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“La corrupción política no es distinta de la cotidiana y ciudadana ya existente”

Escrito por Eco Catolico on . Posted in Entrevista

 

“La corrupción política no es distinta de la cotidiana y ciudadana ya existente”

 

La crisis que atraviesa el Poder Judicial por el supuesto tráfico de influencias alrededor del cemento chino evidencia la entronización de intereses de índole personal, electoral, económico y otros, que son nocivos y que corroen la ética que se persigue del bien común, la justicia y la legitimidad.  

De esta manera, se refiere el politólogo Dr. Gustavo Araya a la situación que ha ocupado la agenda noticiosa de las últimas semanas. El analista recuerda que la corrupción política no es distinta de la corrupción cotidiana y ciudadana existente en el país.


Laura Ávila Chacón

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Ante los acontecimientos en el Poder Judicial, ¿Estamos frente a la mayor crisis vivida en las últimas décadas en este poder de la República?

En efecto, probablemente nos encontremos en la mayor y más extendida crisis, al menos de las tres últimas décadas. Ello cuando a lo sumo se había estado en situaciones críticas, con casos de parcialidad (Di Leoni), acoso sexual (Óscar González Camacho) y luego de situaciones extremas como el secuestro que se diera a principios de los años 90. 

 

¿Se trata de una crisis de funcionarios específicos o del Poder Judicial como un todo? 

Ambas. Se trata de elementos de carácter personal (en su mayoría) en los que se traslucen intereses distintos a los democráticos y a los valores de capital social, pero también se trata de factores de orden estructural, que evidencian deficiencias en las formas de elección de magistrados y fiscales, como también en sistemas de pesos y contrapesos internos como auditoría y control independiente, transparencia y seguimiento, que institucionalmente pudieron haber evitado o prevenido que esto sucediera.

 

¿Qué ha quedado al desnudo sobre la ética en la función pública al calor de este escándalo de tráfico de influencias?

Ha quedado en evidencia que es posible la entronización de intereses de índole personal, electoral, económica y otras que son absolutamente humanas, pero nocivas y que corroen la ética que se persigue del bien común, la justicia y la legitimidad. 

 

¿Cómo afecta la pérdida de confianza en el Poder Judicial la institucionalidad democrática en nuestro país?

Absolutamente. El centro del asunto no está en ver si afecta o no la confianza en el Poder Judicial, sino cuánto y dónde. El gravísimo problema es que ello no depende en exclusiva de lo que suceda en el propio Poder Judicial sino que estará en relación con lo que hagan otros actores como la Comisión Legislativa. En la medida en que se perciba que hubo un mal trabajo (lo cual ya está siendo evidente por parte de dicha comisión), así como en los resultados (especialmente en lo relativo a establecer responsabilidades y “penas”) cuando se vayan a dar las consecuencias estas -es de esperar- que no cumplirán con las expectativas sociales o populares, atizadas por intereses político-electorales que también estarán enturbiando el proceso final. No es difícil adelantar que sea lo que sea resulte de la Comisión Legislativa sea percibido como impunidad. Y por otra parte, lo que resulte del Poder Judicial deberá ser contundente: separaciones y además un juicio y penas ejemplarizantes, de lo contrario también habrá consecuencias en la reputación e imagen del Poder Judicial.

 

 ¿Le parecen suficientes las medidas de la Corte Suprema de Justicia para restablecer la credibilidad en este poder de la República?

Es aún temprano para señalarlo. Todavía, creo, está en proceso. 

 

La actitud de la nueva fiscal general, ¿le parece adecuada, prudente, o viable?

Es la esperada, de momento. Todavía es temprano para poder hacer un juicio al respecto.

 

¿Qué valoración hace del trabajo de la Comisión Legislativa que investiga el caso? 

La Comisión es notorio que está conducida por intereses muy diversos, pero especialmente electorales. Se ha centrado más en establecer “relaciones” y hasta muy tardíamente “tráfico de influencias”. Su desempeño ha sido muy pobre, con excepciones. 

 

¿De qué modo podría afectar este escándalo la agenda de la campaña y el resultado mismo de los próximo comicios electorales?

Es notorio que está pensado y abordado el caso desde esa lógica, en algunos sectores. Muy temprano aún para poder tratar de contar con un juicio acerca de cómo afectará los comicios.

 

¿Qué análisis hace del papel de los medios de comunicación en este escándalo, los tradicionales y los nuevos, basados en plataformas como las redes sociales?

