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El verdadero matrimonio

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El verdadero matrimonio

 

Monseñor José Rafael Quirós

Arzobispo de San José

 

Con consternación, pero sin asombro, la inmensa mayoría de los costarricenses conocimos la respuesta de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) a la consulta voluntaria, consiente e intencionada, que la administración Solís Rivera hiciera con el propósito de aprobar en Costa Rica el matrimonio entre personas del mismo sexo. 

Consternación por cuanto, siguiendo ya una estrategia política, el Gobierno mediante la supuesta opinión “consultiva”, apadrinando las pretensiones de algunas minorías, nos impone su agenda, de forma resuelta y decidida, al margen de la voluntad de la ciudadanía y de la discusión política nacional, expresada amplia y fehacientemente de muchas maneras, y en especial en la última caminata por la vida y la familia, el pasado 3 de diciembre. 

Pero sin asombro pues, a sabiendas del peso ideológico imperante en la CIDH era, absolutamente, predecible esta respuesta en detrimento de la dignidad y la misión de la familia.  La Corte, en consonancia con otros organismos internacionales, presiona y lesiona una vez más la soberanía jurídica de la Nación. El Estado actuó en contradicción con sus propios deberes al alterar los principios de la ley natural y del ordenamiento público de la sociedad costarricense.

El propio Papa Francisco ha expresado su apoyo a las iglesias y, por ende, a las sociedades que se ven acorraladas por quienes defienden esas tesis, y las imponen a los otros1 y nos advierte como hoy en día vivimos por distintos frentes  el ataque a la familia, “y  se van inoculando en nuestras sociedades, se dicen sociedades libres, democráticas, soberanas, se van inoculando colonizaciones ideológicas que las destruyen y terminamos siendo colonias de ideologías destructoras de la familia, del núcleo de la familia que es la base de toda sana sociedad.”2

En los próximos días las diferentes instancias del Estado Costarricense deben decidir cómo conducirse ante esta respuesta de la CIDH. ¿Estará de más recordarles su compromiso de proteger el matrimonio, entre el varón y la mujer, y la familia mediante leyes, para asegurar y favorecer su función irreemplazable y su contribución al bien común de la sociedad?  

Constatar una diferencia real no es discriminar. La naturaleza no discrimina cuando nos hace varón o mujer. Nuestra legislación no ha discriminado cuando exige el requisito de ser varón y mujer para contraer matrimonio; sólo reconoce una realidad natural. Ni la complementariedad ni la fecundidad, que constituyen la naturaleza misma del amor del que se nutre el matrimonio, se dan ni pueden darse entre personas del mismo sexo. Se trata de dos realidades substancialmente diversas que no pueden ser igualadas por criterios ideológicos.

El bien común exige que las leyes reconozcan, favorezcan y protejan la unión matrimonial, esencialmente heterosexual, como base ineludible de la familia. Que sepamos distinguir el trigo de la paja, lo verdadero de lo falso. “Ay de aquellos que llaman bien al mal y mal al bien, ¡que cambian las tinieblas en luz y la luz en tinieblas, que dan lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!”3

Reitero el llamado a todos nuestros fieles a unirnos en las más íntimas convicciones sobre la familia y el matrimonio que se extraen de la Palabra de Dios y del Derecho Natural. La Iglesia no puede renunciar a su misión de seguir presentando la Palabra de Dios como le ha sido revelada; e insta a todos los cristianos a seguir viviendo conforme al Plan de Dios para la familia y el ser humano: varón y mujer; todo lo ello dentro del marco de la Ley y el respeto absoluto a toda persona humana.

1 Papa Francisco, Amoris laetitia, número 251

2 Discurso del Papa Francisco en el encuentro con las familias en México, 15 de febrero del 2016

 

3 Isaías 5,20

Corrupción, desencanto y populismo

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Corrupción, desencanto y populismo

 

Pbro. Hugo Bonilla Campos

Abogado-Notario

 

Pobre país el nuestro. El germen de la codicia y el estiércol satánico, el dinero, lo tienen salpicado. El becerro de oro, los falsos dioses de hoy, le robaron el alma noble y buena que el Eterno les dio como principio de vida. Ahora son sus enemigos en la praxis de los buenos principios, de la justicia y la verdad.

No les importa los pobres, sino los ricos arrogantes tradicionales y los de nuevo cuño. Se afanan con los que creen valer lo que pesan en ambición y corrupción. Nada de virtud, amor al prójimo ni espíritu de bondad. Los corroe la ambición y corrupción sistemática. Muchos testaferros de intereses exógenos e internos le ponen precio a la complicidad.

