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Los de corazón limpio verán a Dios

Escrito por Eco Católico el . Publicado en Opinion

Lis Chaves
Ordo Virginum, Dióc. de Cartago
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¿Quiénes son los de corazón limpio? ¿por qué nuestro Señor Jesús los llama dichosos, bienaventurados, felices, santos? ¿cómo podemos amar de esa manera tan agradable a Dios?...

En la exhortación Gaudete et Exsultate el Papa Francisco nos dice que “mantener el corazón limpio de todo lo que mancha el amor, esto es santidad”. El Papa hace énfasis en el verbo “mantener” porque él sabe bien que por el pecado nos cuesta muchísimo mantener un corazón limpio, pero si hacemos el esfuerzo de limpiarlo constantemente esto es santidad.

La suciedad en el corazón es todo aquello que debilita el amor: el odio, la venganza, el rencor, la envidia, la lujuria, entre otros. Es muy fuerte lo que el Papa nos dice en el numeral 84 “Nada manchado por la falsedad tiene un valor real para el Señor. El huye de la falsedad, se aleja de los pensamientos vacíos. El Padre que ve en lo secreto reconoce lo que no es limpio, es decir, lo que no es sincero, sino solo cáscara y apariencia, así como el Hijo sabe también lo que hay por dentro de cada hombre (Jn 2,25)”. 

Pensar que Dios huye de la falsedad nos explica porqué Jesús dirigió palabras tan duras a los fariseos en su época, al punto de llamarlos hipócritas, sepulcros blanqueados. Sus intenciones no eran buenas ni puras y Jesús lo sabía porque Dios sí puede ver las intenciones de cada corazón. Nada queda oculto a nuestro Dios, podremos engañar a los hombres, pero no podemos engañar a Dios.

“Cuando el corazón ama a Dios y al prójimo, cuando esa es su intención verdadera y no palabras vacías, entonces ese corazón es puro y puede ver a Dios. San Pablo, en medio de su himno a la caridad recuerda que “ahora vemos como en un espejo, confusamente” (1Co 13, 12) pero en la medida que reine de verdad el amor, nos volveremos capaces de ver cara a cara. Jesús promete que los de corazón limpio verán a Dios.” (Gaudete et Exsultate numeral 86)

¿Cómo podemos limpiar el corazón constantemente? 

En primer lugar, tratemos de vivir siempre en la verdad y no en la mentira. Seamos honestos con todos, no mostremos una cara falsa, seamos auténticos. No mostremos una falsa fachada de santidad, es mejor que sepan lo débiles que somos pero que vivimos luchando para ser mejores personas, para no ofender a Dios.

Perdonemos como dice el Evangelio, las veces que se necesite, 70 veces 7. Tratemos de expulsar del corazón todo sentimiento negativo por el hermano. Busquemos la confesión constantemente, cada vez que lo necesitemos y busquemos el alimento del alma tanto como necesitamos el alimento del cuerpo: la Palabra y la Eucaristía.

El Papa Francisco nos pide desgastar nuestra vida haciendo caridad. La caridad purifica el alma y nos permite ver a Dios. Comencemos por ver a Dios en todos los hermanos, en el esposo, los hijos, los nietos, los familiares, los amigos, los vecinos, los compañeros de trabajo…vivamos para servir y podremos ver a Dios desde este mundo y lo veremos cara a cara cuando nos llame a su presencia.

La Patria demanda un cambio de actitud

Escrito por Eco Católico el . Publicado en Opinion

“Tengo a mi patria siempre en la mano. La miran mucho mis ojos claros. La besan mucho mis labios mansos.” Con estas profundas palabras, el poeta Jorge de Bravo expresaba su hondo afecto hacia esta gran nación que, por casi doscientos años, ha venido forjando su identidad, más allá de nuestras complejas referencias étnicas y culturales.

Celebrar un año más nuestra independencia no es sólo una evocación histórica sino un estímulo que proyecta nuestra mirada hacia el futuro y nos compromete en una tarea que concierne a todos.

Hablar de la Patria es recordar, primeramente, a los patriotas, a aquellos que con trabajo honesto y con actitud solidaria, supieron manifestar su amor incondicional a Costa Rica; a quienes, desde diversas trincheras, con total anonimato, heroísmo y honor, han luchado para que este ideal común no naufrague.

Esta fiesta nacional la celebramos en un escenario de profunda tensión y abierta discrepancia social con relación a visiones distintas de lo que es la patria y a temas tan decisivos como el respeto a la vida humana, el desarrollo económico, la justicia social y el derecho al trabajo, entre tantos otros tópicos que, diariamente, se debaten y en los que están en juego convicciones y valores fundamentales.

