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Madre espiritual de sacerdotes y misioneros

Escrito por Eco Catolico el . Publicado en Mujer grande es tu fe

Lis Chaves
Ordo Virginum, Dióc. de Cartago
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Entramos a octubre, mes de las misiones y es imposible desligarlas de Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz, carmelita descalza, la más joven doctora de la Iglesia, considerada la santa más grande del siglo XX y declarada también patrona de las misiones, curiosamente, una monjita de claustro que nunca salió de su convento.

Santa Teresita ofreció su vida por la salvación de las almas, pero en especial por los sacerdotes. Los adoptó en su maternidad espiritual, los consideraba sus hermanos y Dios le permitió tener comunicación por carta con dos de ellos, a quienes guió espiritualmente y sostuvo con su oración y sacrificio.

Soñaba con ser misionera y que al menos la enviaran a un convento de claustro en tierra de misión. No sucedió, pero Dios le concedió esa inmensa gracia de adoptar hijos-hermanos espirituales, de ser misionera con ellos y de tener una perenne misión desde su cielo tal cual ella lo dijo: “Pasaré mi cielo haciendo bien sobre la tierra”.

En uno de sus viajes a Roma antes de entrar al Carmelo, Santa Teresita compartió con varios sacerdotes y se dio cuenta de la necesidad de rezar por ellos. Por otra parte, sus padres siempre quisieron tener hijos varones misioneros, pero los dos niños que tuvieron murieron pequeños. Teresita era consciente de ese deseo y veía en los misioneros que acompañaba por carta, a esos hermanos sacerdotes que soñaba tener.

Quiero agradecer al Padre Mario Zúñiga por invitarme a su programa de Radio Fides “Aquí tienes a tu madre” al iniciar octubre, para poder conversar sobre la maternidad espiritual por los sacerdotes, una vocación de la Madre de Dios pero que es dada a muchísimas almas, entre ellas a Santa Teresita del Niño Jesús.

Una gran forma de ayudar y sostener a la Iglesia es orar y ofrecerse por los sacerdotes mientras realizan la gran misión que Dios les ha confiado. Así en lugar de criticar, se reza y en lugar de juzgar solo se ama. El juicio siempre se le ha de dejar a Dios, a nosotros nos corresponde amar y orar. Y como el que ama también corrige con caridad, la maternidad espiritual también conlleva corregir y ayudar.

En Teresita vemos un alma preocupada porque la entrega de los sacerdotes no era absoluta como debía ser y escribía a su hermana Celina: “Celina querida, lo que tengo que decirte es siempre lo mismo ¡Oremos por los sacerdotes”. Me parece que lo que más debe dolerle es precisamente la ingratitud! Sobre todo, ver que las almas que se han consagrado a El dan a otros el corazón que le pertenece de una manera tan absoluta.”

En las cartas a sus dos hermanos sacerdotes misioneros ella busca confortarlos espiritualmente. Muestra su interés por la vida espiritual y humana de los sacerdotes. Mauricio Belliere fue el primero que le asignaron y a quien escribe “yo le pido que no solo sea un buen misionero sino un santo totalmente abrasado de amor a Dios y a las almas”. Adolfo Roulland fue el segundo misionero a quien le pidieron acompañar y ella lo hizo con gran celo por las almas: “Me sentiré verdaderamente feliz de trabajar con usted por la salvación de las almas” le escribió.

Todos estamos llamados a ser misioneros de diferentes maneras y también a colaborar con los sacerdotes de diversas formas, una de ellas es sosteniéndolos en la oración y el sacrificio como Santa Teresita. Ruega por nosotros y por la Iglesia, Florecita de Jesús.

 

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La prostitución no es trabajo digno

Escrito por Super User el . Publicado en Mujer grande es tu fe

Lis Chaves
Ordo Virginum, Dióc. de Cartago

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Me gusta ver las entrevistas de Edgar Silva en “Las Paredes oyen” por conocer las historias de vida y aprender de los demás, pero la semana pasada terminé con disgusto. Y no tiene que ver con la entrevistada, ella es mujer, madre y tiene igual dignidad que yo ante Dios. Somos hijas de Dios, creadas a su imagen y semejanza.

El disgusto que siento tiene que ver con la forma de presentar la prostitución en la entrevista. El significado de la palabra “prostitución” según el diccionario es “actividad de la persona que tiene relaciones sexuales a cambio de dinero”. Hay otras acepciones del término como por ejemplo “Deshonrar o degradar algo o alguien abusando con bajeza de ellos para obtener un beneficio”. Popularmente, el término ciertamente es peyorativo, pero es una palabra que existe y da significado exacto a la actividad que se realiza. 

