All for Joomla All for Webmasters

Para verdades el tiempo

Escrito por Eco Catolico el . Publicado en Editorial

Este es un domingo histórico para la Iglesia. Lo es porque se consolida un proceso de canonización que costó mucho y que tuvo que superar grandes obstáculos para hacerse realidad.

Hablamos de la elevación a los altares de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, Arzobispo de San Salvador, asesinado por odio a la fe el 24 de marzo de 1980, profeta y mártir centroamericano.

Despejadas todas las dudas acerca de sus motivaciones y modos de proceder, la figura de Monseñor Romero es icónica. Desde ya se le invoca como abogado de la justicia social, en favor de los pobres y los perseguidos.

Ha sido el Papa Francisco, conocedor en profundidad tanto de la realidad histórica de la región, como del propio Monseñor Romero, quien lideró el desbloqueo de la causa para hacer realidad algo que el pueblo humilde de El Salvador sabía desde la muerte de su pastor: Romero es santo.

Para verdades el tiempo. Hoy los detractores y quienes tanto le atacaron callan y la figura de Romero se eleva. Su santidad, enjoyada del martirio, es para todos los creyentes, modelo de vida cristiana.

Romero experimentó un proceso de conversión al entrar en contacto directo con la realidad de su gente más humilde. El asesinato del Padre Rutilio Grande marcaría un punto de inflexión en su vida y ministerio. Aquellas pobres gentes sufridas y asediadas se habían quedado sin su pastor y él tomaría su lugar.

Solo la realidad puesta en el prisma de la fe es capaz de cambiar el corazón del hombre. Ninguna teoría o ideología soporta la prueba de la vida, solo el amor empuja a un hombre tímido a enfrentarse a las élites políticas y económicas que arrinconan al pueblo. 

Y es tan válido para el tiempo de Romero como para el nuestro, urgido de referentes de coherencia y valor que sean capaces de levantar la voz por aquellos que no la tienen.

Monseñor Romero nunca se apartó de las enseñanzas de la Iglesia, por el contrario, hizo del Evangelio una ruta de vida que lo llevó, como a Cristo, a la muerte por amor.

Ese sello de sangre se hizo patente el día de su vil asesinato, cuando combinaría su sangre con la del Señor al pie del altar de la capilla de la Divina Providencia, donde recibió el mortal disparo que le perforó el corazón.

El crimen, ordenado por la élite de derechas de la época, personalizada en el militar Roberto D’Aubuisson, habla también del sufrimiento del pueblo centroamericano. De los miles y miles de muertos y desaparecidos, de los torturados, las viudas y los huérfanos de los insensatos conflictos desatados en la región, animados por fuerzas externas e internas que aún hoy siguen sin recibir su señalamiento y condena.

Todo este dolor recibe justicia en la figura de San Oscar Romero. En su camisa ensangrentada está toda la sangre inocente derramada en El Salvador y en los demás países centroamericanos. Junto a sus reliquias se redime el sufrimiento infinito de nuestros pueblos.

Romero es ejemplo de pastor con olor a oveja. Adelantado para este concepto, acuñado por el Papa Francisco, supo estar en medio de su pueblo animándolo, clamando junto a él por paz y celebrando el don de la fe con esperanza y verdad.

Romero es el primer santo mártir de los nuevos tiempos. Con él se inaugura una nueva página en la historia de la Iglesia latinoamericana, que debe de inspirarnos a todos con su testimonio y prioridades para poder seguir siendo fiel al mandato del Señor de estar siempre con los marginados de la sociedad.

Y junto a él, la canonización de un contemporáneo suyo, el Papa Pablo VI, quien lo hizo Arzobispo de San Salvador y a quien se dirigió el mismo Romero en muchas ocasiones para hacer “sentir con la Iglesia” todo el sufrimiento del pueblo salvadoreño.

Pablo VI, el Papa de la vida, impulsor sin tregua de la unidad de los cristianos, el hombre de oración que consolidó el Concilio y propulsor de la civilización del amor, conforma con Monseñor Romero una unidad indivisible sellada por la fe.

Que sus vidas, unidas ahora en la santidad, nos animen como Iglesia a hacer opciones claras y consecuentes para seguir, como ellos, trabajando para instaurar el Reino de Dios en medio del mundo.