Costa Rica bien merece que todos, pero especialmente, quienes tienen responsabilidades en las más diversas esferas de la vida social, busquen espacios de diálogo y puntos de encuentro, rescatando las nociones de equidad, justicia social y bien común, a fin de alcanzar, por encima de intereses particulares, el desarrollo integral de nuestro pueblo, única vía para evitar que la sociedad se encamine al enfrentamiento.

Celebrar y construir la patria exige desterrar la mezquindad y el cálculo político, ideológico o gremial, para asumir acciones puntuales que tracen un horizonte y un proyecto país y, tal como nuestros antepasados asumieron con responsabilidad y valentía el regalo de la libertad y la soberanía política, hoy nosotros demostremos la fortaleza para forjar una patria, igualmente, libre de neocolonialismos ideológicos. No es posible que por medio de consultas y reglamentos,  a los costarricenses se nos imponga todo aquello que la mayoría rechazamos  por invasivo, impositivo y  ajeno a nuestra identidad. 

La fatiga y la decepción de frente a los problemas reales no puede llevarnos a perder el interés o a renunciar al bien común, antes bien, debemos apelar a lo que, desde siempre, nos une y construye…

Y en esta construcción, la Iglesia no puede ni debe ser neutral cuanto más, al constatar cómo, gran parte de lo que orgullosamente somos, ha sido aportado por los valores orientadores del Evangelio y la Doctrina Social a lo largo de nuestra historia.

Haciéndome eco del magisterio social del Arzobispo Bergoglio, hoy Papa Francisco, llamo a todos a “refundar con esperanza nuestros vínculos sociales… Es la necesidad imperiosa de convivir para construir juntos el bien común posible, el de una comunidad que resigna intereses particulares para poder compartir con justicia sus bienes, sus intereses, su vida social en paz.”

En estas fechas reanimemos en nuestros corazones el compromiso de nuestros mayores que iniciaron este caminar y que este empeño haga arder el anhelo de que, por encima del miedo, la inseguridad y la indiferencia actual, promovamos una visión optimista y esperanzada del futuro del país. 

Reingeniería social, matrimonio y dictadura cultural

Escrito por Eco Católico el . Publicado en Opinion

Ana Elena Castillo Víquez
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Profesora, UCR

 Todas las épocas han tenido sus desafíos ciertamente. Y siempre han existido caminos que tanto los individuos como las sociedades deben escoger. Opciones diríamos, pero no inofensivas. Estas rutas no se pueden transitar al mismo tiempo o escoge un sendero o el otro. Y mucho del bienestar de pueblos enteros dependerán de esto, igual que las personas. Las decisiones son cruciales y nuestra cultura parece decirnos “no va a pasar nada”, “da igual”, “es asunto de acostumbrarnos” o “en nada nos afecta”. Ingenuidad personal, ingenuidad histórica también. Cuánto dolor han pasado numerosas poblaciones, miserias y angustias por no repensar las propuestas, por precipitarse ante ideologías que prometían un bienestar, una estabilidad, un mejoramiento que no iba a llegar y nunca llegó, porque dentro de ellas estaba entretejido el deterioro y la destrucción con bellas narraciones y promesas.

Así, en estos días, en sociedades heridas por tanta agresión, tanta exclusión, burla y segregación se hacen propuestas para revertir esta tendencia y convertirnos en colectivos más incluyentes, más tolerantes, mucho menos agresivos y respetuosos. Herimos tanto y en todos los niveles que era lógico que se presentaran soluciones por medio de cambios profundos en las sociedades. Y para lograr estos cambios había que tocar los cimientos mismos de la cultura.

Nos enfrentamos como personas y también como sociedades ante propuestas que, sin decirlo en toda la magnitud que esto implica, buscan un cambio. Sin embargo, es pertinente entender de qué se trata este cambio, en qué consiste la modificación, los alcances que va a tener, pero, sobretodo, las consecuencias. Porque allí se verá realmente si con las promesas, tan bien elaboradas en el lenguaje y las narraciones, conllevan la falsedad y dolor como resultado. Esto último ni tan evidente ni claro para quienes las apoyan ni para quienes las cuestionan.

Es así como nos encontramos ante la opción de modificar una de las estructuras sociales de más impacto como es la familia, al tocarla no estamos solo modificando, estamos en realidad deconstruyendo. Para ir razonando la afirmación anterior debemos abarcar varias áreas, mucho más allá de lo que se ha querido plantear en los debates y en las justificaciones presentadas a simple vista, por bien intencionadas que sean.

