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El Papa anima a privadas de libertad

  • Carta a reclusas argentinas

CIUDAD DEL VATICANO.  “Ustedes están privadas de la libertad pero no de la dignidad y de la esperanza”: lo aseguró el Papa respondiendo a cartas de un grupo de detenidas argentinas del centro penitenciario femenino de Ezeiza, en la provincia de Buenos Aires.

El Pontífice quiso responder así a las recluidas que le habían escrito para contarle historias de dolor, manifestando temores e interrogativos acerca de su condición de mujeres y madres que viven detrás de las rejas.

En la misiva, con fecha 3 de febrero, Francisco explica que la cárcel no puede ser reducida a un mero castigo, porque “la sociedad tiene la obligación de favorecer la reintegración, no el descarte”. 

El Papa hace notar que la reintegración “comienza creando un sistema que podríamos llamar de salud social, es decir, que una sociedad garantice que las relaciones no se enfermen en el barrio, en las escuelas, en las plazas, en las calles, en las casas, en cada ámbito de la vida común. Y sobre todo, una sociedad sin excluidos ni emarginados”.

Además, prosigue el Pontífice, “Jesús nos invita a abandonar la lógica simplicista de dividir entre buenos y malos, para entrar en otra dinámica capaz de asumir la fragilidad, nuestros límites y nuestros pecados, para poder seguir adelante. Y podemos hacerlo porque la misericordia del Señor nos abraza a todos”.

En particular Francisco recuerda que muchas de las detenidas son madres que piden ayuda por sus hijos. Ellas, explica, saben qué quiere decir generar vida y ahora se encuentran afrontando el desafío de generar el futuro y tienen la capacidad de hacerlo, no obstante tengan que luchar contra tantos determinismos”. De aquí la invitación a la esperanza: “No deben dejarse cosificar, no son un número, son personas que generan esperanza porque quieren crear esperanza”, concluye. (News.va)

 

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Santos y pecadores, todos amados por el mismo Padre

Catequesis del Papa: miércoles 13 de febrero

(VATICAN NEWS) Necesitamos aprender de Dios que es bueno con todos, por eso debemos seguir el ejemplo de Jesús: recordar en nuestra oración al Padre a aquellos que amamos como también a aquellos que no amamos tanto. Lo afirmó el Papa al profundizar sobre la oración del Padrenuestro, durante la catequesis del miércoles 13 de febrero

Griselda Mutual – Ciudad del Vaticano

“No hay espacio para el individualismo en el diálogo con Dios, ni ostentación de los propios problemas como si fuéramos los únicos que sufren en el mundo”, porque “no hay oración elevada a Dios que no sea aquella de una comunidad de hermanos y hermanas”. Fue la afirmación del Papa en el miércoles 13 de febrero, continuando con sus catequesis sobre el Padrenuestro.

Hay una ausencia del “yo” en el Padrenuestro

La reflexión del Papa de este día giró en torno al diálogo con Dios, un diálogo que es “un cruce de miradas entre dos personas que se aman: Dios y el hombre”. Francisco recordó una vez más que Jesús quiere que sus discípulos no sean como los hipócritas que rezan con ostentación, porque la verdadera oración "es la que se cumple en el secreto de la consciencia y del corazón, y es visible sólo a Dios”.

«Seguimos con la catequesis sobre el Padrenuestro para aprender a rezar cada vez mejor. La verdadera oración es la que se realiza en el secreto del corazón; es un diálogo silencioso, como un cruce de miradas entre dos personas que se aman: Dios y el hombre».

La palabra opuesta al yo es “nosotros”

En el Padrenuestro – dijo el Papa - falta la palabra ‘yo’. Nunca se dice ‘yo’. Y esto porque “no hay espacio para el individualismo en el diálogo con Dios”, ni “ostentación de los propios problemas como si fuéramos los únicos que sufren en el mundo”. Hay una “ausencia del yo” en el Padrenuestro, y la palabra opuesta al “yo”, no es el “tú”, sino el “nosotros”.