San Romero de América, ¡ruega por nosotros!

San Pablo VI, ¡ruega por nosotros! 

Amén.

 

0
0
0
s2smodern

La Iglesia le cumplió al país

Escrito por Eco Catolico el . Publicado en Editorial

Por más de 100 horas a lo largo de 9 encuentros, el equipo mediador de la Iglesia facilitó el diálogo y el acercamiento entre los representantes del gobierno y la unión sindical.

Dicha función, pedida por ambos grupos ante la crisis social causada por la huelga indefinida convocada por los gremios, tuvo como fin abrir y mantener los canales de conversaciones que pudieran establecer las condiciones para una eventual mesa de diálogo en la que se definiera el futuro del llamado Plan Fiscal, que avanza en la Asamblea Legislativa.

Los trabajos involucraron a tres obispos y cuatro sacerdotes directamente, quienes durante jornadas extenuantes sentaron las bases del diálogo que dio como resultado un documento de acuerdo, elaborado entre todos los presentes, que tuvo como objetivo la consulta a las bases sindicales y sociales.

Finalmente el pasado fin de semana, dichas bases rechazaron el acuerdo suscrito por sus propios líderes y con ello se puso fin al servicio de mediación de la Iglesia, pues se cerró el ciclo de encuentros preliminares para los cuales fue llamada.

La Iglesia le cumplió al país y a los costarricenses. Consecuente con su misión, buscó que se siguieran los mecanismos de encuentro para lograr acuerdos, procurando la paz y el desarrollo con justicia social. Su esfuerzo fue incluso reconocido y agradecido tanto por el gobierno como por los sindicatos.

En la misma actitud histórica que en otros momentos de la vida nacional la han llevado a escenarios similares para garantizar el bien común, la Iglesia trazó un itinerario de trabajo animado por la doctrina social y el principio de que los hijos de la Patria no son enemigos, sino miembros de la misma familia y que para salir adelante deben de ser capaces de ponerse de acuerdo para poder avanzar.

Otros fueron los factores que dieron al traste con el resultado de este esfuerzo de diálogo, y la historia se encargará de sacar a flote la verdad, pero lo cierto es que de parte de la Iglesia, se hizo hasta el último esfuerzo para que se diera.

Mucho ha sido el aprendizaje de esta experiencia, que servirá para futuros procesos similares. Aspectos como la gestión de la comunicación, por ejemplo, en época de redes sociales, transmisiones en directo y noticias falsas, tiene que ser minuciosamente acordado con antelación y observado por todas las partes, para generar confianza recíproca, custodia de los acuerdos y evitar las versiones y sub versiones de los hechos.

Si bien el servicio de mediación formal concluye en esta etapa, la Iglesia seguirá atenta y plenamente involucrada en la situación nacional, iluminando, acompañando e insistiendo en los principios más altos que deben de observarse en una coyuntura tan delicada como la que vive el país.

Señalará con valor, como ya lo ha hecho, cuando los intereses personales, ideológicos o sectoriales quieran imponerse al bien de las mayorías, denunciará la prepotencia, las tácticas dilatorias y la ilegalidad, así como todos los actos y actitudes que se opongan al modo pacífico en que los costarricenses siempre hemos superado nuestras diferencias.

Animada por el magisterio, colocará siempre como fin primero la paz, que siendo como es, un don de Dios, debemos llevarla a nuestros hogares, a la comunidad donde vivimos y a la vida pública del país.

Con el Papa Francisco, insistirá siempre que el diálogo es un aspecto fundamental de la misericordia, pues permite a las personas conocer y entender las necesidades de los demás. 

“¡Cuánto avanzaríamos con solo aprender a escuchar al otro! ¡Y cuánto más si estuviésemos en disposición de ver en el otro los aspectos positivos que seguramente tiene! El diálogo también es una expresión de la caridad, porque aunque tengamos grandes diferencias, nos puede ayudar a encontrar y compartir cosas que tenemos en común. ¡Por diferentes que seamos, siempre tendremos algo en común!”, nos recuerda el Santo Padre. 

