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Salvadoreños se preparan espiritualmente para canonización

  • Piden intercesión de Monseñor Romero por la paz de su país

CIUDAD DEL VATICANO. Con peregrinaciones el pueblo salvadoreño se está preparando a la canonización del beato Oscar Arnulfo Romero, el 14 de octubre en la plaza de San Pedro. La última se desarrolló en tres etapas:  se partió de la Catedral metropolitana de San Salvador, con la misa presidida por el Arzobispo Mons. José Luis Escobar Alas. Y al final del día, el cardenal Gregorio Rosa Chávez, presidió otra misa. La peregrinación partió luego de San Rafael Cedros hasta Chapeltique, con la participación de la Diócesis de San Vicente.

La tercera etapa, partió de Chapeltique y concluyó con una misa de acción de gracias en la parroquia del Beato Romero, en Ciudad Barrios, su ciudad natal. En la clausura del Camino de Romero, el cardenal Rosa Chávez presidió la ceremonia eucarística.

“Con alegría y esperanza, El Salvador con san Romero avanza”. “Peregrino adonde vas, con san Romero a construir la paz”. “Rumbo a la canonización el pueblo en peregrinación”. Son lemas que acompañaron esta peregrinación y que el cardenal Rosa mencionó en su homilía.

También el cardenal dijo que hay planes de reconstruir el lugar donde nació el santo, para que quien visita la casa se imagine cómo vivió esos primeros años en Ciudad Barrios.

Por supuesto, el purpurado también recordó el carisma de Mons. Romero, dijo que siempre escribió, tenía diarios que lo acompañaban en diversos momentos.

Romero con su pueblo, dio la vida por su pueblo por amor a Jesús, pero preguntó el cardenal a los presentes: ¿quien es este Jesús que Romero siguió, cuál sería su perfil de Facebook? Y respondió: “Jesús diría:  El hombre en permanente contacto con el Padre. El hombre apasionado por el reino de Dios, y el hombre lleno de compasión por el pueblo”. Ese, dijo el purpurado, es el perfil de Jesús, el Facebook de Dios. “Y en ese espejo se vio Romero”, concluyo. (NEWS.VA)

El trabajo de Dios es quitar la idolatría de nuestros corazones

 

Catequesis del Papa

En la audiencia general de este 8 de agosto, dedicada a la idolatría, el Papa Francisco recuerda que reconocer la propia debilidad es la condición para abrirse a Dios y para rechazar a los ídolos de nuestro corazón

Ciudad del Vaticano

El Aula Pablo VI repleta de fieles llegados de los cinco continentes fue el escenario de la segunda audiencia general del Papa Francisco, después de la pausa de verano del mes de julio, en la que el Pontífice continuó su catequesis sobre el primer mandamiento del Decálogo, profundizando sobre la idolatría, con la escena bíblica del becerro de oro, que representa el ídolo por excelencia.

El desierto hace nacer ansiedades e idolatría

El Santo Padre inicia su catequesis invitando a los 7 mil fieles presentes a detenerse en el contexto en el cual se desarrolla este episodio del libro del Éxodo, y se pregunta: ¿Qué es el desierto? “El desierto – afirma – es el lugar en el que reinan la precariedad y la falta de seguridad” donde no hay nada, “faltan el agua, la comida y el amparo”. Y ésta – evidencia el Papa – “es una imagen de la vida humana, cuya condición es incierta y no posee garantías inviolables”. Esta inseguridad genera en el hombre “ansiedades primarias”, como el comer y beber.

Francisco explica que la naturaleza humana, para escapar de la precariedad, de la precariedad del desierto, busca una religión ‘casera’: “si Dios no se deja ver, nos hacemos un dios a medida”   - afirma -  y pone en evidencia que “frente al ídolo no hay riesgo de una llamada a salir de la propia seguridad, porque los ídolos tienen boca y no hablan”. “Entendemos entonces – precisa el Papa -  que el ídolo es un pretexto para ponerse en el centro de la realidad, en adoración de la obra de las propias manos".

Las tentaciones de todos los tiempos

La necesidad de un ídolo lleva a Aarón a crear un becerro - entonces símbolo de fecundidad, abundancia, energía y fuerza - hecho de oro y, por lo tanto,  representación por excelencia de la riqueza.

“Estos son los grandes ídolos: el éxito, el poder y el dinero ¡Son las tentaciones de siempre!” advierte Francisco. “Esto es el becerro de oro: el símbolo de todos los deseos que dan la ilusión de libertad y que, en cambio, esclavizan, porque el ídolo siempre esclaviza”.

"La gran obra de Dios - subraya el Papa - es quitar la idolatría de nuestros corazones".