Yo jamás podría dirigirme a estas mujeres de una forma que las insulte, es claro que no les gusta que les llamen prostitutas, yo las puedo llamar hasta hermanas y las respeto en su dignidad de mujeres, pero eso no cambia la realidad de la actividad que realizan. Digo esto porque presentar la prostitución en televisión nacional como un trabajo digno, como una forma de subsistencia para hacer dinero más rápido que en otros trabajos que no requieren sexo y como algo que además se disfruta es sencillamente horroroso.

Si yo tuviera una hija adolescente que vio el programa y entonces se pregunta, para qué estudiar, mejor me hago prostituta… hubiera tenido que sentarme a explicarle la otra cara de la moneda. Hemos sido una sociedad de valores que está quebrándose en este momento. Aun sin Dios, hemos tenido valores importantes en la educación como la fidelidad a una pareja, el respeto al cuerpo humano y a la mujer, el control de la sexualidad, fomentar el estudio y el profesionalismo en las personas. La prostitución nunca ha sido un valor en nuestra sociedad y nunca se ha considerado digna para ninguna mujer.

Desde la fe, el cuerpo es templo de Dios y por tal razón no podemos prostituirlo porque el sexo es un acto íntimo que se reserva para el sacramento del matrimonio. Por tanto, la prostitución atenta contra la dignidad de la mujer que está llamada a grandes misiones en la vida. Dinero fácil y rápido de esta forma trae sus consecuencias negativas, entre ellas, enfermedades de transmisión sexual, soledad, sufrimiento.

Por más que digan que “lo disfrutan” en el fondo tiene que haber mucho vacío y deseos de ser amadas y respetadas. Jesús jamás apartaría estas mujeres de su camino. Él vino a dignificarnos. No rechazaría a ninguna, ni a la peor criminal, pero lo que hace es hacernos ver nuestra falta, levantarnos con misericordia y ponernos a caminar con nueva dignidad. “Tampoco yo te condeno. Vete y no peques más” Jn 8, 11. Jesús no condena, nos salva y ayuda, pero la condición es “no peques más”.

Yo no estoy juzgando mal a nadie. Solo resalto que no debe presentarse la prostitución como un trabajo digno, ni siquiera como un trabajo para la mujer. Lo que vimos fue la decisión y la opción que una mujer tomó en un momento difícil de su vida, otra cosa es promover la prostitución públicamente en un canal serio que además siempre ha comulgado con la fe católica. Aunque quienes estén en esto hoy no me comprendan, yo no las discrimino, yo puedo sentarme a tomar café con ellas y hablar de la vida, pero bajo la luz de Dios lo digo, ninguna mujer merece vender su cuerpo. Fuimos creadas por Dios con enormes virtudes para grandes ideales, no para quedarnos en la esfera lujuriosa de la carne.

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Tres anclas divinas

Escrito por Super User el . Publicado en Mujer grande es tu fe

Lis Chaves
Ordo Virginum, Dióc. de Cartago
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Somos pequeñas embarcaciones en el mar de la vida. Los transatlánticos que van preparados para enfrentar toda tormenta sin hundirse son los santos, porque tienen una fe tan fuerte y madura que van blindados para recibir cualquier ataque y tormenta, su meta es el cielo.

Por eso recomiendo que todos nosotros, que somos barquitos, lancemos tres anclas que nos permitan navegar sin hundirnos. Cuando hay buen tiempo llevamos las anclas dentro del bote y cuando viene el temporal las lanzamos para que nos mantengan fuertes hasta que pase la tormenta. ¿Cuáles son estas anclas divinas? Se las comento brevemente:

1. La Palabra - el Evangelio hecho vida:

Debemos vivir atravesados por la Palabra de Dios, por el Evangelio. Debemos leer la Palabra y hacerla vida. Que Dios viva en nosotros como su morada. Debemos conocer muy bien qué dijo Jesús, qué hizo, cuáles eran sus sentimientos, sus prioridades, sus desvelos. Ser capaces de citar su Palabra, conocerla y amarla para que nos guíe y seamos capaces de sostenernos firmes en Ella ante ataques y tormentas.