Es un proceso de reingeniería social. Por este vamos a entender un rediseño y cambio en las estructuras base de una sociedad. También podemos decir que es iniciar un nuevo camino que nos lleve a un nuevo modelo. Este nuevo modelo cambiaría por completo el anterior. Y al hablar de camino estaríamos estableciendo que el cambio se da en el “transcurso”, es decir, “durante”. En otras palabras, el proceso de reingeniería va por etapas. Otro aspecto a considerar es que los procesos de reingeniería en las diferentes áreas del saber buscan todos mejorar, puede ser una organización o bien, en el caso que nos concierne, una sociedad. Sin embargo, no todos logran un cambio positivo.

Estrategias de rediseño social

Las estrategias para modificar la estructura son varias en este rediseño social. La primera es por medio de la ley. Definitivamente hay una relación directa y clara entre ley y sociedad. La ley tiene un impacto profundo sobre una sociedad. Es claro que han habido leyes justas e injustas, arbitrarias incluso. Sin embargo, en la mayoría de los casos, cada vez que una ley establece un límite existen razones cruciales para ponerlo. Y estas razones tienen que ver con las consecuencias sociales que traería si ese límite se quitara e incluso si se relativizara. Así algunas leyes tienen que ver con ciertas estructuras, otras con otro tipo de estructuras. La relación principal apunta a fortalecer o debilitar estructuras sociales según la ley que se apruebe y la estructura con la que se relaciona la ley. 

Estamos ante dos leyes inminentes y ambas cambiarán la estructura familiar de manera irrevocable y para todos los habitantes del país. La primera modificará la posibilidad de casarse solo entre un hombre y una mujer, la segunda ley lo hará entre el número de personas que componen el matrimonio. La primera está en debate y con un fallo de la Sala Constitucional. La segunda es cuestión de tiempo y no muy lejano. Si dos personas del mismo sexo tienen derecho a casarse porque es una decisión personal, porque están enamoradas y, si el amor es lo que cuenta, igual lo pueden hacer tres personas, cuatro o más. Si la atracción personal, el amor que se siente entre ellos y mi decisión es la base para optar por el matrimonio, entonces hay que entender que mi deseo personal (basado en los criterios anteriores) es un derecho humano y puede de hecho abarcar a más de una persona. Ya en Colombia se casaron tres personas legalmente haciendo evidente el proceso de reingeniería que estamos analizando. Esto no está más que comenzando. Recordemos las demostraciones públicas de algunos estudiantes tanto en el Tecnológico como en la UCR pidiendo la apertura del matrimonio precisamente sin tomar en cuenta el género, ni el número de personas. Nadie habla de responsabilidades, ni obligaciones y menos consecuencias a nivel personal y social.

Es curioso que en nuestro tiempo se hable mucho de los derechos, de los sistemas de protección, pero no de responsabilidades y menos de impactos y consecuencias sociales. Harían falta otros artículos para ir explicando todas estas áreas de impacto y las muchas y severas consecuencias que traería. Sin embargo, es entendible el énfasis que se ha dado sobre la persona y se excluyan aspectos que nos involucran como sociedad. No olvidemos el origen de la Declaración Universal de Derechos Humanos en 1948. Fueron los abusos cometidos por el Estado contra las personas que determinaron el enfoque que hasta hoy ha prevalecido, aunque ya había antecedentes históricos. 

El derecho a formar familia

En esta línea de pensamiento, es claro que, en la interpretación sobre el derecho a formar una familia, se está tomando en cuenta la orientación sexual y la identidad de género de una persona, validándola como derecho. Ahora bien, recordemos que las siglas LGBT se refieren a personas lesbianas, gays, bisexuales y trasvesti originalmente. Ahora se han incorporado otras siglas para sumar más grupos. Para tomar en cuenta una de las nomenclaturas más completas, LGBTTTIQA se refiere a transexuales, transgénero, intersexuales, queer y asexuales. Se está empezando a legislar sobre el matrimonio entre los dos primeros grupos, concediendo un derecho a lesbianas y gays pero es claro que bajo la figura de la no discriminación y, para no ser excluyentes, se debe permitir el matrimonio sobre los otros grupos. Matrimonio igualitario es mucho más de lo que se está legislando en este momento. Este incluiría las orientaciones sexuales, pero también la diversidad de identidades y además cambiantes antes, durante o después un matrimonio dependiendo de la persona y su opción. Siguiendo con este razonamiento, familias diversas serían familias muy complejas pues hay que tomar en cuenta los diferentes matrimonios que se formarían y se “desformarían” tanto en identidades como orientaciones y eventualmente en número.

