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Edifiquémonos unos a otros

By Mons. José Rafael Quirós Junio 05, 2020

Si alguien dudaba de la saturación de información en la sociedad moderna -y la tendencia permanente a ser instrumentalizada-, la pandemia del Covid19 ha sido, también, el escenario idóneo para ratificar este fenómeno. Los medios tradicionales y las plataformas digitales, transformadas en tenaces generadores de contenidos, compilan tal abundancia de información que es difícil seleccionarla y, más aun, asimilarla.

Este constante caudal de información, no necesariamente, facilita el pensamiento crítico de los “consumidores” para filtrar y distinguir entre lo falso y lo verdadero, lo constatable y el rumor, lo inocuo y lo intencional, sirviendo, paradójicamente, a la desinformación de los usuarios. Ya, ni siquiera el argumento de recurrir a los “medios confiables” se sostiene pues, no pocas veces, estos replican informaciones que son, posteriormente, desmentidas por sus fuentes.

Desde una valoración ética, se hace urgente garantizar contenido de calidad para los destinatarios, cada vez más expuestos a información irrelevante, compartida sin análisis y, en ocasiones, fuera de contextos. La autorregulación y la transparencia es clave, sobre todo en los medios profesionales.

Precisamente, en su mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, celebrada el pasado domingo, el Papa Francisco nos recordaba la importancia de retomar en este tiempo la costumbre de respirar la verdad de las buenas historias: “historias que construyan, no que destruyan; historias que ayuden a reencontrar las raíces y la fuerza para avanzar juntos. En medio de la confusión de las voces y de los mensajes que nos rodean, necesitamos una narración humana, que nos hable de nosotros y de la belleza que poseemos (…) que cuente que somos parte de un tejido vivo (…) que estamos unidos unos con otros.”

 

“No todas las historias son buenas”

 

Desde la lógica imperante del relativismo y la diversidad cultural, preguntémonos con seriedad, ¿Todo vale? ¿Existe una jerarquía de valores en las informaciones que se emiten?

Con una propuesta sencilla, inspirada en el origen del pecado original: “El día en que comáis de él, […] seréis como Dios” (cf. Gn 3,5), el Papa Francisco nos recuerda como con la narrativa de la serpiente se introducen en la historia falacias, espejismos y ambiciones:

 “Cuántas historias nos narcotizan, convenciéndonos de que necesitamos continuamente tener, poseer, consumir para ser felices. Casi no nos damos cuenta de cómo nos volvemos ávidos de chismes y de habladurías, de cuánta violencia y falsedad consumimos. A menudo, en los telares de la comunicación, en lugar de relatos constructivos, que son un aglutinante de los lazos sociales y del tejido cultural, se fabrican historias destructivas y provocadoras, que desgastan y rompen los hilos frágiles de la convivencia. Recopilando información no contrastada, repitiendo discursos triviales y falsamente persuasivos, hostigando con proclamas de odio, no se teje la historia humana, sino que se despoja al hombre de la dignidad.”

Obviamente, la responsabilidad es mutua. Por un lado, los generadores de contenidos deben presentar propuestas cuyos efectos no vayan en detrimento, nieguen o arrasen los valores culturales, renunciando a todo fin instrumental y de poder y, por otro lado, nos dice el Papa: “necesitamos sabiduría para recibir y crear relatos bellos, verdaderos y buenos. Necesitamos valor para rechazar los que son falsos y malvados. Necesitamos paciencia y discernimiento para redescubrir historias que nos ayuden a no perder el hilo entre las muchas laceraciones de hoy; historias que saquen a la luz la verdad de lo que somos, incluso en la heroicidad ignorada de la vida cotidiana.” Porque hoy con la narrativa ideológica de supuestos “derechos humanos” se descalifica todo lo que se oponga.

Para nosotros, creyentes, “la vida nos fue dada para invitarnos a seguir tejiendo esa “obra admirable” que somos y Jesús es el centro de la gran historia de amor entre Dios y la humanidad. Por ello, no podemos cansarnos de anunciar al mundo esa noticia esperanzadora pues “la humanidad se merece relatos que estén a su altura, a esa altura vertiginosa y fascinante a la que Jesús la elevó… Incluso cuando contamos el mal podemos aprender a dejar espacio a la redención, podemos reconocer en medio del mal el dinamismo del bien y hacerle sitio.”

Parafraseando al Papa Francisco nosotros hemos enredado la vida haciéndola un cúmulo de nudos, pero, a la luz de la fe, podemos reconocer y retomar el hilo bueno que guía la historia para construir historias de paz, historias de futuro y recorrerlas juntos. Teniendo muy presente la sentencia “Sin mí nada podeis hacer” (Jn. 15, 5).

Last modified on Sábado, 20 Junio 2020 19:28

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