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La Negrita y el primer sacerdote de Costa Rica

Escrito por Eco Católico el . Publicado en Opinion

Carlos Porras
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La historia del hallazgo de la imagen de la Virgen de los Ángeles es ampliamente conocida. Una pobre campesina recogía leña y encontró la pequeña escultura sobre una piedra. Se la llevó a  su casa pero a la mañana siguiente volvió a hallarla en el mismo sitio. Como aquello le pareció extraño, decidió entregársela al cura del lugar, quien la guardó bajo llave, pero al otro día, misteriosamente, la figura apareció de nuevo encima de la roca. 

Cada mes de agosto, al evocar la antigua tradición, a la campesina se le llama Juana Pereira,  mientras que el nombre del sacerdote no suele ser mencionado. De hecho, muy pocos lo conocen.  Lo irónico del caso es que en los archivos históricos  el asunto es al revés: hay abundante información sobre el cura, mientras que de la campesina no se sabe nada.

Ni siquiera está claro si se trataba de una niña, una joven soltera, una madre de familia o una anciana viuda. Las versiones que han circulado, a lo largo de los últimos casi cuatro siglos, varían en este punto. El nombre se lo puso Monseñor Víctor Manuel Sanabria a los trescientos años del hallazgo. Meticuloso historiador y genealogista, el erudito arzobispo investigó a fondo pero no pudo encontrar ningún documento en que constara el nombre de la mujer.  Decidió entonces ponerle Juana Pereira porque tanto el nombre como el apellido eran muy comunes en la Puebla de los Pardos y, además, en un acta fechada el 13 de julio de 1638, se menciona a una viuda que se llamaba así. El acta, por cierto, no tiene nada que ver con el hallazgo de la venerada imagen y Monseñor Sanabria siempre dejó claro que el nombre de la mujer fue escogido como una mera suposición. Sin embargo, con el tiempo logró imponerse y hoy forma parte de la tradición popular. 

Tampoco hay certeza sobre el año del hallazgo. Se estima que ocurrió en 1635, porque en años anteriores no hay ninguna mención al culto de la Virgen de los Ángeles. Consta, eso sí, que en 1639 ya se había construido la primera ermita.  Cabe mencionar que esta festividad mariana no nació en Costa Rica, sino que está en el calendario litúrgico desde la Edad Media. La ciudad de Los Ángeles, California, se llama así porque fue fundada por Fray Junípero Serra un 2 de agosto.

El Padre Luis Pacheco S.D.B., en un estudio sobre historia y leyenda en el culto a la Negrita, destaca que en el momento de su aparición, el cristianismo no había cumplido ni siquiera un siglo de haber llegado a nuestra tierra. Cristóbal Colón estuvo en la isla Uvita en 1502, la primera Semana Santa se celebró en la isla de Chira en 1513, los primeros bautizos se realizaron en 1522 en Nicoya (el primer templo nicoyano se estableció en 1544), pero no fue hasta las expediciones de Juan de Cavallón y Juan Vásquez de Coronado, en 1561 y 1562, que se establecieron poblaciones en el interior del país que contaban con ermita para asistir a los oficios religiosos.

Los misioneros, como los conquistadores, eran españoles. En algún momento hubo dudas sobre quién fue el cura de Cartago que participó en los acontecimientos del hallazgo de la Negrita. Mons. Thiel, don Eladio Prado y Mons. Sanabria barajaron distintos nombres. El Padre Lope Chavarría era el titular, pero estaba suspendido; el Padre Cristóbal Guajardo, por su parte, andaba de misión, así que la ermita quedó a cargo del Padre Baltazar de Grado y del Padre Alonso Sandoval. Revisando documentos de la época, don Ricardo Blanco Segura pudo determinar que el sacerdote que construyó la primera ermita fue el Padre Baltazar de Grado, nombrado cura de Cartago en 1636 y que permaneció en el cargo hasta 1640. Muy probablemente, por las ausencias documentadas de sus compañeros, fue el Padre Baltazar de Grado quien recibió la imagen de la campesina para hallarla luego sobre la roca.