«Jesús nos enseña a rezar con el “tú”, y no con el “yo”; porque la oración cristiana es confidencial pero también es diálogo. En la oración del Padrenuestro decimos: "Sea santificado tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad". Y en la segunda parte pasa al “nosotros”: "danos el pan de cada día, perdona nuestras deudas, no nos dejes caer en la tentación, líbranos del mal". La oración cristiana no es individualista, sino que es un diálogo con Dios, desde y con la comunidad de hermanos y hermanas».

“Señor ablanda mi corazón”

«El cristiano – resumió en español - cuando reza lleva consigo a las personas y las situaciones que vive, y hace propios los sentimientos de Jesús, que siente compasión de cuantos encuentra en su camino. También nosotros cuando rezamos tenemos presentes a aquellas personas que no buscan a Dios, porque Jesús no ha venido a salvar solo a los justos, sino a todos».

Tras este recordatorio, Francisco invitó a mirar dentro el propio corazón, remarcando que “si uno no se da cuenta de que hay tanta gente alrededor que sufre, si no se siente pena por las lágrimas de los pobres, se está acostumbrado a todo”. Por eso preguntó a los presentes: “¿cómo está tu corazón? ¿Se marchitó?”. “No, -dijo- peor: es de piedra". Así, el Santo Padre señaló que en este caso “es bueno implorar al Señor que nos toque con su Espíritu y ablande nuestro corazón".

Santos y pecadores, todos amados por el mismo Padre

Concluyendo la catequesis el Pontífice quiso plasmar esta enseñanza en los corazones y llamó a hacernos una pregunta: "¿Cuándo rezo, me abro al grito de tantas personas cercanas y lejanas? ¿O pienso en la oración como en una especie de anestesia para poder estar más tranquilo?". Y tras hacer presente que “ese nosotros que Jesús nos enseñó", nos hace sentir responsables de nuestros hermanos y hermanas, aseguró: 

«Santos y pecadores, somos todos hermanos amados por el mismo Padre». 

Saludando a los peregrinos de lengua española, Francisco animó a pensar en cómo es el diálogo con el Señor, y a seguir el ejemplo de Jesús para rezar de forma concreta, recordando a aquellos que tenemos al lado y amamos, como también a aquellos que no queremos tanto. "Necesitamos aprender de Dios que es bueno con todos”, finalizó.

 

 

 

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“Un corazón nuevo para descubrir a Cristo en el Decálogo”

  • Catequesis del Papa

(Vatican News) “Animo a todos a descubrir a Cristo en el Decálogo, a dejar que nuestro corazón, pleno de amor, se abra a su acción y podamos acoger así el deseo de vivir la vida que Él nos propone”, aliento del Papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 28 de noviembre de 2018.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Concluimos hoy nuestro itinerario a través del decálogo y lo hacemos a modo de recapitulación. En primer lugar, brota en nosotros un sentimiento de gratitud a Dios, que nos ha amado primero, y se ha dado totalmente sin pedirnos nada a cambio”, lo dijo el Papa Francisco en la Audiencia General del último miércoles de noviembre de 2018, concluyendo con su ciclo de catequesis dedicadas a los Mandamientos.

“Ese amor – agrega el Pontífice – invita a la confianza y a la obediencia, y nos rescata del engaño de las idolatrías, del deseo de acaparar cosas y dominar a las personas, buscando seguridades terrenales que en realidad nos vacían y esclavizan. Dios nos ha hecho sus hijos, ha colmado nuestro anhelo más profundo, siendo él nuestro descanso”.

“Los deseos”, tema clave del Decálogo

Al concluir el camino de los Diez Mandamientos, precisa el Santo Padre, podemos utilizar como tema clave el de “los deseos”, que nos permite recorrer el camino realizado y resumir las etapas realizadas leyendo el texto del Decálogo, siempre a la luz de la plena revelación en Cristo. “Hemos partido de la gratitud como base de la relación de confianza y obediencia: Dios – hemos visto, afirma el Pontífice – no pide nada antes de haber dado mucho más. Nos invita a la obediencia para redimirnos del engaño de las idolatrías que tienen tanto poder sobre nosotros. En efecto, buscar nuestra propia realización en los ídolos de este mundo nos vacía y nos esclaviza, mientras que lo que nos da estatura y sustancia es nuestra relación con Aquel que, en Cristo, nos hace hijos a partir de su paternidad”.