El Obispo de Roma explica a continuación que “todo nace de la incapacidad de confiar sobre todo en Dios, de poner nuestra seguridad en Él, de dejar que Él sea el que dé verdadera profundidad a los deseos de nuestros corazones”.  Y advierte que esto "también apoya la debilidad, la incertidumbre y la precariedad”.  La referencia a Dios – agrega el Papa – nos hace fuertes en la debilidad, en la incerteza y también en la precariedad” porque “sin la primacía de Dios caemos fácilmente en la idolatría y nos contentamos con miserables garantías”.

La debilidad, condición para abrirse a Dios

Sin embargo, aceptar a Jesús que "se hizo pobre por nosotros" es reconocer que "la propia debilidad no es la desgracia de la vida humana, sino la condición para abrirse a quien es verdaderamente fuerte":

“La salvación de Dios entra por la puerta de la debilidad” asegura el Santo Padre, subrayando que es “por su propia insuficiencia que el hombre se abre a la paternidad de Dios”. Y agrega: “La libertad del hombre nace en el dejar que el verdadero Dios sea el único Señor. Esto nos permite aceptar nuestra propia fragilidad y rechazar los ídolos de nuestros corazones”.

Cristo es la fuente de nuevas fuerzas 

Mirar al Crucificado, para nosotros los cristianos, es reconocer que en Él  "débil, despreciado y despojado de todas las posesiones" está el verdadero rostro de Dios, "la gloria del amor y no la del engaño resplandeciente":

“Nuestra sanación viene de Aquel que se hizo pobre, que acogió el fracaso, que llevó al límite nuestra precariedad para llenarla de amor y fuerza. Él viene a revelarnos la paternidad de Dios; en Cristo nuestra fragilidad ya no es una maldición, sino un lugar de encuentro con el Padre y la fuente de nuevas fuerzas desde lo alto”, afirma el Papa.

Santa Teresa de la Cruz, mártir del pueblo judío y cristiano

Al término de la audiencia general, el Papa Francisco recordó la memoria litúrgica de Santo Domingo de Guzmán y la fiesta, mañana 9 de agosto, de Santa Teresa Benedicta de la Cruz, que fue Edith Stein, co-patrona de Europa. "Mártir, mujer de coherencia, mujer que busca a Dios con honestidad, con amor – dijo Francisco  – y mujer mártir de su pueblo judío y cristiano”. Y con la esperanza de que Ella, la Patrona de Europa, rece y proteja a Europa de la frialdad, concluyó: “¡Y que Dios los bendiga a todos!”

 

Joven será canonizado junto a Pablo VI y Mons. Romero

CIUDAD DEL VATICANO.

La Santa Sede anunció que el próximo 14 de octubre, en el marco del Sínodo de los Jóvenes, será canonizado junto a Mons. Oscar Romero y Pablo VI, el joven italiano Nunzio Sulprizio, ejemplo de santificación en la enfermedad y el trabajo.

Vatican News informó que el Papa Francisco tomó esta decisión durante el consistorio realizado el 19 de julio. El 14 de octubre también serán canonizados el Padre Francesco Spinelli, fundador del Instituto de las Hermanas Adoratrices del Santísimo Sacramento; el Padre Vincenzo Romano, María Caterina Kasper; y Nazaria Ignazia de Santa Teresa de Jesús, que será la primera santa boliviana.

Nunzio Sulprizio nació en Pescosansonesco (Italia) el 13 de abril de 1817. Durante su infancia padeció las consecuencias de la pobreza, la enfermedad y el maltrato; especialmente de su tío materno que -desde que fallecieron sus padres-, lo obligó a trabajar como herrero en condiciones inhumanas, las cuales le habrían provocado el tumor óseo que lo llevó a la muerte el 5 de mayo de 1836, a los 19 años de edad.

El milagro que permitirá la canonización de Nunzio Sulprizio es la curación de un joven de Taranto (Italia), que quedó gravemente herido en un accidente de moto y que lo dejó primero en coma y luego en estado vegetativo.

Los padres, que siempre hacían llevar al joven una imagen del Beato Nunzio, pidieron una reliquia a la parroquia de San Domenico Soriano en Nápoles, que conserva los restos del futuro santo.

La reliquia fue puesta en la sala de reanimación para pedir la intercesión del beato. El papá bañó la frente de su hijo con agua de la fuente de Riparossa, el pueblo del Abruzzo donde Nunzio Sulprizio lavaba su pierna afectada de cáncer.

En los días siguientes los médicos comunicaron a los padres que su hijo no tenía más necesidad de la reanimación. Fue llevado al centro de despertar Santa Ana de Crotone. En cuatro meses el joven salió del estado vegetativo, con una recuperación rápida y sin reportar efectos invalidantes. (ACI)