por esta pureza extrema es que decimos que su Corazón es Inmaculado, sin mancha alguna de pecado. ¡Bendita esta gracia que Dios otorgó a María Santísima para poder ser la Madre de Dios!

Al unir el amor del Sagrado Corazón de Jesús con la pureza del Inmaculado corazón de María tenemos un cielo abierto. La invitación es comenzar a vivir el cielo desde la tierra, adentrándonos en estos dos corazones y dejándonos proteger y dirigir por ellos con docilidad.

 

Estamos en una época de turbulencia y no hablo solo de la pandemia. Pareciera que todos nuestros cimientos espirituales se estremecen y quisieran derrumbarse, así como nuestros valores que son siempre atacados. Debemos resistir la tormenta y para ello todos debemos ir al único refugio que tenemos: los Corazones de Jesús y María. No hay otro más. Dios es nuestra única seguridad. No hay dinero, trabajo, éxito que nos proteja, solamente Dios.

Repitamos muchas veces ¡Dulce Corazón de María, sed la salvación mía y la del mundo entero! ¡Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío! La paz vendrá a nuestra alma al invocar sus Corazones y sentiremos cómo nos cobijan sus manos y nos bendicen. No tenemos porqué vivir en miedo y pánico si tenemos el refugio más seguro, justamente porque no es de este mundo, sino del cielo.

Last modified on Sábado, 20 Junio 2020 18:57

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