Un proceso de bendición y liberación

Nuestra realización, señala el Papa Francisco, implica un proceso de bendición y liberación, que son el auténtico descanso. “Esta vida liberada – precisa el Obispo de Roma – se convierte en acogida en nuestra historia personal y nos reconcilia con lo que hemos vivido desde la infancia hasta el presente, haciéndonos adultos y capaces de dar la debida importancia a las realidades y a las personas de nuestras vidas. Por este camino – agrega – entramos en relación con el prójimo que, a partir del amor que Dios manifiesta en Jesucristo, es una llamada a la belleza de la fidelidad, la generosidad y la autenticidad”.

Necesitamos un corazón nuevo

“Al liberarnos de la esclavitud de los deseos mundanos, podemos así recomponer nuestra relación con las personas y las cosas siendo fieles, generosos y auténticos. Es un nuevo corazón, inhabitado por el Espíritu Santo – dijo el Papa en nuestra lengua – que se nos da a través de su gracia, el don de unos deseos nuevos que nos impulsa a una vida auténtica, adulta, sincera”.

Pero para vivir así, indica el Papa Francisco, necesitamos un corazón nuevo, inhabitado por el Espíritu Santo. ¿Cómo se realiza este trasplante de corazón, del corazón viejo al corazón nuevo? Por el don de los deseos nuevos, que se siembran en nosotros por la gracia de Dios, sobre todo por los Diez Mandamientos llevados a cumplimiento por Jesús, como Él enseña en el “Sermón de la Montaña”. “De hecho, en la contemplación de la vida descrita por el Decálogo – precisa el Pontífice – es decir, una vida agradecida, libre, auténtica, bendecida, adulta, vigilante y amante de la vida, fiel, generosa y sincera, nosotros, casi sin darnos cuenta, nos encontramos ante Cristo. El Decálogo es su radiografía, la describe como un negativo fotográfico que deja aparecer su rostro, como en la Sábana Santa. Y así el Espíritu Santo fecunda nuestro corazón poniendo en él,  los deseos que son su don, los deseos del Espíritu. Desear según el Espíritu, desear al ritmo del Espíritu, desear con la música del Espíritu”.

“Mirando a Cristo vemos la belleza, el bien, la verdad. Y el Espíritu genera una vida que, según sus deseos, suscita en nosotros la esperanza, la fe y el amor”

El Decálogo, la verdad de la vida humana

Así descubrimos mejor lo que significa que el Señor Jesús no vino a abolir la ley, sino a dar cumplimiento, afirma el Papa Francisco, y mientras que la ley según la carne era una serie de prescripciones y prohibiciones, según el Espíritu esta misma ley se convierte en vida, porque ya no es una norma, sino que la misma carne de Cristo, que nos ama, nos busca, nos perdona, nos conforta y en su Cuerpo recompone la comunión con el Padre, perdido por la desobediencia del pecado. “En Cristo, y sólo en Él, el Decálogo deja de ser condenación y se convierte en la auténtica verdad de la vida humana, es decir, el deseo de amor, de alegría, de paz, de magnanimidad, de benevolencia, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio”.

La vida nueva es dejarse guiar por el Espíritu

Es para esto lo que sirve buscar a Cristo en el Decálogo, afirma el Papa Francisco, para hacer fructificar nuestros corazones para que estén llenos de amor y abiertos a la obra de Dios. Cuando el hombre sigue el deseo de vivir según Cristo, entonces está abriendo la puerta de la salvación, que sólo puede venir, porque Dios Padre es generoso y, como dice el Catecismo, “tiene sed de que nosotros tengamos sed de Él”. “Si son los malos deseos los que arruinan al hombre – precisa el Papa – entonces, el Espíritu pone sus santos deseos en nuestros corazones, que son la semilla de una nueva vida. La vida nueva no es el esfuerzo titánico por ser coherente con una norma, sino la vida nueva es el mismo Espíritu de Dios que comienza a guiarnos hacia sus frutos, en una feliz sinergia entre nuestra alegría de ser amados y su alegría de amarnos. Se encuentran los dos gozos: la alegría de Dios de amarnos y nuestra alegría de ser amados”.

