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¿En qué consiste la Consagración total a Jesús por María?

“Monseñor, no hace mucho algunas amigas de la iglesia me han hablado de la Consagración total a Jesús por María, o simplemente Consagración total a María. Han sabido comunicarme su entusiasmo, sin embargo, yo experimento cierto temor, quizá debido a que nunca había oído hablar de tal Consagración. ¿Puedo conocer su opinión? Muchas gracias, Monseñor”.

Patricia Rojas L. - Cartago

Por lo que me consta, desde hace algún tiempo, se está difundiendo en varias parroquias de nuestra Costa Rica la invitación para una apropiada preparación, de treinta días, para llegar así al acto de Consagración total a Cristo por medio de María, o acto de Consagración a María.

Esta práctica se inspira en el Tratado de la Verdadera Devoción a la Virgen María escrito por San Luis María Grignon de Montfort (1673-1716) cuya memoria se celebra el 28 de abril.

Su propuesta es muy clara y él mismo se propuso realizarla plena y radicalmente: reproducir así, en su vida de sacerdote y de misionero popular, la imagen de Cristo, especialmente la de Cristo que se entregó a la cruz por la salvación de todos, y hacerlo todo a través y por medio de la consagración a María, como esclavo suyo de amor.

San Luis enseña que nosotros si nos abandonamos en las manos de María, Madre de Dios, nos unimos a la obediencia de Jesús, su hijo. Esta entrega es total cuando uno se desprende de todo apego terrenal y se une a Jesucristo y a María para hacer, en todo, la voluntad del Padre y así llegar a ser imagen, la más perfecta posible, de Jesús mismo.

Estimada Patricia, he aquí mi consejo: trate de conocer con mayor profundidad el Tratado de la Verdadera Devoción, intentando aplicar a su vida cristiana cuanto nos propone su Autor, y apenas sea posible, integrándose en algún grupo de fieles que tengan su mismo proyecto espiritual. Irá comprendiendo que la Consagración no es una práctica más, que se realiza y se olvida, sino, que compromete toda nuestra vida cristiana, por lo cual, si quiere realizarla, hágalo después de una atenta y suficientemente prolongada preparación.

Así lo hizo el gran Papa, San Juan Pablo II. Le transcribo su testimonio: “Hubo un momento en el cual me cuestioné de alguna manera mi culto a María, considerando que éste, si se hace excesivo, acaba para comprometer la supremacía del culto debido a Cristo. Me ayudó entonces el libro de San Luis Grignon de Montfort titulado Tratado de la Verdadera Devoción a la Virgen María. En él encontré la respuesta a mis dudas, efectivamente María nos acerca a Cristo, con tal de que se viva su misterio en Cristo. Comprendí entonces lo crucial que son las palabras: “El ángel del Señor anunció a María y ella concibió por obra y gracia del Espíritu Santo… Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. ¡Son palabras decisivas! Expresan el núcleo central del acontecimiento más grande que ha tenido lugar en la historia de la humanidad. (Esto explica el origen del “totus tuus” = “todo tuyo ”, la expresión que campeaba en el escudo de su pontificado). Es la abreviatura de la fórmula más completa de la consagración a la Madre de Dios, que dice: “Soy todo tuyo y todo lo mío es tuyo. Te recibo oh, María, en todo lo mío (igual te pongo en el centro de mi vida). Dame tu corazón oh, María. De este modo -continúa escribiendo san Juan Pablo II- empecé a descubrir todas las riquezas de la devoción mariana, desde una perspectiva en cierto sentido nueva”.

Le revelo un secreto, estimada Patricia: yo mismo realicé el acto de Consagración a María, en el lejano 31 de mayo de 1956, cuando, ya siendo seminarista comboniano, acababa de cumplir 18 años; Consagración a la que me preparó la atenta guía de mi director espiritual.

Monseñor Vittorino Girardi S. 
Obispo emérito de Tilarán-Liberia

 

 

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¿Está mal rezar el Rosario en una Hora Santa?