Lo más grave es que estos hijos mentirosos traicionan y denigran a la propia Patria y se llevan sangre, sudor y sacrificio de los más necesitados, los que no tienen suficientes ingresos para medio vivir. Tampoco pueden ahorrar porque arañan la vida para “comer” una vez al día.

No tienen créditos bancarios, ni pensiones de lujo, ni dineros mal habidos. Otros son los que saquean los bancos, y el dinero de todos, del que se apropian con la complicidad de algunos. No les tiemblan las manos para amasar los dineros ajenos. No tienen conciencia para no delinquir y asesinar el esfuerzo de los menesterosos. ¿Acaso se van a llevar sus valores y riquezas materiales al otro mundo? Pues no. Terminarán como alimento de gusanos igual que cualquier mortal.  En el escenario nacional sólo les falta asaltar formalmente el banco de sangre para contribuir con el conde Drácula en esta Transilvania.

Hoy Costa Rica está cubierta de negros nubarrones. Sigue siendo pobre, aunque algunos se desgalillan afirmando que nos enrumbamos a ser un país de primer mundo. Amigos, tenemos que cambiar y reconstruir el hombre interno y proyectar con valores y principios a nuestro maltrecho pueblo. Pobre país el nuestro. Golpeado por la naturaleza y algunos hijos mal nacidos que juegan con las instituciones que nos pertenecen a todos. Tantos ambiciosos de mal espíritu, que buscan poder político, compadrazgos para enriquecerse sin escrúpulos. Parece que la historia del mundo y de América Latina nada les ha enseñando. Nadan en el fraude y el océano del delito. Se divierten en el festín político del descaro. Ignoran todos los valores cultivados por nuestro pueblo, y llenan el ambiente donde desfilan cadáveres ambulantes y olorosos a heces y podredumbre, que ensucian los corazones de tantos seres humanos, hombre y mujeres de bien.

El costarricense es un hombre bueno, generoso, noble e inteligente. Esta nación tiene muchas cosas valiosas producto de la sana reflexión y del trabajo tesonero, honrado y honesto de cada día para tener su pan.

Clase política y cómplices: no jueguen con la paciencia de este pueblo. No nos traten como si fuésemos tontos. Hay un límite para la paciencia y tolerancia. Entendemos lo que han escrito las gentes con sus actuaciones en la historia. No transformen en ira el comportamiento social. Déjense de torpezas y abusos. La mente guarda lo que pasa y analiza, lo que es verdad y mentira. La gente nuestra piensa.

El pueblo está convocado a elecciones generales -la majestad de la ley nos convoca-. El pueblo es amado por Dios. La conciencia de la gente es sagrada. Clamamos para todos iluminación del cielo. Hay que escoger un gobernante, un mandatario que cuide el pueblo como buen pastor a su rebaño y no permita que sus ovejas sean trasquiladas y sacrificadas por salteadores oportunistas amparados al poder y compadrazgos políticos.

Muchos se preparan a pedir votos y no tienen  credenciales de amor, servicio ni moral para hacerlo. Los conocemos por sus frutos. Hay algunos que piensan bien y han heredado formación en sus hogares. Escrutémoslos -salvemos a nuestras familias e instituciones-, no se siga prostituyendo el régimen de derecho que nos rige. Cambiemos lo que sea pero con valentía y por el bienestar social. Cuidémonos de los “populistas” que pretenden aprovechar el descontento y frustración producto de tanto engaño y propuestas poco serias.

Pensemos que los populistas coexisten con los demócratas en nuestros regímenes de derecho. Pretenden acceder al poder y perpetuarse en él. Analicemos el orden presente de irrespeto y sistemas de gobierno en América Latina. Se reforma el andamiaje jurídico electoral para perpetuarse en el poder. Hay apatía de los demócratas y “defensores” de las libertades individuales y sociales. Algunos populistas consideran “violatorio a sus derechos humanos” el postularse las veces que sea en la Presidencia con el “pretexto del servicio al pueblo”. Si alguien les cuestiona el secuestro de la autoridad y la guía de la nación, consideran que se les está violando sus derechos humanos.

Luchemos y participemos en la elección. Analicemos bien. No es a cualquier emergente inexperto a quien se le da la autoridad, producto del “desencanto” y el “engaño”. No es cualquier charlatán el que debe guiar un país.

Analicemos otros países y gobiernos recientes. No lloremos mañana como niños, lo que hoy no enfrentamos como hombres de bien. Que ellas no maldigan nuestra memoria por lo que debimos haber hecho en el momento indicado de nuestras vidas, y por el bien de la Patria. A los que aplican las leyes exigimos ser probos en sus funciones. Cero impunidad y tolerancia, sea quien sea, caiga quien caiga. El movimiento se demuestra caminando. A las Iglesias y pastores, den un acompañamiento real a este pueblo.