En efecto, el diálogo rompe los muros de las divisiones y confrontaciones; construye puentes de comunicación e impide que nos aislemos, encerrándonos en nuestro propio mundo. El diálogo es escuchar lo que me dice el otro y decirle respetuosamente lo que yo pienso. Pero si no dejamos que los otros digan todo lo que está en sus corazones y comenzamos a  gritar, no podremos dialogar. ¡Gritamos tanto hoy en día!, recuerda el Papa Francisco. Hay que escuchar, explicar con mansedumbre, no ladrarse el uno al otro, dice el Papa. No gritar, sino tener el corazón abierto.

Y con el corazón abierto, ser capaces de negociar, de ceder y llegar a acuerdos para avanzar por el bien de todos. 

Que el Señor nos ayude a encontrar el camino.

 

0
0
0
s2smodern

Los jóvenes son el hoy de la Iglesia

Escrito por Eco Catolico el . Publicado en Editorial

La Iglesia es de los jóvenes o no será. Bajo este principio se reunirán a partir del próximo 3 de octubre 190 obispos de todo el mundo junto al Papa Francisco en el Sínodo sobre los Jóvenes, bajo el lema: “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”.

Este momento privilegiado en la vida de la Iglesia en el que se orienta la reflexión sobre un tema específico, desea ser escenario de escucha atenta a los jóvenes, para adentrarse en su realidad y ofrecer respuestas pastorales efectivas que les permitan alcanzar la vida digna que les corresponde como hijos e hijas de Dios.

Habrá momentos dedicados a la oración, al trabajo en conjunto, a la escucha de testimonios, al estudio de temas conflictivos, a la celebración y a las propuestas de solución, es decir, se tratará de un intenso mes de trabajo del cual saldrán como resultado una serie de orientaciones que servirán de insumos para que el Santo Padre elabore una próxima exhortación apostólica.

El sínodo constituye una unidad junto a la Jornada Mundial de la Juventud de Panamá a inicios del próximo año, y debe de entenderse como expresión inequívoca de la opción preferencial de la Iglesia por los jóvenes.

Por eso las jornadas de trabajo partirán siempre del documento que fue elaborado por jóvenes de todo el mundo, en el que se les pidió abrir el corazón para mostrar aquellos elementos sobre los que es necesario detenerse, sin importar si se trata incluso de quejas y críticas a la misma Iglesia, tal y como lo recomendó el mismo Papa Francisco.

De ese documento es posible extraer aspectos comunes que son urgentes de analizar para los jóvenes, tales como los mecanismos de acogida por parte de la Iglesia, en ocasiones poco atrayentes y significantes para su realidad, así como su prácticamente nulo papel en la definición de los planes y proyectos pastorales.

El dañino clericalismo adultocentrista, presente todavía en muchas estructuras de la Iglesia, es otro de los temas que sin duda ocuparán a los padres sinodales. Y como una de las consecuencias de este problema, otro más grave aún, como es el crimen de los abusos sexuales.

Sobre este punto, estamos seguros, girará buena parte de las sesiones del sínodo, dadas las dolorosas situaciones que han salido a la luz pública en las últimas semanas, sobre hechos cometidos mayormente hace décadas, pero cuyo dolor llega a nuestros días reclamando la justicia que le corresponde.

Es necesario, y los padres sinodales lo entienden, tomar las medidas que sean necesarias para hacer de la Iglesia un lugar seguro para todos, pero en particular para los jóvenes, en cuya etapa de vida necesitan un adecuado acompañamiento, orientación y dirección.

Voces se han levantado para decir que, por la misma situación, no debería de realizarse el sínodo de los jóvenes en este momento, argumentando que no sería coherente ni honesto hacerlo en medio de los graves escándalos de abuso sexual, sin embargo, creemos que más bien este es el escenario en el que estos temas deben de ponerse sobre la mesa, sintiendo en carne propia el dolor de las víctimas para que con coraje y determinación, se tomen las medidas para extirpar este mal de la Iglesia al precio que sea necesario.

Igualmente, estarán en la agenda de trabajo asuntos igualmente importantes como los riesgos a los que están expuestos los jóvenes actualmente, como el consumismo y el egoísmo de la sociedad actual, las drogas, la desintegración familiar y la violencia en todas sus formas.

El sínodo debe de ser entendido como un bien para toda la sociedad, pues jóvenes conscientes de su valor y su lugar en el mundo, pueden actuar con mayor responsabilidad procurando el bien de sus entornos, llámense familias, comunidades y países.