Estimado Monseñor: Advierto que no hay pleno acuerdo acerca de la posibilidad de rezar el Rosario durante la Hora Santa. Hay quien afirma que no se debe y hay que quien no ve en ello ninguna dificultad. Sin embargo, en el Ritual del Culto de la Eucaristía fuera de la Misa se lee: “la Adoración Eucarística está centrada solo en Jesucristo y no como tiempo para practicar ejercicios piadosos en honor de la Virgen María o de los Santos. La normativa litúrgica es clara “durante la Exposición todo debe organizarse de manera que los fieles, atentos a la oración se dediquen a Cristo, el Señor”. (Eucharisticum Mysterium 62). En la práctica, Monseñor, ¿está prohibido que podamos tener el rosario durante una Hora Santa Eucarística? Muchas gracias por su atención. 

Amparo Navarro - Cartago

La respuesta, estimada Amparo, depende de cómo se considera el Santo Rosario. Si lo vemos exclusivamente como una simple “práctica mariana”, ella no debería ocupar el tiempo dedicado a la “Adoración Eucarística”. Si, por lo contrario, consideramos el Santo Rosario por lo que él es realmente, entonces no vemos ninguna dificultad para poderlo rezar delante del Santísimo. 

Para justificar esta afirmación, veamos ahora algo de lo que ha escrito acerca del Santo Rosario el Papa San Juan Pablo II. En octubre de 2002, él nos regaló una larga reflexión (Carta Apostólica) sobre el Santo Rosario, titulada Rosarium Virginis Mariae. En el número 13 leemos: “El Rosario, en cuanto meditación sobre Cristo con María, es contemplación saludable. En efecto, penetrando de misterio en misterio, en la vida del Redentor, hace que cuanto Él ha realizado y la liturgia actualiza, sea asimilado profundamente”. Y en el número 18: “El Rosario es una de las modalidades tradicionales de la oración cristiana orientada a la contemplación del rostro de Cristo. Así lo describía el Papa Pablo VI: “oración evangélica centrada en el misterio de la encarnación redentora, el Rosario es, pues, oración de orientación profundamente cristológica. En efecto, su elemento más característico -la repetición letánica de “Dios te salve María”- se convierte también en alabanza constante a Cristo, término último del anuncio del Ángel y del saludo de Isabel, la madre Juan Bautista: “Bendito el fruto de tu seno”. 

El Jesús que toda Ave María recuerda es el mismo que la sucesión de los misterios nos propone una y otra vez como Hijo de Dios y de la Virgen. Es el mismo que la Comunidad reunida en la Hora Santa, adora presente en el misterio eucarístico. 

Más adelante, en el No. 24 encontramos esta consoladora afirmación: “Haciendo nuestra con el Ave María las palabras del Ángel y de Santa Isabel, nos sentimos impulsados a buscar siempre de nuevo en María, entre sus brazos y en su corazón, el “fruto bendito de su vientre”, Jesús”. 

Bastan estas afirmaciones del Papa San Juan Pablo II, tan mariano y tan eucarístico, para no ver en el Santo Rosario una práctica exclusivamente “mariana”, sino sobre todo una prolongada contemplación de los misterios salvíficos de nuestro Señor Jesucristo. 

Transcribir otras afirmaciones de la carta apostólica Rosarium Virginis Mariae haría demasiado lago este texto. Hay muchas más, y todas para hacernos comprender que cuando con el Santo Rosario, nos acercamos en actitud orante a María, nos acercamos a Jesús. 

No tengamos pues, ningún reparo en rezar el Santo Rosario frente a Jesús Eucaristía, pero considerándolo y rezándolo no como un simple y a lo mejor monótono, repetitivo y rápido rezo de “Avemarías”, sino como una prolongada y amorosa contemplación de Cristo el Salvador, el Hijo de María, de ella que ha sido “Primer Tabernáculo de la Humanidad”.

Mons. Vittorino Girardi, obispo emérito de Tilarán-Liberia

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¿Qué es la “segunda muerte” que aparece en el Apocalipsis?

Monseñor, en el libro del Apocalipsis, el cual me resulta de difícil interpretación, me encontré con la expresión “la segunda muerte”; ¿me puede iluminar un poco más acerca de su sentido y por qué el Autor le llama así?”.