Estas familias compuestas de forma tan diversa se deben enseñar en las escuelas, colegios y universidades. Los estudiantes tendrían estas opciones para cuando ellos mismos sean grandes o también por la cantidad de niños que empezarían a matricularse teniendo familias donde ya no es posible identificar una mamá y un papá. Así sucedió en México donde en las actas de nacimiento se eliminan obligatoriamente las palabras padre y madre. Ejemplo igual lo encontramos en Malta donde en todos los registros oficiales se deben eliminar no solo la palabra padre y madre, sino marido, esposo, esposa y mujer. Debido a la posibilidad de cambiarse la identidad de género (propuestas diferentes van desde tres géneros hasta 112 opciones) y debido a que una persona puede mantener una única identidad como cambiarla sin restricción, las políticas públicas deben regir para todos, enseñarse a todos y dar la opción a todos. Igual sucedería con los conceptos de abuelo, abuela, tío, tía, primos, primas, entre otros. Leyes y políticas públicas van de la mano y al ser derechos humanos, según esta lectura, obligatorios y accesibles a todos.

Debido a la apertura, para toda la población, de la posibilidad de optar por un cambio en la identidad de género, en Inglaterra, Hayden Cross, fue el primer hombre embarazado. Nacido como mujer, Cross es legalmente un hombre y suspendió la operación de senos, ovarios y el tratamiento hormonal para quedar embarazado de un donante anónimo. La asociación médica británica ha prohibido a los doctores utilizar la palabra madre por razones más que evidentes. Tampoco se pueden usar las palabras niño o niña para los recién nacidos, por considerarse reduccionistas. Anotar el “sexo biológico” también sería un problema. Se recomienda “designado como…” o “nacido como”. Debe entenderse claramente que estas medidas son para toda la población y de acatamiento obligatorio. ¿Tendría sentido celebrar el día del padre o de la madre en escuelas y colegios? No solo no tendría sentido, sino que sería discriminatorio según esta lógica, lo mismo aplicaría a nivel nacional. En otras palabras, es prohibir los conceptos “madre” y “padre” en una sociedad paulatinamente en favor de unos, sin preguntarle al resto de la población.  Pero esta situación no se limita a las mamás y los papás. Tíos, tías, primas, primos y todo lo que marque un “género normativo” correría la misma suerte. Es la desintegración de conceptos culturales medulares en la sociedad que son pilares para definir la familia. Imposición, sí. ¿Respeto de todos los derechos de todos los ciudadanos? No. Rediseño social, sin consulta a una sociedad.

Si el rediseño continúa será posible entender que se tendrán múltiples abuelos, abuelas, primas, primos, debido a las familias poligámicas, poliándricas o poliamorosas pero sumado a los proyectos de cambio de identidad de género no será posible marcar el sexo, ni género tan fácilmente, solo en algunos casos; al ser cambiante dependerá de las personas y su opción.

Modificación del lenguaje

Consideremos que la modificación en el lenguaje es enorme pues no hay sustantivos, ni adjetivos ni pronombres que puedan dar cuenta de las posibles identidades cambiantes o performativas. Inicialmente se pueden imponer algunos pronombres, algunos cambios puntuales, pero es claro que irán aumentando las exigencias con el tiempo. Ya en la Universidad de Oxford se dice que es un posible delito referirse a las personas trans con el pronombre “él o ella”. Se crea entonces el pronombre “Ze” y la obligatoriedad de usarlo y enseñarlo. Jordan Peterson, profesor de psicología que ha cuestionado la medida, se ha visto amenazado con despido en la Universidad de Toronto donde trabaja. También hay problemas con las palabras “señores y señoras”. Existen otros ejemplos en diversos países. El panorama se torna más complejo si tomamos en cuenta no solo la identidad de género sino también la expresión de género, pues no es lo mismo. Una persona puede tener una identidad de género, pero la expresión de género ser diferente (esta última es cómo se expresa corporalmente el género y no coincide necesariamente con la identidad). Esto modificará currículos en escuela y colegios, espacios públicos (incluidos los baños), prácticas deportivas, registros nacionales, uso del lenguaje, producciones artísticas, entre otros muchos aspectos. Activará los sistemas de aprendizajes culturales y formales. Y solo se están mencionando algunos aspectos, la situación en realidad es más compleja.