La misma Iglesia, al reflexionar sobre los jóvenes, sienta las bases de su propio futuro, pues de las nuevas generaciones se sostienen las próximas vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa. En este sentido, al hacer énfasis en el tema del discernimiento vocacional, el sínodo quiere hacer que los jóvenes descubran el plan de Dios para sus vidas, y se orienten a él con el apoyo de toda la Iglesia.

La vocación al amor -como explica el documento de trabajo- “asume para cada uno una forma concreta en la vida cotidiana a través de una serie de opciones que articulan estado de vida (matrimonio, ministerio ordenado, vida consagrada, etc.), profesión, modalidad de compromiso social y político, estilo de vida, gestión del tiempo y del dinero, etc. Asumidas o padecidas, conscientes o inconscientes, se trata de elecciones de las que nadie puede eximirse. El propósito del discernimiento vocacional es descubrir cómo transformarlas, a la luz de la fe, en pasos hacia la plenitud de la alegría a la que todos estamos llamados”.

De este modo, un joven que sabe lo que quiere y merece, que no anda perdido en el mundo, no explora caminos que no le convienen, se aleja de quienes lo podrían desviar y mantiene altura de miras para saber escoger en libertad únicamente entre lo bueno y lo excepcional para su vida.

Ese joven ya es signo de Cristo en medio del mundo, pues tiene claro su destino en la vida y es modelo para otros jóvenes. Su actitud se propaga entre sus compañeros logrando ser, casi sin proponérselo, evangelizador de sus amigos y un auténtico discípulo del Señor.

De nuestro país viaja a Roma como delegado al sínodo Monseñor Mario Enrique Quirós, Obispo de Cartago y Presidente de la Comisión Nacional de Pastoral Juvenil. Lleva consigo el clamor de la juventud costarricense, que sabemos, se hará sentir por medio suyo en el aula sinodal.

Muchos son los retos que enfrenta la juventud costarricense y mucho es el camino que como Iglesia debemos transitar para estar realmente a su lado. El sínodo será por ello, una excelente hoja de ruta para las acciones que se deben de tomar.

La parte que nos corresponde es orar para que el Espíritu Santo derrame sobre cada uno de los padres sinodales y demás participantes su gracia y su claridad, a fin de que los jóvenes sean verdaderamente el hoy de nuestra Iglesia, urgida de su sangre nueva, alegría, fuerza y esperanza para seguir proclamando la Buena Noticia de la salvación al mundo.

0
0
0
s2smodern

197 años de vida… ¿independiente?

Escrito por Super User el . Publicado en Editorial

Decir setiembre es pensar en la Patria. Este mes trae a nuestra mente el recuerdo de los pioneros que forjaron los cimientos de nuestra nación y de todos aquellos que, a lo largo de casi dos siglos de historia, siguen construyéndola sobre principios como el bien común, la solidaridad y la legalidad.

Tendemos a pensar que la Patria la hacen exclusivamente quienes están transitoriamente en el poder, o aquellos que materialmente, y de modo heroico, han ofrendado su vida por la libertad, la democracia y la paz, sin embargo, se trata de una misión más amplia que nos concierne a todos.

Hace Patria el trabajador honesto y esforzado, el empresario justo y responsable, la ama de casa abnegada, el estudiante aplicado, el servidor público honrado y consecuente, el sacerdote humilde y fiel, el inmigrante agradecido y respetuoso… en fin, todos contribuimos desde nuestro servicio y condición a forjarla y engrandecerla.

Por el contrario, se oponen al auténtico patriotismo la corrupción, la vagancia, la indiferencia, la injusticia, la falta de lealtad, el egoísmo y la rapiña de los recursos que son de todos.

Siempre hay personas que, incluso sin proponérselo, desde sus principios y valores personales, aportan todos los días a que Costa Rica sea un mejor país, sin embargo, hay otros que por el contrario, parece que cada día se levantan con la intención de dañar el país, y con él a todos los que formamos parte.

Pertenecen a aquellos que por ignorancia o maldad, son incapaces de ponerse en la realidad de los demás. No pueden o no quieren asumir como propia la condición, necesidades y sentimientos de sus hermanos. Piensan solo en sí mismos y su beneficio, en la perpetuación de sus comodidades y en el modo de vivir mejor aunque sea a costa de los que menos tienen.