Mayra González Ch. - Cartago

Estimada Mayra: La palabra Apocalipsis es la transcripción de un término griego que significa revelación. Se trata de una revelación ofrecida por Dios, de hechos y realidades ocultas, conocidas sólo por Dios y que se refieren, en especial, al futuro. Y tal revelación se da por medio de visiones. Éstas, a su vez, no tienen valor por sí mismas, sino por el simbolismo que encierran. En el Apocalipsis todo, o casi todo, tiene valor simbólico: los números, las cosas, las partes del cuerpo y los mismos personajes que entran en escena…

Ahora bien, la dificultad mayor en su lectura procede precisamente de la complejidad de los símbolos de no fácil interpretación, cuando además, muchos de ellos proceden de profetas del Antiguo Testamento, como son Ezequiel y Daniel.

En cualquier caso, estimada Mayra, más allá de las dificultades de interpretación, tengamos presente que la intención del Autor sagrado no es la de infundir miedo, sino la de animar con la certeza de que la Comunidad Cristiana está sostenida por la fuerza de Cristo, quien nos repite, como a los Apóstoles: “Pero, ánimo, yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33).

Vuelvo ahora, a su pregunta. La “segunda muerte” debe ser entendida por su contraposición a la “muerte corporal” que sería, pues, la primera y que nos afecta a todos indistintamente. Según el autor del Apocalipsis, que en esto piensa como el Autor del Cuarto Evangelio, lo que todo creyente debe temer como el “mal supremo”, es la separación de Dios; esa sería la muerte en sentido pleno, no tanto la muerte corporal.

No hay que olvidarlo: nuestro Dios es Dios de vivos, no de muertos (Mt 22, 32). La muerte corporal en lugar de separarnos de Dios es paso a la verdadera Vida. Lo que es realmente muerte, es la separación eterna de la misma fuente de la vida que es Dios. Esa es la “segunda muerte”, según el Apocalipsis.

Son varios los textos que a ella se refieren. Aquí se los transcribo: “El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias: el vencedor no sufrirá daño de la segunda muerte” (2, 11); “Dichoso y santo el que participa en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene poder sobre éstos, sino, que serán Sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán por Él mil años” (20, 6); “La Muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego -ese lago de fuego es la muerte segunda- y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego” (20, 14-15); “Pero los cobardes, los incrédulos, los abominables, los asesinos, los impuros, los hechiceros, los idólatras y todos los embusteros tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (21, 8).

Son afirmaciones que espontáneamente nos hacen recordar la súplica que el Ángel enseñó a los pastorcitos de Fátima Lucía, Francisco y Jacinta: “¡Oh Jesús mío!, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno y lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.

 

Monseñor Vittorino Girardi S. 
Obispo emérito de Tilarán-Liberia

 

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¿Qué son los géneros literarios de la Biblia?

“Desde hace algún tiempo sirvo como catequista, y siento la necesidad de conocer más nuestra doctrina cristiana y entonces también sobre La Biblia. 

Hace poco me encontré con esta afirmación: “Para una correcta lectura de la Biblia hay que tener presentes los géneros literarios de que sus Autores Sagrados se han servido para redactar los textos”. 

No creo haber entendido del todo el sentido de tal expresión. Monseñor, ¿me lo puede aclarar?”

Doris Herrera L. - Ciudad Quesada

La Biblia, estimada Doris, es una producción literaria que se ha ido formando a lo largo de muchos años y en la que se refleja además de la cultura judía, varias otras con que el pueblo judío tuvo relación. Nos resulta pues como una pequeña biblioteca, y no solo por el número de los libros que la componen, sino también por la variedad de formas literarias que encontramos en esos libros. Cuando hablamos de géneros literarios, nos referimos precisamente a lo que expresamos diciendo formas literarias. Este hecho se da en cualquier cultura. En efecto se va escogiendo una u otra forma literaria, según la intención que se tenga al momento de querer expresar, por ejemplo, una verdad, un hecho histórico, un sentimiento… Cualquiera sabe distinguir una forma literaria, propia de una composición poética, de una narración histórica, de una exhortación, de un reproche, de una amenaza, o de un himno de alabanza, etc, etc.