Muy variado. Va desde el hecho que algunos se han lanzado incluso sin reglas básicas de pruebas o balance, hasta los que si lo han hecho. Otros que han mostrado intermitencia en el abordaje del tema, otros que llegaron “tarde”. Sin duda ha obligado a quienes siguen el tema diversifiquen aún más las fuentes a partir de las cuales tomar elementos para configurar su criterio. Debe destacarse el papel que han venido a cumplir nuevos medios, especialmente el caso del periodista Diego Delfino como un decodificador y “curador” de la información. 

 

¿Cuánto pierde la clase política con un escándalo como este? 

Aún es difícil saberlo, a nivel cuantitativo y es relativo en cuanto a las responsabilidades y señalamientos que se hagan. A nivel cualitativo, probablemente el mayor golpe desde el deterioro que ha venido sufriendo en los últimos años. Hay que sumarlo a procesos anteriores como los señalamientos de corrupción durante la administración anterior, las renuncias de candidatos en época electoral, la afectación con el incumplimiento de la promesa de cambio de la presente administración, entre otros. 

 

El ciudadano costarricense frente a la corrupción política ¿cómo siente su reacción, qué puede hacer ante un mal que parece no acabar?

Es muy variado. Es preocupante el bajo o nulo nivel de información con que cuenta y con el que aborda el tema, este como cualquiera otro. La corrupción política no es distinta de la corrupción cotidiana y ciudadana ya existente. El abuso de los servicios públicos, las acciones para evitar filas, el no pago de impuestos, enganches salariales, irrespeto a leyes de tránsito, falsificación de documentos y presuntas incapacidades, y demás nos configuran en una sociedad que exige de los políticos aquello que ni la misma sociedad puede cumplir. ¿Qué pretende la ciudadanía acabar si vive permanentemente en una cultura que premia y privilegia la corrupción poca, media y alta?

“El nuevo obispo ha de ser pastor y amigo”

Escrito por Eco Catolico on . Posted in Entrevista

 

“El nuevo obispo ha de ser pastor y amigo”

 

Una vez que su renuncia se haga efectiva con el nombramiento de un nuevo obispo para Alajuela, Monseñor se quedará en el país para dar servicio como capellán de las religiosas Agustinas Recoletas.


Sofía Solano G.

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El Obispo de la Diócesis de Alajuela, Mons. Ángel SanCasimiro llega al final del cumplimiento de la misión episcopal activa que el Señor le encargó; y se prepara “para iniciar una nueva forma de servir a la Iglesia”. 

Una vez que el Papa Francisco acepte su renuncia, se quedará en Costa Rica, pues los 51 años que tiene de vivir en el país lo han marcado.

“Ciertamente no he cambiado el acento, pero mi corazón sí palpita con ritmo costarricense”, expresó, sin olvidar que nació en España en 1942 y tras haber llegado a los 75 años de edad, según lo establece el Código de Derecho Canónico de 1983, presentó la renuncia a su gobierno pastoral el pasado 16 de setiembre.

“Es estar en lo que llamamos ser un obispo emérito, donde ya no tienes la responsabilidad directa de una diócesis, pero sí el gusto y hasta cierto punto, la obligación de seguir viviendo tu ministerio en actitud de servicio a la Iglesia”, relató Monseñor.

Se quedará en el país para dar servicio como capellán de las religiosas Agustinas Recoletas, misma donde a los 10 años de edad inició su vida espiritual. A esta Orden regresará “porque es la que me ha dado en la vida todo lo que yo he podido dar a la Iglesia”, dijo, en agradecimiento de los 22 años que tiene de ser obispo.

Dispuesto a prestar sus servicios donde las parroquias lo requieran y donde pidan su servicio, Monseñor recordó cómo Dios puso la vocación sacerdotal en su corazón.

 

¿Cómo escuchó por primera vez el llamado de Dios a la vida sacerdotal?

En el año 1952, los niños terminaban sus estudios en los seminarios menores, después venían los estudios propiamente eclesiásticos. Lógicamente entraban muchos niños, al cabo de 12 años eso se iba depurando. Cuando ingresé en la Orden de Agustinos Recoletos, en 1952, entramos 121 niños, pero llegamos al sacerdocio 18. Esto implica que durante esos 12 o 13 años de estudio, uno va discerniendo si es Dios quien te llama por ese camino o realmente no es ese camino por el que Dios te quiere.

 

¿Qué significado tiene el servicio como obispo?