“Esto es lo que el Decálogo es para nosotros los cristianos: contemplar a Cristo para abrirnos a recibir su corazón, para recibir sus deseos, para recibir su Espíritu Santo”

La libertad de los hijos de Dios

Antes de concluir su catequesis y saludando a los peregrinos de lengua española provenientes de España y América Latina, y ante la “invasión” de un niño en el atrio del Aula Pablo VI, el Papa Francisco dijo que, “Este niño no puede hablar: es mudo, pero puede comunicarse, puede expresarse. Y tiene una cosa que me hace pensar: es libre, indisciplinadamente libre. Pero es libre. Y esto me hace pensar: ¿soy también así de libre ante Dios? Cuando Jesús dice que debemos llegar a ser como niños, nos dice que debemos tener la libertad que un niño tiene ante su padre. Sí, creo que este muchacho ha predicado para todos nosotros, y pedimos la gracia de que pueda hablar”.

 

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La indiferencia mata, perdonemos a los demás

  • Catequesis del Papa

(VATICAN NEWS)El Papa Francisco, reflexionando acerca del quinto mandamiento “no matarás”, asegura que también el odio, el insulto y la indiferencia son formas de homicidio y pide perdonar a quien nos ha hecho daño

Mireia Bonilla – Ciudad del Vaticano

El quinto mandamiento de la Ley de Dios ha sido nuevamente el tema de reflexión del Santo Padre Francisco en su Audiencia General de esta mañana, desarrollada en la Plaza de San Pedro en el Vaticano. Durante su catequesis ha explicado que “nadie puede despreciar la vida de los demás o la suya propia”, de hecho – ha puntualizado – “el hombre lleva dentro de sí la imagen de Dios y es el objeto de su amor infinito”, sea cual sea la condición en la que ha sido llamado a la existencia: “Continuamos hoy la catequesis sobre el quinto mandamiento del decálogo: «No matarás». Hemos visto cómo a los ojos de Dios toda vida es valiosa, sagrada e inviolable, porque somos su imagen y objeto de su amor infinito”.

El odio, el insulto y el desprecio son formas de homicidio

Comentando el Evangelio de hoy, el Papa recuerda que con el odio también se puede matar a una persona, pues Jesús afirma que, ante el tribunal de Dios, incluso la ira contra un hermano es una forma de asesinato. De hecho – señala el Papa - el Apóstol Juan escribió: "El que odia a su hermano es un asesino" (1 Jn 3:15). Pero Jesús no se detiene en esto, y en la misma lógica agrega que el insulto y el desprecio también pueden matar: “En el Evangelio que hemos oído, Jesús revela un sentido aún más profundo de este mandamiento: la ira, el insulto y el desprecio contra los demás son también una forma de homicidio. Por eso, indica que si al presentar nuestra ofrenda nos recordamos de haber ofendido a alguien, debemos ir antes a reconciliarnos con esa persona”.

La indiferencia “mata”

Aunque para el Santo Padre, también la indiferencia “mata”. De hecho – explica – “para ofender la inocencia de un niño es suficiente una frase inapropiada. Para lastimar a una mujer es suficiente un gesto de frialdad. Para romper el corazón de un joven es suficiente negarle la confianza. Para aniquilar a un hombre, basta simplemente ignorarlo". “Es como decirle a la otra persona: "Eres un hombre muerto para mí", porque lo mataste en tu corazón” puntualiza el Papa, y se pregunta: “¿Qué quiere decirnos Jesús con esto?”. E inmediatamente su respuesta:“Que lo importante es el respeto a toda la persona, no sólo a su dimensión física sino también a la espiritual, porque la indiferencia también mata. No amar es el primer paso para matar; y no matar, el primero para amar”. 

Perdonar y acoger a quien nos ha hecho daño

Y frente a estas formas de homicidio, el Papa señala “el perdón”. “El amor del que no podemos prescindir es el que perdona – dice Francisco - el que recibe a quienes nos han hecho daño”, pues ninguno de nosotros sobrevive sin misericordia, todos necesitamos el perdón: “La vida humana tiene necesidad de amor auténtico, un amor como el de Jesucristo, lleno de misericordia, que perdona y acoge sin condiciones. No podemos sobrevivir sin misericordia, todos tenemos necesidad del perdón. Por eso, si matar significa destruir, suprimir o eliminar a alguien, no matar es, en cambio, cuidar, valorizar, incluir y perdonar a los demás”.

