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Racismo y fe

By Lic. Lisandra Chaves. Junio 18, 2020

Queridos lectores del Eco Católico, qué difícil es ver que en los hospitales estamos luchando por salvar vidas ante esta pandemia y por otra parte siguen sucediendo homicidios y ahora disturbios por diferencias entre razas. ¡Qué decepcionante! Es algo tan absurdo. Hay inteligencia técnica para mover la ciencia y la tecnología a lo inimaginable pero no hay para vivir en paz y sobre todo luchar por toda vida. ¿Qué es lo que nos falta? Nos falta Dios.

 

Aceptar a Dios en nuestra vida es algo que requiere humildad. Hay que tomar el orgullo, el ego y el conocimiento que hemos adquirido y ponerlos en una esquina para darle paso a la fe. La fe no debe competir con nuestro cerebro que quiere explicaciones de todo, porque el misterio de Dios es tan inmenso que es imposible que entendamos algo sin la fe.

 

Cuando Dios penetra nuestra vida, entra al desorden de nuestro interior y lo ordena todo. Saca ideologías que se opongan al amor, elimina odios, venganzas, resentimientos. Limpia poco a poco el corazón humano si estamos abiertos a su acción y no oponemos resistencia. En un alma llena de Dios no cabe el racismo porque todos somos hijos del mismo Padre y creados por Él. No hay alguien superior a otro, ni siquiera cuando pensamos distinto o tenemos creencias diferentes.

 

Mi primera amiga negra fue Cinthya Apatout, ella vive en las Antillas francesas, en la Isla de Guadalupe. Nos conocimos en un viaje de intercambio siendo jovencillas y tantos años después mantenemos la amistad, nos llamamos hermanas, sabemos qué pasa en nuestras vidas y las diferencias de piel, costumbres, lengua o religión no han sido problema para tenernos un gran cariño y respeto mutuo.

 

El racismo es totalmente incompatible con nuestra fe. Aún recuerdo que en el catecismo para hacer la primera comunión nos decían que no importaba el color de piel, todos éramos hermanos y a mí eso siempre se me grabó. Vemos lo importante que es la formación en los niños. Aparte de eso, en mi casa jamás se habló de diferencias por raza, ni por nada y al encontrarme con Dios, he confirmado que el amor jamás puede discriminar.

 

El mundo está falto de amor, falto de Dios. ¿Por qué se abandona a los mayores? ¿por qué se hace daño a los niños indefensos? ¿por qué siguen ocurriendo tantos homicidios? ¿por qué hay odio hacia otras razas y religiones? ¿por qué no hay tolerancia ni respeto? La respuesta es porque no hay Dios, porque no hay amor.

 

Nos perdemos de las cosas más hermosas de la vida que son justamente las más pequeñas porque no hay amor. Los falsos dioses de la humanidad siguen manejando a las masas y no se dan cuenta de ello. El dinero, el poder, la moda, entre otros, son dioses que manejan la vida de las personas y hasta hacen que pongan en peligro lo más bello que tenemos: la vida.

 

Una sola vida es el milagro más grande ante nuestros ojos. Una creación perfecta de Dios. Desde los no nacidos hasta los adultos mayores, la vida es preciosa y digna de cuidarse como lo más grande que tenemos.

No sigamos sacando a Dios de todo. Más bien que este tiempo sea una oportunidad para volver a Él y recuperar su amor en nosotros. Los cristianos debemos dar ejemplo de tolerancia y paz. Oremos por la paz, la Virgen María pidió en todas las apariciones de Fátima que rezáramos el rosario todos los días por la paz.

Last modified on Sábado, 20 Junio 2020 19:01

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