Apropiado de una frase de San Agustín, ´con vosotros soy cristiano, para vosotros soy el obispo´ describo el significado de ser obispo. Lo primero me llena de orgullo, alegría, gozo, lo segundo me da miedo, y me da miedo por la responsabilidad que tengo de no ser consecuente con esa misión que el Señor me confió.  Si bien, en mis años de obispado me he sentido a gusto, los momentos duros en mi vida de obispo, situaciones difíciles e incomprensiones los he acumulado como un ofrecimiento al Señor, yo creo que uno todo debe ofrecerlo al Señor y que él sea el que sepa cómo es el interior del ser humano. De las situaciones difíciles por las que he pasado, he crecido y tengo que decirles a las personas que lean esto que me he sentido siempre con la conciencia bien limpia. Humanamente hablando he tenido muchas deficiencias, pero creo que en el fondo he hecho lo mejor, que, según mis fuerzas he podido hacer. Quisiera dar gracias a Dios y a la vez pedir perdón a quienes de una u otra forma creen que mi actuación no le ha ayudado a crecer en su dimensión de fe cristiana.

 ¿Pastoralmente, cuáles han sido sus prioridades?

Durante mi administración como obispo, la familia y lo que ésta involucra para construirla, como lo es la pastoral de novios y jóvenes, la dimensión social del Evangelio, catequesis, vocaciones y todo lo que ha implicado la nueva línea que el Santo Padre ha ido marcando desde la pastoral del encuentro a través del kerigma, de la misión y de poner a la Iglesia en permanente salida, son algunos de los aspectos que he ocupado en mi aporte al caminar diocesano.

 

¿Cómo describiría al clero con el que ha trabajado todos estos años?

Solamente tengo una palabra para el clero y es ¡Gracias!, tanto al de la Diócesis de Ciudad Quesada en esos 12 años de servicio, como con el de la Diócesis de Alajuela por estos últimos 10 años, por la conciencia de identidad y corresponsabilidad que han tomado sacerdotes y laicos junto a mí para llevar adelante el plan del Señor. Recordemos que a pesar de que estamos metidos en una misión tan hermosa como la evangelización, somos seres humanos los que la tenemos que llevar a cabo y como tal estamos expuestos a cualquier situación que un ser humano se encuentra en el camino”.

 

¿Qué lugar ocupan los laicos hoy, en la Iglesia diocesana de Alajuela?

 Los laicos ocupan un lugar muy privilegiado, sin ellos no podríamos llevar a cabo la misión del Señor. Yo doy gracias a Dios del laicado que tenemos en Alajuela, por su compromiso, por la calidad en lo que es su testimonio y su pasión por la misión en la Iglesia.

 

¿Qué rasgos generales debe tener un nuevo pastor para una diócesis como la de Alajuela?

 

Está muy bien este cambio de timonel en las diócesis, la renovación siempre es buena (…) para mí un nuevo pastor debe ser un hombre cercano, hambriento de sacar a la Iglesia a la calle, que sufra en carne propia los problemas de los más necesitados, sobre todo hoy día en que tanta gente no tiene ni lo elemental para una vida digna. El nuevo obispo ha de ser como el Santo Padre nos lo define: ¡Un pastor, un amigo! No hace falta que sea demasiado intelectual, aunque no viene mal que lo sea.

Desastres naturales: el factor humano

Escrito por Eco Catolico on . Posted in Entrevista

 

Desastres naturales: el factor humano

 

Los estragos del paso de la tormenta tropical Nate por nuestro país apenas comienzan a contabilizarse. ¿Qué hace que un fenómeno natural se convierta en un desastre? ¿Qué grado de responsabilidad tenemos los seres humanos de frente a la explotación y degradación de los recursos naturales? El Dr. Darner Mora Alvarado, promotor del programa Bandera Azul Ecológica y Director del Laboratorio Nacional de Aguas del AyA nos ofrece su punto de vista.


Laura Ávila Chacón

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¿Cuáles son los factores humanos que convierten un fenómeno natural en un desastre?

El factor más serio es el cultural. No hemos tenido la capacidad para adaptarnos a los cambios que estamos viviendo. Y no la tenemos  porque culturalmente vivimos en un país como dicen “Pura Vida” donde creíamos que nada nos iba a pasar. También hay un factor cultural en las deficiencias en la educación, en el sentido de que creemos que la basura la podemos depositar en cualquier lugar menos en la casa, y vemos montañas de desechos en las alcantarillas y en los ríos. Las lluvias son muy intensas, pero la cantidad de basura taponea caños y alcantarillas provocando que el agua arrase con casas, dañe la infraestructura de las carreteras, acueductos y viviendas, y esto, como hemos visto, incluso cobra vidas humanas.