Son los malos patriotas que dividen el país, las instituciones, las empresas y las familias, que siembran el odio y la cizaña, que sacan partido del caos y el desconcierto, que prefieren la confrontación al diálogo, que no ven más allá de sus narices y sin contemplación borran las líneas que separan el bien del mal siempre pensando únicamente en su provecho.

Ignoran la voluntad del pueblo, y al dictado de corrientes de pensamiento, gustos y modas, legislan, sentencian o ejecutan acciones que transforman la sociedad desde sus cimientos. Con subterfugios legales, cambios del lenguaje y sutiles introducciones en leyes y reglamentos van cambiando aquello que de frente, con honestidad y transparencia, no podrían lograr.

Son los mismos que se gozan debilitando la familia, que promueven el libertinaje sexual, aplauden el divorcio, esterilizan niñas, promueven el aborto y hacen de la economía, la comunicación y el arte factores de manipulación y dominación cultural.

Bajo la bandera de los derechos humanos estiran conceptos, tergiversan y cambian el sentido a su gusto y antojo. No buscan el bien ni les interesa la verdad. Llegan incluso al descaro de manipular la evidencia científica a su antojo para redefinir, por ejemplo, el inicio de la vida humana.

Frente a este panorama, cabe preguntarse con honestidad si celebramos 197 años de vida independiente o si por el contrario, lo que deberíamos hacer en el marco de las fiestas patrias es preguntarnos seriamente lo que hemos hecho con nuestro país y el camino para recuperarlo.

Ingenuo aquel que se deslumbra en el patriotismo maquillado, sonoro y multicolor, nacionalista y vaciado de humanidad, alejado de la realidad y de los retos que enfrentamos como nación, donde, como repetía el recordado arzobispos Monseñor Román Arrieta, “o nos unimos, o nos hundimos”.

Mirar para otro lado cuando el daño a la Patria avanza a vista y paciencia de todos es un acto de suprema irresponsabilidad que nos llevará al despeñadero de la vida en sociedad, oponiéndonos, distanciándonos y volviéndonos irreconocibles unos a otros en una espiral de odio que solo producirá cosas negativas.

Que esta celebración de la independencia nacional sirva para que abramos los ojos y nos demos cuenta de que solo juntos podemos hacer grande a Costa Rica, levantarla de donde la han dejado postrada y hacer de ella una nación donde se viva en desarrollo, armonía, reconciliación y paz.

Es el deber con nosotros mismos, con nuestro pasado pero especialmente con el futuro, con los costarricenses que todavía están por nacer y por quienes merece dar el mayor esfuerzo.

0
0
0
s2smodern

La Sagrada Familia migrante

Escrito por Super User el . Publicado en Editorial

Amenazada su vida por el imperio, impulsada por el Espíritu Santo, la Sagrada Familia de Nazaret toma camino en dirección a Egipto, donde encuentra un lugar seguro para establecerse. 

Es lo que leemos en el evangelio de San Mateo: “Después de la partida de los magos, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo”. José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto. Allí permaneció hasta la muerte de Herodes”, (Mt 2,13-15).

Los historiadores no se ponen de acuerdo en la fecha de la muerte de Herodes, pero si coinciden en que Jesús y sus padres vivieron varios años lejos de su tierra, como auténticos migrantes.

Este pasaje, que para muchos creyentes pasa casi desapercibido, es fundamental para comprender la visión cristiana de la migración como fenómeno humano de todos los tiempos, expresión natural del instinto de supervivencia y como lugar privilegiado para la práctica de las virtudes de la fe.

Acoger al peregrino es de hecho uno de los consejos evangélicos más repetidos a lo largo de la Sagrada Escritura, al punto de ser parte del sermón de las bienaventuranzas, en el cual el Señor recuerda que para ganar la vida eterna, es necesario acogerlo a él mismo en los forasteros.

Este contexto de fe debería de resultar suficiente para sentir rechazo y vergüenza por los hechos de los últimos días sucedidos en nuestro país, a través de los cuales, algunas personas se han manifestado de un modo repudiable contra los nicaragüenses que han llegado en las últimas semanas como resultado de la crisis política y social que viven en su país.

Ninguno de los que ha participado en la bajeza de esas marchas o manifestaciones podría llamarse discípulo de Cristo migrante, ni hijo de la iglesia, desinstalada por esencia y misión.