"No matar": llamado al amor y a la misericordia

Antes de concluir, el Santo Padre dijo que nadie puede engañarse a sí mismo pensando: "Estoy bien porque no hago nada malo" y para que se entendiera mejor, recitó una frase de un santo que decía: “No hacer daño es bueno. Pero no hacer el bien no es bueno”. Siempre tenemos que hacer el bien, puntualizó. Además, aseguró que "no matar" es un llamado al amor y a la misericordia y a vivir de acuerdo con el Señor Jesús, quien dio su vida por nosotros y resucitó por nosotros.

Por último, envió sus cordiales saludos a los peregrinos presentes, en especial a los procedentes de España y Latinoamérica: “Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española venidos de España y Latinoamérica. Que el Señor Jesús, Autor de la vida, nos conceda comprender que el mandamiento «no matarás» es, ante todo, una llamada al amor y a la misericordia, una invitación a vivir como Él, que por nosotros murió y resucitó. Santa María, Madre de la Misericordia, nos ampare e interceda por nosotros”.

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Nuevo impulso a la evangelización en China

  • El objetivo de la Santa Sede en su diálogo con la República Popular China es pastoral no político.
  • Los católicos son así apoyados en la reconciliación y normalización de su vida de fe

CIUDAD DEL VATICANO. Se firmó en Beijing el Acuerdo Provisorio entre la Santa Sede y la República Popular China sobre el nombramiento de los Obispos. El objetivo que persigue la Santa Sede no es político, sino eclesial y pastoral: que las comunidades católicas de China puedan tener buenos pastores en comunión con la Santa Sede y reconocidos por las autoridades civiles.

Objetivo eclesial, no político

A este objetivo particular están vinculados otros de carácter pastoral general: dar un nuevo impulso al compromiso de evangelización; ayudar a los católicos en el camino de la reconciliación y de la progresiva normalización de su vida de fe; contribuir, con la luz del Evangelio, al bien de su país, según el principio “plenamente católicos y plenamente chinos”.

La Santa Sede es consciente de que la acción pastoral de la Iglesia en la historia tiene siempre implicaciones políticas. La Iglesia, en efecto, tiene una contribución original para aportar a la construcción del bien común de la sociedad. Como dice al respecto el Concilio Vaticano: “La comunidad política y la Iglesia son independientes y autónomas, cada una en su propio terreno. Ambas, sin embargo, aunque por diverso título, están al servicio de la vocación personal y social del hombre. Este servicio lo realizarán con tanta mayor eficacia, para bien de todos, cuanto más sana y mejor sea la cooperación entre ellas, habida cuesta de las circunstancias de lugar y tiempo”.  (Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Actual, n. 76).

El método que condujo al acuerdo

La Santa Sede y las autoridades de la República Popular China han continuado hablando, han seguido reuniéndose regularmente con un espíritu de confianza y de diálogo para buscar soluciones: la confianza ha crecido gradualmente y han decaído algunos prejuicios y preconceptos. Esto ha permitido llegar a un Acuerdo sobre un asunto de gran importancia, a saber, el nombramiento de los obispos.

Otro aspecto importante es que las Partes han acordado la importancia de seguir el método de “solución amistosa” en la resolución de eventuales divergencias que pudieran surgir en la interpretación y  en la aplicación del Acuerdo Provisorio sobre el nombramiento de Obispos.

El texto del acuerdo

El texto del acuerdo no se hace público porque tiene la característica de ser un texto, sí vigente  y normativo, pero provisorio y en cierto modo también experimental. Futuras revisiones y perfeccionamientos son posibles y deseables. En este momento es importante para la Santa Sede que todos comprendan y estén convencidos de que lo que se ha hecho es por el bien de todos,  es por el bien espiritual de los Católicos en China y por el bien del Pueblo Chino. (NEWS.VA)

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