 

¿Está adaptada la infraestructura del país a estos cambios?

Lo que hemos visto estos días es porque la infraestructura del país no ha sido diseñada para adaptarse a los problemas climatológicos que estamos viviendo. Por eso, desde el Programa Bandera Azul y con la colaboración del Colegio de Ingenieros y Arquitectos creamos una nueva categoría llamada “Construcciones Sostenibles” precisamente con la intención de prevenir o amortiguar los desastres naturales. 

 

¿Cuánto de lo que estamos viendo se debe al cambio climático?

Hay que ser lo más objetivo posible en este tema. Evidentemente a través de la historia se han dado cambios climáticos y eso es normal y natural, pero desde la industrialización la acción del hombre ha liberado cantidades enormes de gases con efecto invernadero que ha provocado el calentamiento del planeta. Yo prefiero pensar que es a causa del ser humano, porque sino no vamos a cambiar y vamos a seguir contaminando. Hay personas que se muestran indiferentes al cambio climático y pasan por la vida sin darse cuenta de lo que le estamos haciendo al planeta y hay otras que sí creen en el cambio climático, y son estas las que hacen posible cambiar la mentalidad de otros y así cuidar el ambiente. Es evidente que tenemos problemas serios, solo ver en las cabezas de agua la cantidad de basura identifica la mano del hombre.

 

¿Cuál es el futuro que le espera al planeta si seguimos por este camino?

Hay dos formas de verlo. Me parece que evidentemente tenemos inteligencia y los mecanismos para educar a las personas y cambiar la cultura. Debemos fomentar el ahorro, tendríamos que ser más amistosos con el planeta y creo que desde ese punto de vista podremos corregir la situación, pero nos va a llevar años. Llama la atención que el país número uno del mundo desde el punto de vista económico no crea en el cambio climático y esto es un mal ejemplo para los que estamos llevando una lucha por hacer las cosas bien. No entiendo, por ejemplo, cómo es posible que alguien que es el Presidente de la máxima potencia se retire de los acuerdos de París. Ese liderazgo nos puede llevar a una catástrofe global y no estoy exagerando.

 

¿Se puede adaptar el ambiente para que responda mejor a los efectos del cambio climático?

Hay formas, por ejemplo si yo deseo adaptar las playas al cambio climático debería sembrar tres hileras de palmeras entre 25 y 40 metros cada una. Eso forma una barrera contra los huracanes y es un mecanismo natural. Otro aspecto es exigir mejores infraestructuras en carreteras y no dejar construir una torre a la par del  Río Virilla, por ejemplo. No podemos ser indiferentes a las nuevas condiciones, el ser humano debe cambiar el chip y entender que debe hacer acciones para prevenir, porque después vienen las consecuencias.

 

¿Cómo son las infraestructuras amigables de las que habla?

El sentido común dice que se debe ahorrar todo lo posible. Gastar menos en aire acondicionado, usando ventilación e iluminación natural, así como paneles solares y dispensadores para ahorrar agua. Toda edificación debe construirse en lugares seguros y contar con zona verde. No se deben poner materiales que hagan que el edificio se deteriore. Los edificios cerca de la costa no pueden ser altos  porque dañan la fauna marina, donde desovan las tortugas no deben haber luces, porque ellas se devuelven.

 

¿Cuánto ha incidido en el cuido del ambiente el programa Bandera Azul?

Costa Rica era una cosa antes de Bandera Azul y después de ella. El programa tiene muchas fortalezas. Es amigable con el ambiente, tiene alianzas con organizaciones, es un esfuerzo en el que participan 15 instituciones que se reúnen los terceros miércoles de mes. Es muy democrático, esto quiere decir que democratiza la toma de decisiones en beneficio del ambiente y de la sociedad civil. Es un programa sencillo, lo entienden todos, los pobres, los ricos y hasta los niños.

 

¿Cuánto influye la cultura consumista en la relación que tenemos con los recursos humanos?