El dato es en verdad significativo, puesto que el Padre Baltazar de Grado fue el primer sacerdote nacido en Costa Rica. En 1608 Mons. Pedro Villareal fue el primer obispo en visitar Costa Rica, donde permaneció un año entero. De regreso a su sede, en León, Nicaragua, decidió llevarse al joven Baltazar de Grado, nacido en Cartago, piadoso, devoto y con gran vocación, para brindarle la formación adecuada antes de ordenarlo. De regreso en Costa Rica, el Padre de Grado fue el cura de Cartago durante los sucesos de hallazgo de la Negrita. Cabe mencionar que el Padre de Grado era hijo del capitán Juan Solano, quien organizó una expedición con españoles, indígenas y negros para ver qué había más allá del volcán Barva y acabó recorriendo todo el extenso territorio del actual Sarapiquí y San Carlos. Asombrado por la amplitud y belleza de aquellas tierras, soñaba con que "algún día" llegarían a ser pobladas. En su época, los primeros colonos eran pocos y cabían en unos puñados de casas de paja ubicados en Nicoya, Esparza, Barva, Cartago, Matina y Talamanca. 

Considerando el asunto desde un punto de vista sobrenatural, llama la atención que el hallazgo de la pequeña y sencilla imagen de piedra en que los ticos manifiestan su devoción a la Santísima Virgen María, haya tenido como protagonistas a una humilde campesina del sector más marginado y pobre de la población y al primer sacerdote nacido en esta tierra.

Un diplomático que en las madrugadas reparte comida a quienes viven en situación de calle

Escrito por Super User el . Publicado en Opinion

Dr. Keylor Badilla Torres
Fundación Munakuy 

Desde que fue nombrado por la Santa Sede como Secretario de la Nunciatura Apostólica en Costa Rica, Monseñor. George Jacobo Koovakad no ha dejado de interesarse por la realidad social de nuestro país y en especial de las poblaciones más necesitadas. Las visitas a diferentes hogares de ancianos forman parte de la rutina de este sacerdote nacido en la India, quien se caracteriza por su trato humilde diáfano y amable. Siempre que visita a las personas en situación de calle les acerca el saludo del Señor Nuncio Apostólico y de Su Santidad el Papa Francisco.

En su forma de actuar hace suyas las palabras del Evangelio, “Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras” (1 Jn 3,18). Estas palabras del apóstol Juan expresan un imperativo que ningún cristiano puede ignorar. Gracias al testimonio de este joven diplomático, muchas personas en nuestro país han experimentado una Iglesia en salida, que busca trasmitir el mensaje del Evangelio a quienes se sienten muchas veces abandonados por la sociedad.

Monseñor. Koovakad, con su testimonio nos ha enseñado que no pensemos sólo en los pobres como los destinatarios de una buena obra de voluntariado para hacer una vez a la semana, y menos aún de gestos improvisados de buena voluntad para tranquilizar la conciencia. Estas experiencias, aunque son válidas y útiles para sensibilizarnos acerca de las necesidades de muchos hermanos y de las injusticias que a menudo las provocan, deberían introducirnos a un verdadero encuentro con los pobres y dar lugar a un compartir que se convierta en un estilo de vida.   

Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma. Dentro de poco Dios lo llevará a servir como Secretario de la Nunciatura Apostólica en Venezuela, dejando en el corazón de muchos costarricenses un gran testimonio de vida sacerdotal, volcada al servicio de los más necesitados.

No olvidemos que para los discípulos de Cristo, la pobreza es ante todo vocación para seguir a Jesús pobre. Muchos ancianos cuando le ven le transmiten que ellos oran por el Papa Francisco y que no olvidan que en la India el huésped es la persona que se atiende con más generosidad. Todos estos pobres  que tanto ha amado Monseñor Koovakad, en sus recorridos por la zona roja de San José, como solía decir el beato Pablo VI, pertenecen a la Iglesia por “derecho evangélico”. Sabemos que en sus nuevas responsabilidades en Venezuela seguirá construyendo ese reino de Dios en la tierra, sirviendo a los más necesitados y construyendo con su testimonio una nueva diplomacia al servicio de los pobres. 