Ante la insistencia de cómo me afectaría a mí la aprobación o no de la ley, la respuesta es clara. Afecta directamente porque es parte de un cambio total, es un proceso de reingeniería social que abarca procesos educativos formales e informales, como ya se mencionó. Los dos modelos no van a convivir juntos, uno va a ceder frente a otro, paulatinamente. Es la imposición de un nuevo modelo independientemente de si usted está de acuerdo o no. Claro que es un proceso, que tendrá sus etapas de transición, de la mano de las legalizaciones. El problema radica en los impactos sociales y las consecuencias que va a traer. La conformación de diferentes matrimonios por sí mismos ya conlleva una afectación importante. Al aprobarse como derechos humanos y al ser estos inherentes y universales, pasan a ser obligatorios e indiscutibles en todos los espacios mencionados previamente. Todo lo anterior es la plataforma de una de las consecuencias más serias y tiene que ver con la emergencia de una dictadura cultural. Igualmente, esta dictadura tiene sus características, su modalidad y su accionar, con ejemplos muy claros en otros países. Tema para ampliarse por sus todavía más severas consecuencias. Todo esto pasa por la aprobación de leyes civiles y modificaciones en reglamentos en instituciones públicas.

La pregunta más importante, ¿está de acuerdo la sociedad costarricense con todos estos cambios que conllevan la aprobación de estas leyes?, ¿no es acaso tema de referéndum nacional? 

“Dejen que los niños vengan a mí”

Escrito por Eco Católico el . Publicado en Opinion

Monseñor José Rafael Quirós
Arzobispo de San José

“Prefiero el ingenuo canto de un niño a la más bella música del mundo; ese canto -como el alba- contiene toda esperanza”. Con esas palabras el místico Charles de Foucauld nos invitaba a reconocer que cada niño es un ser único, digno de respeto y protección. En ellos reside la esperanza y brilla la luz, por ellos todo esfuerzo y sacrificio merece hacerse.

Contemplar sus rostros alegres es, por sí mismo, una fiesta y nosotros, adultos, debemos poner todo nuestro empreño para que nunca se apague su sonrisa, que puedan vivir en paz y mirar el futuro con confianza.

Jesús ama, de modo especial, a los niños y por ello expresaba: “Dejen que los niños vengan a mí, no se lo impidan, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios.”   Pero, igualmente, advertía: “Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar”.  

“¡Qué importante es el niño para Jesús! Se podría afirmar desde luego que el Evangelio está profundamente impregnado de la verdad sobre el niño. Incluso podría ser leído en su conjunto como el Evangelio del niño”. 

Jesús conoce y rechaza el injusto dolor que experimentan tantos niños pues “también el niño Jesús fue víctima del odio y de la persecución y también él tuvo que huir con su familia, dejar su tierra y su casa, para escapar de la muerte…Ver sufrir a los niños hace mal al alma porque los niños son los predilectos de Jesús. No podemos aceptar que se les maltrate, que se les impida el derecho a vivir su niñez con serenidad y alegría, que se les niegue un futuro de esperanza”. 

Ya San Juan Pablo II señalaba la grave crisis moral que enfrenta nuestra sociedad y como este ambiente alcanza también a los niños.

“Por desgracia la situación de los niños en el mundo no es siempre como debería ser. En muchas regiones y, paradójicamente, sobre todo en los países de mayor bienestar, traer al mundo un hijo se ha convertido en una elección realizada con gran perplejidad, más allá de la prudencia que exige obligatoriamente una procreación responsable. Se diría que a veces se les ve más como una amenaza que como un don… “la situación de los niños es un desafío para toda la sociedad, un desafío que interpela directamente a las familias.” 

Al celebrar el día del niño, elevemos al Señor nuestra oración por todos los niños del mundo, por los que son acogidos con amor y experimentan la alegría de tener una familia que los cuida, acompaña y valora, pero, sobre todo, pedimos por los niños que sufren por violencia, abusos y abandono, por los que padecen hambre y miseria, por los que mueren a causa de la desnutrición, por los que perecen víctimas de la guerra y la migración. Todavía a estas alturas de la historia hay niños que en lugar de vivir alegremente esos hermosos años, están sometidos al trabajo infantil. 

Como Iglesia no podemos ser indiferentes ante los graves riesgos que atraviesa la niñez como no lo fue el Señor; el llanto y dolor de los niños, nos exige un decidido compromiso de verdadero pastoreo. 