Como somos muy “agringados” somos muy consumistas. Usamos mucho el plástico y las bolsas. El gobierno debería ser más radical, nosotros ya estamos pidiendo el no uso de pajillas y de bolsas plásticas. No podemos ser inquisidores, me parece que hay acciones pequeñas que suman, pero el consumismo afecta el ambiente, no hay duda de eso. La lucha contra el consumismo debe ser educativa y eso lleva tiempo, pero debemos dejar la huella y el instrumento para que las nuevas generaciones sigan adelante.

 

Siendo los pobres los más perjudicados ¿Hablamos entonces también de un tema de inequidad y falta de justicia social?

No hay duda que en este tipo de desastres naturales los que sufren son los pobres,  porque la infraestructura de los ricos es superior, los pobres viven a la par del río. El Estado no puede permitir las construcciones cerca de los ríos, esto debe ser una decisión radical, es decir, el precario que está cerca de los ríos debe eliminarse, porque a quienes viven allí tarde o temprano les pasará algo.

“El gran desafío es sentirnos en la Iglesia como familia”

Escrito por Eco Catolico on . Posted in Entrevista

 

“El gran desafío es sentirnos en la Iglesia como familia”

 

De visita en nuestro país el Pbro. Heinrich Walter, Superior General de los Padres de Schoenstatt, habló sobre el movimiento y el gran desafío que tiene la familia y la Iglesia hoy para ser consecuentes con su fe. A continuación un extracto de la entrevista con el Eco Católico.


Laura Ávila Chacón

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¿Cuál es el motivo de su visita en Costa Rica?

He escuchado mucho en Alemania de la vida aquí en Costa Rica. Aproveché la posibilidad de viajar a Ecuador y de paso visitar este país y el Caribe. Como coordinador internacional deseo mirar con ojos propios el movimiento acá, es decir cómo está y qué proyectos e ilusiones tienen.

 

¿Cuál es el mensaje que trae usted al Movimiento Shoenstatt en Costa Rica?

En la noche de la inauguración del año del Padre José Kentenich (fundador) se dialogó sobre su carisma. Después de cincuenta años de su muerte, hablamos sobre la necesidad de renovar ese carisma y de plasmarlo en el mundo de hoy. El movimiento ya ha dado algunos pasos de involucrarse en la situación del país y de la educación con el proyecto de una pequeña universidad. Por otra parte, admiro la vitalidad que el movimiento tiene acá y agradezco a todos los que se dedican a la espiritualidad y pedagogía de Shoenstatt. Este es un movimiento de esperanza, espero que continúen en eso, tiene empuje suficiente y es bastante dinámico, pues está lleno de proyectos e ideas.  Mi mensaje es en el sentido de motivación, pienso que este compromiso que han hecho en la noche de inauguración del año del Padre Kentenich es algo fuerte, pues se habló sobre la responsabilidad de plasmar el carisma a la situación de la Iglesia. En Costa Rica el movimiento es joven, recién nacido en comparación con otros países y  es como un árbol cuando llega primavera y todo florece. 

 

¿Cómo describe el carisma del Padre Kentenich?

El carisma del Padre Ketenich es mariano. Su estilo de vida para nosotros es un camino para vivir como misioneros en este tiempo. Su carisma permitió formar y crear comunidades nuevas con mentalidad de espíritu comunitario, es un carisma con raíces en el Evangelio llevando el mensaje de Jesucristo,  es una actualización al tiempo,  según la experiencia del fundador y los desafíos del tiempo.

 

Cuando hablamos de los desafíos del tiempo ¿A cuáles se refiere concretamente? 

Vivimos en un mundo globalizado, vivimos en un mundo de inseguridades personales y de búsqueda de crecer en una autenticidad. Yo vengo de Alemania y ahí la Iglesia tiene mucha tradición, pero menos vitalidad. Creo que el desafío en la Iglesia es seguramente que no se concentre en sí misma,  como dice el Papa, debe ser una Iglesia en salida y con espíritu comunitario. Otro desafío que tiene la Iglesia es el de la globalización, debemos generar una cultura de alianza siempre pensando en todo el globo, no solamente en temas de ecología o de economía.

 

¿Cuál es el aporte a la vida de la Iglesia y la sociedad, de la espiritualidad Shoenstatt?

El gran desafío es sentirnos en la Iglesia como familia, esto es algo fuerte. Por ejemplo, en muchos países falta en la Iglesia la experiencia de sentirse en casa, valorado,  aceptado y que la parroquia sea mucho más una comunidad de vínculos donde se sienta la casa. La Iglesia como familia en muchos países del mundo es un desafío por la falta de vitalidad. Nosotros queremos vivir con nuestra espiritualidad y nuestro carisma, una vitalidad por el amor a Dios, María y al prójimo. Se nota enormemente cuando conocen de Shoenstatt que hay un fuego interior, por eso el tema fundamental de nosotros es la educación y formación.