Gracias compatriotas por leer esta reflexión y bienestar para nuestro pueblo amante de la paz y la libertad.

Apostillas a un artículo de Don Iván Molina

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Apostillas a un artículo de Don Iván Molina

 

Pbro. Víctor Hugo Munguía C.

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El periódico “La Nación” le publicó a Don Iván Molina un artículo largo que pretende interpretar “La Marcha por la Vida y por la Familia”,  con una serie de inexactitudes que sorprenden en la pluma de un historiador, aunque no sorprende la generosidad de “La Nación” para dar espacio a esta “lectura”, después de la mezquindad con que informó de la marcha de marras, originando luego una disculpa que a nadie convenció. “Excusatio non petita acusatio manifesta”.

Afirmar que la Iglesia Católica y sus aliados querían la “educación reducida al mínimo”, es una temeridad, que de ser cierta nos obligaría a pedir perdón público a la nación entera por un delito de “lesa inteligencia” por parte de la Iglesia Católica. Que un clérigo limitado (nunca han faltado… y las limitaciones no son privilegio del gremio clerical…) haya tal vez dicho algo en esta línea, no le puede permitir a un historiador serio pontificar que toda la Iglesia Católica era enemiga de la educación. Hasta donde hemos entendido la historia se hace con base en documentos y monumentos y no nos imaginamos ni a Thiel, ni a Stork, ni a Otón Castro (que eran cualquier cosa menos clérigos limitados) utilizando su autoridad para conservar al pueblo en la ignorancia, invitando a los padres de familia a no enviar a sus hijos a la escuela.

Pretender que el conflicto de Roberto Brenes Mesén con un clérigo, hasta donde tengo conocimiento, era pretensión de toda la iglesia para lograr que fracasara la educación secundaria (y cito): “con toda la intención de que la institución colapsara”, es otra temeridad que no se puede aceptar simplemente porque la pontifique Don Iván Molina. Si tiene forma de probar esto que nos muestre los documentos porque no se puede endilgar a toda la Iglesia Católica un conflicto puntual con un clérigo. “Lo que gratuitamente se afirma, gratuitamente se niega”, Don Iván.

Que la derogación de las “leyes liberales” de los ochentas del siglo XIX haya tenido estrecha colaboración de Iglesia y Estado en tiempos de Sanabria y Calderón Guardia parece ser “posesión pacífica” de las ciencias históricas, pero ignorar el bien social que esa colaboración le trajo al pueblo costarricense para pontificar el deseo de la Iglesia de mantener “poder”, y concluir que la colaboración Iglesia y Estado continuó con el Partido Liberación Nacional para mantener el poder de la Iglesia Católica en las aulas es una extrapolación de premisas que se le puede permitir a quien no sabe de historia, pero no a Don Iván Molina. Que Benjamín Núñez (qdDg) haya sido parte del PLN no hace a toda la Iglesia Católica vivir en contubernio con ese partido.

Pontificar el “lugar común” de que la Iglesia Católica es la culpable de que la Educación Sexual no haya tenido el éxito que merece materia tan principal es ignorar la historia de “Las guías de Educación Sexual” que fueron preparadas por expertos de educación con la colaboración incontestable del Departamento de Educación Religiosa del Ministerio de Educación, mucho antes del Ministro Garnier, alabadas en público por Mons. Arrieta y luego contestadas vilmente por un grupo de laicos ( sí, laicos, que no clérigos solterones), quienes en secreto armaron la marimorena contra esas guías, obligando a la Conferencia Episcopal a revisar luego línea por línea cada una de esas guías, para que esos padres de familia (repito, no eran clérigos) no usaran sus influencias hasta más allá de nuestras fronteras y lograran que se le endilgara a la Conferencia Episcopal una enemistad con la Educación Sexual, que nunca ha tenido. Los laicos que provocaron esto jamás han defendido a la Iglesia Católica del infundio que provocaron y todavía pueden andar por ahí empantanadas las ediciones de “nuevas” guías de educación sexual que nunca tuvieron el influjo que hubieran tenido las primeras. De esto soy testigo personal porque estuve con la Conferencia Episcopal en las sesiones que revisaron línea por línea las primeras Guías de Educación Sexual, cuyo único defecto, en mi humilde opinión, era que podían llegar un poco tarde a la población a la que estaban destinadas.