Dios le pague tanta generosidad dejada en esta patria.

 

Llevemos nuestras súplicas a María

Escrito por Super User el . Publicado en Opinion

Monseñor José Rafael Quirós
Arzobispo de San José

Años tras año, con ocasión de las fiestas en honor a Nuestra Señora de los Ángeles, Patrona de Costa Rica, los católicos expresamos nuestro amor filial y nuestra confianza en la intercesión de la Madre de la Dios, encomendando bajo su protección nuestros anhelos y esperanzas. En María descubrimos a la madre solidaria y cercana a la que, dice el Papa Francisco, “habría que rezar con una nueva letanía: María, la que acude siempre a prisa”.¹

Efectivamente, María está cerca de cada uno de nosotros, conoce nuestro corazón, escucha nuestras oraciones, nos ayuda con su bondad materna y, por voluntad del Señor, acudimos a ella familiarmente, como un hijo acude a su Madre. “Una Iglesia sin María es un orfanato... No tenemos derecho, y si lo hacemos estamos equivocados, a tener psicología de huérfanos. O sea, el cristiano no tiene derecho ‘a ser huérfano’. Tiene Madre.”²

María, como buena Madre, es sensible a las necesidades de sus hijos y, no en vano, al rezar el Rosario, la invocamos como consuelo de los afligidos, salud de los enfermos, auxilio de los creyentes... En ella todos encontramos amparo, consuelo y defensa.
En la actual coyuntura nacional, ponemos la mirada en María para que ella nos acompañe y guíe frente a los grandes retos que, como país, experimentamos pues “la Madre… protege las relaciones, salva en la intemperie y preserva del mal… cuando nos falta la esperanza, cuando nos falta la alegría, cuando se nos han agotado las fuerzas, cuando se apaga la estrella de la vida, la Madre interviene… Donde está la Madre, la perturbación no prevalece, el miedo no vence”.³

Llevemos nuestro ruego por Costa Rica a la Negrita de Los Ángeles, pues es “allí, en los santuarios, donde puede percibirse cómo María reúne a su alrededor a los hijos que peregrinan con mucho esfuerzo para mirarla y dejarse mirar por ella. Allí encuentran la fuerza de Dios para sobrellevar los sufrimientos y cansancios de la vida.”⊃

Junto con nuestras plegarias personales, pidamos por los miembros de los Supremos Poderes para que, como personas honestas y de bien, se comprometan con la verdad y la justicia y se consagren a trabajar por la transformación de nuestro país.

Que María, la Mujer solidaria que fue a toda prisa al encuentro de su prima Isabel nos enseñe a salir de nuestros propios esquemas para resguardar a quien está en necesidad. 
A María, encomendemos, también, las actuales discusiones sobre la reforma fiscal para que, sobre una base justa, los costarricenses afrontemos este reto con determinación y visión de futuro, buscando la solidaridad desinteresada y una vuelta de la economía y las finanzas a una ética en favor del ser humano.⊇

Pidamos al Señor, por intercesión de su Santa Madre, que reine la armonía y la paz entre sus hijos; que no nos lastimemos unos a otros, que toda forma de violencia cese en las carreteras, en los hogares y en los barrios de nuestra querida Nación.

Que esa misma violencia no se fragüe y justifique en nuestra legislación con acciones contra la vida, particularmente, el asesinato de los inocentes en el vientre materno.
Que este reencuentro con María, en tiempos tan exigentes y desafiantes para sus hijos, renueve nuestras fuerzas y haga de todos nosotros discípulos esperanzados, que irradian la alegría de Cristo.


¹ Papa Francisco, Homilía en referencia al episodio evangélico de la Visitación, 26 de marzo de 2013.
² Papa Francisco, 28 de octubre del 2014
³ Papa Francisco, 29 de enero del 2018
⊃Evangelii Gaudium n.286
⊇ Cf. Evangelii Gaudium n.58