 

¿Por qué la economía y la familia son tan importantes para Shoenstatt?

En países como Chile, Argentina y Brasil estamos metidos en temas de economía, porque queremos construir un mundo con mucho más respeto, velando por el bien común. Sobre la familia creemos que ella es el núcleo de la sociedad y hoy presenta grandes desafíos, porque estamos en procesos de cambios en temas como el de la homosexualidad.

 

¿Es la educación el gran desafío de la familia hoy?

Nosotros no queremos dejar la responsabilidad de la educación de los hijos totalmente en los colegios, nosotros debemos preocuparnos de toda la vida en familia. La vida en familia en los tiempos pasados era normal, hoy en esta globalización hay de todo y por eso nos preocupamos en la preparación de los enamorados en su camino al matrimonio con acompañamiento, porque el matrimonio en este tiempo ocupa ayuda, por eso formamos grupos de matrimonio que puedan apoyarse uno al otro. El tema de familia es una de las corrientes más fuertes que tenemos, no solamente acá sino también en otros países. 

 

¿Qué expectativas tiene del movimiento de Shoenstatt en Costa Rica?

Deseo que crezca más en las otras ramas que tiene para hombres, mujeres, madres, sacerdotes y niños. Tengo la expectativa de que las parroquias puedan apoyar más para poder echar raíces en las regiones del país. Tenemos expectativas en cuanto a la formación universitaria, es nuestro estilo de formación del hombre nuevo.

“El país necesita gobernantes con espíritu patriótico y visionario”

Escrito por Eco Catolico on . Posted in Entrevista

 

“El país necesita gobernantes con espíritu patriótico y visionario”

 

De cara al inicio de la campaña electoral con miras a las elecciones nacionales del 2018, el Presbítero Edwin Aguiluz Milla, director nacional de Pastoral Social-Caritas, brinda un análisis sobre el modelo de desarrollo y los gobernantes que ocupa y merece nuestro país. 

En su reflexión, Aguiluz explica que Costa Rica urge de un líder con espíritu patriótico y visionario, centrado en el bien de la totalidad de la población actual y futura, que incorpore un modelo económico que se centre en la persona y no en las fuerzas ciegas del mercado, generando riqueza para un sector con la falsa ilusión de que esta se derramará mecánicamente sobre el resto de la población.


Laura Ávila Chacón

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¿Qué particularidades ve en el escenario político de nuestro país al inicio oficial de la campaña electoral? 

En el escenario político, una amplia oferta partidaria, lo que, en un país pequeño como el nuestro, se traduce en una atomización de propuestas para la gestión de los poderes ejecutivo y legislativo. Se consolida, así, la tendencia a alejarnos del bipartidismo que, en su última etapa, había llegado a convertirse casi en una única corriente ideológica con dos banderas. Que no haya ninguna mujer candidata a la Presidencia de la República es una mala señal para una sociedad que aspira a lograr la equidad entre hombres y mujeres. Una novedad importante es el “Acuerdo Nacional entre los partidos políticos con representación legislativa”. No aparecen todos los grandes temas urgentes para enderezar el país hacia un modelo de desarrollo verdaderamente humano, integral, solidario y sostenible, pero es un primer gran paso para construir consensos en torno a aspectos claves del desarrollo nacional.

 

¿Y en lo social?

En el escenario social, lamentablemente, pese a mejoras leves en ciertos indicadores, persisten las tendencias gruesas de pobreza y desempleo, subempleo e informalidad laboral, así como la invariable cantidad de asentamientos informales, es decir, de precarios y tugurios, y el incremento en todos los indicadores de violencia, que ya es, según los parámetros de la Organización Mundial de la Salud, epidémica en los campos de homicidios, violencia infantil y muertes en carretera, lo que apunta a una negativa transformación cultural. Es alarmante la gravedad de la crisis de las finanzas públicas y la falta de convergencia patriótica no solo de los partidos políticos en torno a ella, sino de los diferentes sectores de la sociedad, afincados en sus intereses, mientras nos vamos aproximando a una grave explosión socioeconómica. Los estallidos de las crisis de la sobrepoblación del sistema penitenciario y del sistema de pensiones son pequeños ejemplos de la gravedad de no tomar decisiones a tiempo. Frente a nuestra realidad migratoria, que reclama, como pide el Papa Francisco, “acoger, proteger, promover e integrar”, preocupan las tendencias xenofóbicas de ciertos sectores. En el campo ambiental hay grupos que rechazan todo planteamiento ecológico tachándolo de “izquierdismo”, incluida la encíclica Laudato si, del Papa Francisco.