La “lectura” que hace Don Iván de la Marcha del 3 de diciembre del 2017, que según él  es explotar “odios y miedos” y reclamar “poder” en la educación es una abierta mala percepción de lo vivido en ese día tan hermoso. Con una organización mínima se movilizó una gran cantidad de personas que creemos que la familia normal es la compuesta por hombre y mujer abiertos a la transmisión de la vida, que el aborto es un “crimen abominable” y que la “ideología de género” no es un fantasma. Por lo menos tenemos el mismo derecho a expresarnos que utilizan con ocasión y sin ella los defensores a ultranza de visiones diferentes de la sexualidad, de la familia y de la dignidad sagrada de la vida humana.

Nunca se utilizó miedo para motivar a la gente. Sólo se vio gozo, canto y oración. A nadie se ofendió y todo culminó con la Sagrada Eucaristía que jamás podrá motivar odio alguno porque se trata de Cristo que se entregó por nosotros.

Creemos que los defensores de diversidad sexual, los que piensan diferente de lo que pensamos los católicos pueden encontrar en el seno de la Iglesia Católica comprensión, cariño, ayuda y la proposición de un tipo de vida, que no es discriminatorio en modo alguno, porque se trata de la proposición de la vida casta, que se hace absolutamente a todo cristiano, con profunda comprensión de las debilidades humanas, de las que ningún humano está libre.

Pretender que la Iglesia sólo quiere guardar cuotas de poder en la Educación es ignorar el trabajo del miles de docentes de religión que desde hace mucho tiempo sirven, con muchas dificultades, a los valores del Evangelio sin pensar jamás que le están sirviendo a una estructura de poder, sino al bien de los estudiantes. Yo mismo serví dos años en la formación de los Maestros de Religión y 5 años en las aulas de secundaria como docente de religión y jamás me sentí un tecnócrata al servicio de una estructura de poder. Recuerdo que en 1971, en el Liceo de San Sebastián donde fui docente de religión, el programa para los octavos años en religión era de educación sexual y yo nunca me sentí presionado por nada ni por nadie para compartir con los alumnos (que estaban interesadísimos) la visión cristiana de la sexualidad, que no es ni represión, ni ignorancia ni simples cantos de “Satanás no podrás”….

Cae Don Iván en la trampa de citar el “lugar común” del caso de Galileo. Cuando el gran Papa y ahora Santo Juan Pablo II quiso pedir perdón por los errores pasados de la Iglesia, encargó a comisiones de altos vuelos el estudio del caso Galileo y el estudio de la Inquisición. Los resultados de esos altos estudios fueron bien diferentes de la “leyenda negra” que convirtió en “lugar común” una serie de acontecimientos que fueron de una época que no podemos juzgar con los ojos de la actual. Si alguien sabe que la investigación seria de los acontecimientos del pasado puede dar a luz lecturas muy diferentes de los “lugares comunes” es Don Iván por su profesión de historiador. “Distingue tempora et concordabis iura”.

Que la Iglesia tenga capacidad de convocatoria, hasta con la mínima organización, que la marcha del 3 de diciembre recién pasado haya sido tan preciosa, tan humana, tan alegre, tan llena de gentes de toda parte y lugar de Costa Rica, no le da derecho a nadie, y menos a un historiador de leerla como un instrumento de miedo y de ganas de conservar privilegios.

Tenemos los creyentes una visión del mundo, de la historia, de la materia, del cuerpo humano, de la sexualidad tan preciosa, que quien la ignora por falta de conocimientos teológicos o por ideologías del color que fuere, se pierde un estilo de vida que le da sentido a todo lo que  somos, decimos y pensamos.

Cuando era joven estudiante (hace muchos años de eso) se nos vendió la idea de que quien no era marxista para el “análisis científico de la sociedad y de la economía”, había perdido el “tren de la historia”. Cuando cayó el muro de Berlín nos dimos cuenta de lo que eran los paraísos del este de Europa. Don Iván, es peligroso que donde usted ve sólo retroceso en la Iglesia y hasta que perdimos el tren de la historia, dentro de unos años nos vean como profetas que anunciamos y denunciamos unas visiones que no son tan humanas como pretenden aparecer.

Fortalezcamos nuestra democracia

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Fortalezcamos nuestra democracia

 

Monseñor José Rafael Quirós

Arzobispo de San José

 

¿Cómo reorientar la política desde los principios y valores de la inmensa mayoría de la población, si ésta se inhibe de participar en las elecciones? Ante la duda y el desánimo manifiestos de frente al presente proceso electoral, quienes están postulando sus nombres ante el pueblo deben dar respuesta a la pregunta formulada. 