Igualmente, quienes creen que no es asunto suyo el dolor de los hermanos que sufren. Como nos recuerda el Papa Francisco, “la cultura del bienestar, que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace muchas veces insensibles al grito de los otros, nos hace vivir en pompas de jabón, que son bonitas, pero no son nada, son la ilusión de lo fútil, de lo provisional, que lleva a la indiferencia hacia los otros, o mejor, lleva a la globalización de la indiferencia”. 

Y si como se sospecha, dichas manifestaciones tienen un trasfondo político en su convocatoria u organización, las autoridades deben de investigar y llegar hasta las últimas consecuencias.

Los nicaragüenses que dejan atrás su familia, trabajos y amigos no vienen a Costa Rica por gusto. Lo hacen, como los ticos que migran a Estados Unidos, por necesidad, y por el legítimo deseo de una vida mejor.

Huyen de un régimen déspota que amenaza sus vidas y su futuro. Que no repara en disparar a quien se oponga a su deseo de perpetuarse en el poder, que no escucha, no dialoga y no va a ceder en paz.

¿Quién de nosotros, si hubiera tenido la oportunidad de tender una mano a la Sagrada Familia de Nazaret en Egipto no lo hubiera hecho? ¿Abriríamos la puerta de nuestra casa a Jesús, José y María para compartir con ellos la mesa? ¿Desaprovecharíamos la ocasión para tener al Hijo de Dios a nuestro lado y conversar con él?

Pues todos los costarricenses tenemos esa oportunidad en este momento. Miles de familias nicaragüenses tocan nuestras puertas en busca de ayuda. En su rostro se dibuja el rostro de Cristo, que vive y camina en ellos.

Esta actitud de acogida, propia del discípulo, no riñe ni en lo más mínimo, con el deber de orden y de seguridad al que están llamadas las autoridades.

Que nadie se llame a engaño. La aplicación humana y sensata de la ley, incluidas las medidas de control migratorio, no se oponen al deber cristiano hacia los migrantes, sino que más bien lo llevan a su mejor cumplimiento, pues una persona con sus documentos en regla, tiene más oportunidades de establecerse, de acceder a los servicios básicos y lograr la vida digna a que tiene derecho por su dignidad de hijo e hija de Dios.

Una cosa no se opone a la otra, como es obvio que no se debe exponer a nadie a riesgos sin necesidad, y que siempre es muy útil la ayuda que los creyentes podamos ofrecer a través de los canales organizados de modo oficial a través de las instituciones del Estado o de la misma Iglesia, como es la Pastoral Social-Cáritas.

Igualmente, quien transgrede la sana convivencia, atenta contra la vida o la propiedad de los demás, de la nacionalidad que sea, debe de enfrentar el peso de la ley y la acción de las autoridades, que están en la obligación de actuar en apego al derecho pero con severidad y diligencia.

Costa Rica vive una ola migratoria que en otras épocas ya ha recibido, y que se repite en el mundo cada día. Se trata de fenómenos constantes en la historia de la humanidad, que al final siempre resultan en ganancia para quienes saben aprovecharlos, y no solo desde el punto de vista económico, sino también desde aspectos como la cultura y la fe.

Debemos elegir la posibilidad de instaurar una sociedad costarricense más noble, mientras formamos las nuevas generaciones con una educación que no puede dar nunca la espalda a los “vecinos”, y a todo lo que nos rodea. Porque construir una nación nos lleva a pensarnos siempre en relación con otros, saliendo de la lógica del enemigo para pasar a la lógica de la recíproca solidaridad, dando siempre lo mejor de nosotros.

Lo que se necesita, en síntesis, es una visión renovada, permeada por el Evangelio, acerca de la migración y los migrantes. Porque como decían nuestros abuelos con sabiduría: “Lo que se comparte, se multiplica”.

Que del rechazo nominal al odio y a la xenofobia, que de modo tan evidente ha sido expresado en los últimos días, pasemos a la acogida, la integración y la promoción de los hermanos migrantes. Que por más que les demos, siempre seremos nosotros los que ganaremos más en amor y bondad, que tanta falta hacen a nuestras relaciones humanas en el mundo de hoy.

0
0
0
s2smodern