 

¿Hay algún aspecto que le preocupe o sobre el que llamaría la atención de los votantes?

La necesidad de apreciar la oportunidad de poder ejercer el sufragio, como uno de los componentes fundamentales de la democracia. No dejarse manipular ni embaucar por quienes ejercen la política de manera innoble, es decir, como politiquería. Asimismo, debemos llamar la atención sobre la necesidad de cambiar nuestra cultura cortoplacista, que demanda cambios inmediatos y logros acelerados, lo que no es posible en un corto plazo. La única manera de lograr cambios profundos es mediante acuerdos entre los partidos políticos sobre procesos de desarrollo de largo plazo. El cortoplacismo es el responsable de una oferta política inmediatista, que puede conducir a un populismo antidemocrático.

 

¿Qué principios debemos observar como ciudadanos y como creyentes de frente a las diversas propuestas de los partidos y candidatos?

El cristianismo es una cosmovisión integral, que, en cuanto a la convivencia social, busca cooperar en la construcción de un desarrollo humano caracterizado por su integralidad (abarca todos los aspectos de la vida humana y de la Creación). Este desarrollo solo es posible lograrlo desde los grandes principios expuestos por la enseñanza social de la Iglesia: el bien común, la solidaridad, la justicia, la autonomía de las personas y las comunidades para forjar su destino y ser protagonistas de su desarrollo (llamado principio de subsidiariedad), el poder vivir bien sin empeñar la posibilidad y el derecho de las futuras generaciones a vivir bien (lo que llamamos sostenibilidad). Se trata de un desarrollo que garantice la protección de la vida humana en todos sus momentos a partir de la concepción; que asegure el ejercicio de los derechos inalienables de las personas.    

 

¿Con qué actitud debemos acercarnos a la política?

La política es necesaria e inevitable. Alguien debe conducir las riendas del Estado. Pero hay muchas formas de hacerlo. La Iglesia propone al mundo los principios que antes mencioné, así como muchos otros elementos doctrinales, que permiten orientar la política según su más noble vocación: la de lograr que el ser humano pueda vivir con dignidad y en plenitud. La actividad política, tanto la de tipo partidista, como la del ejercicio de la función pública y la más amplia del trabajo para que la polis, la sociedad, sea un tejido social armonioso y propicio para la vida en plenitud de todos los que lo componen, es un campo en el que la Iglesia recuerda a los fieles laicos que deben vivir su compromiso cristiano. A esto se le llama, desde el magisterio de Pío XI, “caridad política”, “amor político”, es decir, la vivencia del amor cristiano en el ámbito social, en el ámbito de la colectividad. Lo ha recordado el Papa Francisco en El gozo del Evangelio: “La política, tan denigrada, es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común”.

 

¿Cómo responde a quienes se muestran apáticos, desencantados o que abiertamente rechazan el ejercicio democrático contenido en las elecciones nacionales?

Que comprendan que todos somos responsables de que la sociedad funcione bien. No tenemos derecho a desencantarnos, porque, en realidad, nos estaríamos desencantando de nosotros mismos. Los obispos latinoamericanos y caribeños en el importante documento de Aparecida nos recuerdan que la democracia no solo se puede limitar al sufragio, mediante el cual se eligen representantes de la población para el ejercicio de la administración pública. La democracia debe ser participativa: tras depositar el voto, vienen tareas como las del control ciudadano de la gestión estatal en todos sus ámbitos; la presión para corregir las medidas que atentan contra el bien común; la incidencia o influencia para que las políticas públicas y la normativa jurídica sean acordes con el auténtico desarrollo humano… La desilusión no debe conducir al abstencionismo o a la indiferencia, sino, más bien, a un mayor compromiso ciudadano.

 

¿Cuánto riesgo ve en el populismo como arma política?

No es fácil responder a esta pregunta por cuanto no existe una sola definición de populismo. En general, el término tiene una connotación peyorativa; es negativo. Una manera de entenderlo es como una estrategia política, que puede ser de izquierda o de derecha, que busca captar el voto y el apoyo de las grandes mayorías a partir de promesas demagógicas de satisfacción de necesidades puntuales, como las de ingreso, vivienda, seguridad. Es muy peligroso porque distrae la atención de la población de un modelo de desarrollo integral, de un verdadero proyecto-país de largo plazo, y puede ir acompañado de un deterioro de la institucionalidad democrática, dando lugar a formas autoritarias de gobierno.