Además hay modos distintos de valorar el mismo género o forma literaria. Uno de los ejemplos más claros es el que corresponde al género literario histórico. Para nosotros, un texto histórico debe haber sido escrito como resultado de una investigación precisa y exacta de los hechos, mientras que para los Autores Sagrados ya del Antiguo como del Nuevo Testamento, los hechos, están subordinados a la intencionalidad religiosa. 

He aquí un ejemplo de los más sencillos: San Lucas nos informa que Jesús señaló y envió a otros setenta y dos discípulos de dos en dos delante de sí por todas las aldeas y lugares que iba a visitar (Lc 10, 1). Nos sorprende que San Lucas nos informe de setenta y dos discípulos, un número que es inusual y sin embargo cuando nos enteramos que en los conocimientos geográficos de la época, setenta y dos era el número de las naciones paganas, entendemos entonces que la primera intención de San Lucas no era tanto la de informarnos acerca del número exacto de los discípulos enviados, cuanto insistirnos acerca de la universalidad de la misión de la Iglesia.

La atención a los géneros literarios implica también poner atención al uso de palabras y expresiones que son inteligibles solo en el contexto y mentalidad del Autor Sagrado. He aquí un ejemplo más. El profeta Ezequiel escribe: “Yo mismo abriré vuestros sepulcros y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y cuando abra sus sepulcros y les saque de sus sepulcros pueblo mío, sabrán que yo soy el Señor.” (37,12-13). A primera vista tanta insistencia en el uso de la palabra sepulcro podría hacernos pensar en el gran tema de la resurrección, cuando el profeta Ezequiel solo se refiere a la acción misericordiosa de Dios para sacar a su pueblo de la tierra de exilio para guiarlo de nuevo a la Tierra Santa.

Los ejemplos que podríamos dar son muchísimos. La lectura de la Sagrada Escritura nos pide el esfuerzo de entrar en la cultura de los autores que la escribieron, en su estilo y en sus intenciones, y no siempre este esfuerzo nos puede resultar fácil porque el paso de una cultura a otra siempre implica tomar distancia de lo que es “lo nuestro”, lo acostumbrado. 

En cualquier caso, siempre nos acercamos a la Palabra de Dios con gran respeto y veneración porque sabemos que la Biblia no es una obra literaria como las demás… no es solo obra humana sido fruto de la inspiración del Espíritu Santo.

Monseñor Vittorino Girardi S.
Obispo emérito de Tilarán-Liberia

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¿La Iglesia reconoce las apariciones a Santa Faustina?

“¿La Iglesia confirmó la veracidad de las apariciones de Jesús de la Divina Misericordia formalmente o todavía existe “miedo” a que no sean de Dios las mencionadas apariciones? Muchas gracias”.

Andrés Seas - San José

Estimado Andrés, hay un punto bien importante que siempre hay que tener presente. Cuando la Iglesia canoniza, es decir, declara santa a una persona, está presuponiendo que no hay errores teológicos en su vida y que no ha habido “mentiras” en sus posibles escritos. Sobre este doble presupuesto, resulta fuera de toda duda la veracidad de todo cuanto Santa Faustina Kowalska ha dejado escrito en su diario. Ella nos narra con plena fidelidad a la verdad, lo que ha sido el trato de Jesús con ella.

Ahora bien, con esto la Iglesia deja confirmado que Santa Faustina nos ha dicho la verdad y que en sus escritos no hay ningún error teológico. Hasta ahí llega la intención de la Iglesia. No pretende afirmar que todas las apariciones y mensajes referidos por Santa Faustina correspondan en sus más mínimos detalles, a lo que realmente aconteció… nada impide que Santa Faustina, aún con la más recta intención, haya podido olvidar algún detalle o describirlo de una manera no del todo precisa. No son pocos los santos y santas que al momento de describir las gracias especiales que recibían de Nuestro Señor, confiesan en sus escritos, la sensación de cierta incapacidad para expresar de la manera más exacta y congruente lo que les iba aconteciendo… lo que más nos interesa es saber con plena certeza que los escritos de Santa Faustina no hay ningún error teológico y que ella relata sus “vivencias religiosas” con absoluta veracidad.

Monseñor Vittorino Girardi S.
Obispo emérito de Tilarán-Liberia

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