2. La Iglesia

La Iglesia es el cuerpo místico de Cristo. No podemos amar a Cristo sin su Iglesia porque ella es su cuerpo y no se puede amar solo la cabeza, debemos amar al Cristo total. La Iglesia es nuestra Madre y tiene todo lo que necesitamos para salvarnos (los sacramentos, la liturgia, la custodia de la fe). Debemos permanecer en comunión con el vicario de Cristo, el Santo Papa y vivir en permanente oración por todas sus necesidades, de la Iglesia y del mundo (esto lo pidió la Virgen en Fátima a los pastorcitos) Es muy importante y necesaria nuestra oración por la santificación del clero.

3. La Virgen María

La Madre de Dios es también madre nuestra, madre de toda la Iglesia. El mismo Papa Francisco lo ha dicho “el que camina con María no se condena”. Y esa misma frase la aplico a nuestro pequeño barquito y digo: el que navega con María jamás se hunde. Ella siempre sacará a la luz las malas intenciones, será nuestro faro en la oscuridad, nos protegerá del mal y nos llevará a puerto seguro, al puerto del cielo donde nos espera Jesucristo.

Tenemos entonces tres anclas divinas y poderosas para continuar de forma segura nuestra peregrinación por esta vida pasajera, rumbo a la vida eterna. Podremos escuchar miles de voces distintas que quieran distraernos de la verdad, podremos ver como unos y otros se atacan sin saber quién tiene la razón o quién es culpable pero nuestra alma estará a salvo con las anclas divinas. Lo mas importante es no hundirnos en el mar de la muerte, esto significa no permitir que el demonio nos engañe con sus formas sutiles para que perdamos la vida eterna. El mal va a buscar siempre apartarnos de la Iglesia porque sabe que es nuestro medio de salvación, va a buscar la división, que nos alejemos del Santo Padre, que hablemos mal de los demás, que juzguemos, que no vivamos de la Palabra… y cuando el alma se da cuenta ha entrado en ella la angustia, el odio, la venganza, la desesperación y finalmente, la muerte.

Mujeres de fe, tenemos una gran responsabilidad en estos tiempos como custodias de la fe. Hay que enseñar a los niños y adolescentes la fe verdadera y enseñarlos a defenderse para que sus barquitos también naveguen seguros y un día estemos todos unidos en el cielo. 

 

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La Negrita: ternura del amor de Dios

Escrito por Super User el . Publicado en Mujer grande es tu fe

Lis Chaves
Ordo Virginum, Diócesis de Cartago
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¡Cuántos testimonios de la misericordia de Dios a través de la Virgen de los Ángeles, patrona de Costa Rica! Es tan hermoso ver que miles de personas caminan hacia Cartago el 2 de agosto para implorar la intercesión de la Madre de Dios ante tantas necesidades. Muchas otras personas peregrinan para dar gracias por favores concedidos, para seguir poniendo sus vidas en las manos de la Virgen María.

Es innegable que ella es una madre misericordiosa que con sus oraciones enciende el cielo de amor y lanza dardos urgentes con solicitudes de sus hijos a Dios Trinidad. Nada se concede sin no es voluntad de Dios y nuestra Madre es una gran intercesora, pero siempre hará lo que su Hijo diga como en las bodas de Caná.

El Papa Francisco nos ha repetido incansablemente que no somos huérfanos, que tenemos una Madre, que María es Madre y que quien camine con ella jamás se condenará. Y cuenta el Papa en uno de sus discursos, el caso de la Virgen de los mandarinos en Italia, llamada la Virgen de los granujas (ladrones) pues dice que San Pedro deja entrar a unos y a otros no. A los que no entran, María les pide esconderse y los deja entrar al cielo por una ventana. Es una forma graciosa de decirnos que María nos quiere salvar a todos porque todos somos sus hijos. (Aleteia, marzo 17, 2017)

Ella es una Madre misericordiosa. Cuando veo entrar a tantas personas llenas de dolor y súplicas a la Basílica Nuestra Señora de los Ángeles pienso que la Virgen se derrite de amor por cada una de ellas. Si yo que soy solo una creatura me conmuevo, ¿cómo no se conmoverá la Reina de la Misericordia, quien llevó en su seno al Dios Amor, al Dios Perdón, al Dios Misericordia?

No me alcanzaría esta columna para contarles mi testimonio con la Negrita. Solo les puedo resumir que mi madre sanó de un cáncer por su intercesión y que mi conversión a una vida en el Espíritu y mi vocación a la vida consagrada es también obra de esta dulce madre. Mi promesa fue rezarle el rosario todos los días y entregarle mi vida. Y entre más me acerco a María más me enamoro de Jesús, porque ella solo sabe llevarnos a un lugar: al corazón de Cristo.