 

Los casos de corrupción recientes, ¿qué impacto cree que tendrán en el desarrollo de la campaña electoral?

El impacto estará marcado por el manejo que sigan haciendo los grandes medios de comunicación y según lo instrumentalicen los diferentes actores políticos. El tema de la corrupción no se reduce a unos casos específicos, sino que es de una gran amplitud y arraigo; sin embargo, no se está dando una discusión de fondo sobre el tema de la corrupción, y aunque recientemente hubo una encuesta que lo posicionó en la opinión pública electoral, el tratamiento predominantemente está siendo meramente coyuntural y utilitario.

 

¿Qué mensaje le daría a quienes postulan sus nombres para cargos de elección popular, comenzando por el Presidente de la República?

Que Costa Rica ha perdido mucho de sus grandes logros del pasado. Aunque no se trata de repetir modelos que tuvieron sus condiciones de posibilidad históricamente irrepetibles, hay principios de solidaridad y búsqueda del bien común que los guiaron y que siguen vigentes. De ser uno de los países menos desiguales de América Latina, pasamos a ser hoy uno de los escasos países de la región en los que la desigualdad crece año con año. Nos distanciamos del modelo de sociedad pacífica del que nos llegamos a sentir tan orgullosos. Tenemos bombas de tiempo que terminarán explotando, como la de la crisis fiscal. El narcotráfico está encontrando un caldo de cultivo para penetrar cada vez más hondamente nuestra sociedad. Estos y otros retos requieren, en primer lugar, gobernar no en función de intereses particulares, sino en los de la nación, en orden al bien de todas y todos los habitantes del país. El país necesita gobernantes con espíritu patriótico, visionario, centrado en el bien de la totalidad de la población actual y futura, capaces de proyectos y procesos de largo plazo. Se trata de contar con un proyecto-país que incorpore un modelo económico que se centre en la persona, no, como dice el Papa Francisco, en las fuerzas ciegas del mercado, generando riqueza para un sector con la falsa ilusión de que esta se derramará mecánicamente sobre el resto de la población. Y si no resultaran electos, les animaría a que su papel de oposición sea constructivo y no obstruccionista y temeroso de que los aciertos de quienes ejercen las labores de gobierno pongan en peligro su caudal político. 

 

¿Cuál debe ser el papel de la Iglesia en este proceso?

Tiene un doble papel: uno, hacia adentro, es decir, hacia sus fieles, y otro hacia afuera, es decir, hacia el resto de la sociedad. Hacia adentro, recuerda a sus hijas e hijos que la vida cristiana no solo alcanza el nivel de las micro-relaciones (familia y amistades), sino, también, el de las macro-relaciones (la vida en sociedad: las relaciones económicas, políticas y sociales), como destacó el Papa Benedicto XVI. Les recuerda que es su deber moral ser fermento en la sociedad, imprimiendo la fuerza transformadora del Reino de Dios en su dimensión temporal en la política, la economía, la cultura y el cuidado y la recuperación del medioambiente. Orienta y acompaña en este propósito tanto al electorado como a los políticos católicos. Hacia afuera, la Iglesia, como una parte de la sociedad civil, propone su doctrina sobre la política como un marco ético-social coherente, viable y oportuno, que históricamente ha sido una de las fuentes de la construcción de la sociedad costarricense. 

 

¿Conserva la esperanza en el futuro político de nuestro país a pesar de todo?

Claro que sí. Si bien es cierto que hay señales de alarma en la situación del país y en ciertas formas de ejercer la política, también es cierto que existen, tanto en la ciudadanía como en las personas consagradas a la política, en todos los partidos, personas movidas por un sueño de un país próspero y con bienestar para todas las personas. Hay miles de personas comprometidas más allá de los vaivenes de la política partidista, en organizaciones que buscan el bien de las demás personas, como, por ejemplo, las dedicadas a la atención de personas vulnerables (adictas a drogas, menores de edad, adultas mayores), al desarrollo comunal, al cuidado del ambiente, a la gestión del riesgo de desastres, a la economía social solidaria, a la promoción cultural, al fomento del deporte, entre otras. Eso es política también, es construcción de la democracia.