La historia de la Iglesia nos da cuenta como Dios ha suscitado vocaciones consagradas al servicio de la niñez, San Juan Bautista La Salle, San Juan Bosco, San José de Calasanz, son algunos de esos grandes santos cuyos testimonios brillan como referentes de entrega, particularmente, en circunstancias como las presentes en las que, como Iglesia reconocemos con dolor y vergüenza las atrocidades cometidas por personas consagradas, clérigos e incluso por todos aquellos que tenían la misión de velar y cuidar a los más vulnerables. “La conciencia de pecado nos ayuda a reconocer los errores, los delitos y las heridas generadas en el pasado y nos permite abrirnos y comprometernos más con el presente en un camino de renovada conversión.”  

Con acciones directas acompañemos, en forma segura, esta etapa de la vida, de todos los niños, y por ello, insto a asumir con verdadera urgencia una pastoral infantil, donde se experimente el amor del Señor como bendición. En esta tarea debemos involucrarnos todos, porque todos somos responsables de lo que serán las futuras generaciones. 

Encomiendo al Dulce Nombre de Jesús a todos los niños de nuestra patria, para que puedan vivir alegremente su infancia. 

 

1 Mc 10, 13-16
2 Mt 18, 6
3 Juan Pablo II, Carta a los niños, 13 de diciembre de 1994.
4 Papa Francisco, Medellín, septiembre 2017
5 Juan Pablo II, 14 de octubre del 2000

 

Pedofilia y propuesta del Papa

Escrito por Eco Católico el . Publicado en Opinion

Pbro. Luis-Fernando Valdés
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En la carta fechada el 20 de agosto reciente, el Papa Francisco propone soluciones a la crisis de los abusos en dos niveles. El primero es el penal, pues en la carta reitera que se dé aviso a las autoridades civiles, que no se encubra a los abusadores y que se les aleje de la comunidad para que no haya posibilidad de que repitan esos crímenes.

El segundo es combatir una errónea noción de Iglesia que dio pie a que sucedieran los abusos y que posibilitó los encubrimientos. Se trata de una distorsión que llama “clericalismo”. 

Por eso, el Papa explica la noción de “Pueblo de Dios”, como solución a la corrupción en la Iglesia. La idea clave es que ese Pueblo está compuesto por los pastores y por los fieles, de manera que éstos también participan en la vida de la Iglesia, no por ser ministros, sino por vivir la fe.

En referencia al clericalismo, el Pontífice quiere advertir el peligro de reducir la Iglesia a sus pastores (obispos y sacerdotes), a los dirigentes de grupos eclesiales, a superiores religiosos, etcétera, dejando de lado a la gran multitud del resto de los fieles.

Este clericalismo, “manera anómala” de entender la autoridad en la Iglesia, ha sido “tan común en muchas comunidades en las que se han dado las conductas de abuso sexual, de poder y de conciencia”. Por eso, el Obispo de Roma con toda firmeza escribe que el clericalismo “genera una escisión en el cuerpo eclesial que beneficia y ayuda a perpetuar muchos de los males que hoy denunciamos. Decir no al abuso, es decir enérgicamente no a cualquier forma de clericalismo.”

Si el clericalismo, o sea la formación de camarillas de poder o de pequeñas élites, fue lo que dio pie a los abusos y a su encubrimiento, la solución que propone el Papa es que intervenga todo el Pueblo de Dios. Escribió: “La magnitud y gravedad de los acontecimientos exige asumir este hecho de manera global y comunitaria… hoy nos vemos desafiados como Pueblo de Dios a asumir el dolor de nuestros hermanos vulnerados en su carne y en su espíritu”.

Para el Papa, resultará imposible un cambio en el modo de actuar de la Iglesia “sin la participación de todos los integrantes del Pueblo de Dios”. Por eso, demás de las medidas judiciales, el Pontífice explica que “es necesario que cada uno de los bautizados se sienta involucrado en la transformación eclesial y social que tanto necesitamos”.

Quienes buscan en la carta del Papa sólo frases de autocrítica y humillación, se sentirán defraudados. Los que buscan la causa de los abusos en el celibato sacerdotal seguramente se desconcertarán porque no es ni mencionado.

En cambio, quien observe con atención descubrirá que el Papa va a una de las raíces profundas de la crisis, que es el clericalismo, y por eso hace una propuesta a todos los católicos para que se involucren en la vida de la Iglesia, y así desaparezcan los grupos de poder que han dado pie a los abusos y a su encubrimiento.