Dios me permitió conocer la Basílica Santa María de los Ángeles, en Asís, donde está la Porciúncula, un lugar tan amado de San Francisco y debo confesar que caí de rodillas, fue como entrar al vientre de la Madre celestial, en la ternura del amor de Dios. Tenemos lo mismo en la Basílica de nuestra Negrita: una fuente inagotable de misericordia divina, un mar infinito de ternura y una Madre que nos espera siempre.

 

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Dios es Sabiduría

Escrito por Super User el . Publicado en Mujer grande es tu fe

Lis Chaves
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Tengo algunas amigas que no estudiaron carreras universitarias y que se dedican a diferentes oficios y en algunos momentos me han manifestado el temor que sienten de expresarse, de lanzarse a hacer algo nuevo o de que simplemente no se les tome en cuenta por no tener un título.  Yo siempre les pongo el ejemplo de nuestras cuatro Doctoras de la Iglesia.
Un doctor de la Iglesia es un título que la Iglesia (a través del Papa o un concilio ecuménico) otorga a ciertos santos para reconocerlos como eminentes maestros de la fe para los fieles de todos los tiempos.  Lo anterior significa que la Iglesia recomienda su doctrina.

En nuestra Iglesia Católica tenemos 35 doctores de la Iglesia y entre ellos hay cuatro mujeres grandiosas:  Santa Teresa de Ávila, Santa Catalina de Siena, Santa Teresita del Niño Jesús y Santa Hildegarda de Bingen.  Ninguna tiene título universitario, ninguna fue a la universidad e incluso veamos el caso extremo de Santa Catalina de Siena, no sabía leer ni escribir, era analfabeta y aun así le tocó aconsejar a reyes, políticos, clérigos y hasta el Papa.

Dios es perfección, belleza suprema y sabiduría. Quien se acerca a Dios no solo se santifica en el amor, sino que se embellece a semejanza de Dios y obtiene la sabiduría que viene de Él. ¿De dónde más iban a obtener estas Doctoras de la Iglesia su sabiduría?  Las universidades no ofrecen esta sabiduría, solo nos dan conocimientos útiles pero la verdadera sabiduría solo viene de Dios porque es Dios mismo.
Nadie tiene que sentirse menos por no haber estudiado y no portar un título universitario. Tenemos una igual dignidad delante de Dios.  Es más, yo admiro las amigas que tengo y que no estudiaron, comenzando por mi madre que tiene una gran prudencia y sabiduría de la vida. Estas amigas mías que no estudiaron son honestas, transparentes, serviciales como nadie y comprenden la Palabra de Dios y el Evangelio mejor que los teólogos porque ellas están haciendo vida la palabra en sus lugares de trabajo y en sus familias.

Quiero aclarar que mi intención no es decir que no vale la pena estudiar. Yo aliento siempre a todos a formarse toda la vida y si uno tiene la oportunidad de estudiar una carrera bendito Dios y que sea siempre para servir mejor a los demás.  Lo que yo quiero destacar es que no debemos confundir la verdadera sabiduría que es Dios con los conocimientos que podamos adquirir en una universidad y que no debemos jamás menospreciar a nadie porque no estudió, porque quizás su oficio da mas gloria a Dios que un profesional déspota y egoísta que, aunque gana millones, todos los días hace sentir mal a los demás.

Recordemos que, para el cristiano, la vida en este mundo es para dar gloria a Dios con todo lo que hagamos y especialmente cuando luchamos por ser santos.  Yo le pido a la gente sencilla y llena de Dios que anden siempre con la frente en alto, que jamás permitan que nadie les haga sentir mal por lo que no son y que mediten mucho en nuestras cuatro doctoras de la Iglesia, en su doctrina impresionante, en su sabiduría desbordada sin jamás haberse graduado de una universidad.  Ir a la Universidad y tener muchos títulos no nos hace mejores que nadie mas bien nos obliga a servir más y mejor.  

Yo agradezco a Dios los valores que mi madre me dio (una mujer que tiene solo la educación primaria).  Agradezco a Dios por ver a mi alrededor personas que no estudiaron y viven haciendo el bien con tal generosidad y fe, pero también doy gracias a Dios por mis amigos profesionales que luchan por ser santos y comprenden que todos somos iguales y necesarios en el Reino de Dios.

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