Pero también, los ciudadanos debemos ser conscientes de lo mucho que está en juego, sobre todo con relación a las propuestas de cada partido respecto a la dignidad de la persona humana y el estilo de vida en sociedad que proyecta.

Ciertamente, en cuanto a su vida pública y política, los católicos actúan bajo su responsabilidad personal, y por ende, son libres de escoger las instituciones y los medios temporales que les parezcan más adecuados y conformes con los objetivos y valores del bien común pero, también, es cierto que no todas las propuestas son igualmente compatibles con la fe y las exigencias de la vida cristiana, ni son tampoco cercanos y proporcionados a los objetivos y valores que los cristianos deben promover en la vida pública.1 Esto no significa mezclar política y religión, sino coherencia en el ejercicio de la libertad. 

Este factor es, particularmente, determinante en momentos en que nuestras instituciones públicas se vienen atribuyendo la autoridad para determinar y condicionar, en gran medida, las convicciones religiosas y morales de cada persona. Constatamos cómo se aducen criterios “técnicos” en las decisiones políticas que desconocen el patrimonio espiritual y moral de nuestro pueblo y así, de modo oportunista, imponer su propio criterio, quedando la sociedad a merced de las opiniones y deseos de una o de pocas personas que, desbordando sus competencias, se arrogan poderes cuasi absolutos.

Una política que “pretenda” independizarse de los valores morales que sustentan nuestra Nación, degenera sin remedio en imposición, discriminación y anarquía. Una sociedad en la cual la dimensión moral de las leyes no es tenida suficientemente en cuenta es una sociedad desvertebrada, literalmente desorientada, fácil víctima de la manipulación, de la corrupción y del autoritarismo de unos cuantos.2

Como enseñaba Benedicto XVI, “es preciso afrontar con determinación y claridad de propósitos, el peligro de opciones políticas y legislativas que contradicen valores fundamentales y principios antropológicos y éticos arraigados en la naturaleza del ser humano...”3

Ninguna ideología o práctica política puede dejar de lado el verdadero servicio al bien común por atender al bien particular de personas o grupos. “El valor de la democracia se mantiene o cae con los valores que encarna y promueve, son fundamentales e imprescindibles, ciertamente: la dignidad de cada persona, el respeto de sus derechos inviolables e inalienables, así como considerar ‘el bien común’ como fin y criterio regulador de la vida política”.4

Un criterio importante a tomar en consideración es que la coherencia caracteriza la vida del verdadero cristiano, «en su existencia no puede haber dos vidas paralelas: por una parte, la denominada vida “espiritual”, con sus valores y exigencias; y por otra, la denominada vida “secular”, esto es, la vida de familia, del trabajo, de las relaciones sociales, del compromiso político y de la cultura.”5

Los cristianos estamos llamados a rehabilitar la política con una visión ética, esto significa llenarla de su sentido más profundo, no buscando intereses particulares o grupales, sino el bien común, entendido como condiciones políticas, sociales y económicas que hagan posible el desarrollo de la vida de todas las personas acorde con su dignidad.

A pocos días de vivir esta fiesta nacional, quiero insistir en el hecho de que votar es un derecho, pero sobre todo un deber que ha de ejercerse con total responsabilidad personal y “no como masa arrastrada por las fuerzas dominantes (…) el ser ciudadano fiel es una virtud y la participación en la vida política es una obligación moral”.6

Pidamos que el Espíritu Santo nos de discernimiento y sabiduría a todos los votantes, para ejercer este derecho con lucidez, analizando, con sentido crítico, las personas, las propuestas y las promesas de que quienes postulan su nombre para cargos públicos.

1 Cf. Pontificio Consejo Justicia y Paz, Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, B.A.C.; Planeta, Madrid, 2005, números 565-574.

2 Ídem, números 396 y 407.

3 Benedicto XVI, Discurso al IV Congreso Nacional de la Iglesia en Italia, Verona, 19 de octubre de 2006.

4 Juan Pablo II, Carta encíclica Evangelium vitae, 70.

5 Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política, número 6

 

6 Papa Francisco, Evangelii Gaudium ,número 220

¿Quién causa tanta alegría? El grito azul y blanco

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¿Quién causa tanta alegría? El grito azul y blanco

 

Pbro. Bosco J. Rodríguez A., C.Ss.R

 

En Nicaragua, en los últimos días de noviembre y primeros de diciembre se escucha un grito emocionado: ¿Quién causa tanta alegría? ¡La Concepción de María! Es el grito que surca los mares de cristal que bañan las costas de nuestra bella “Nicaragua, Nicaragüita, la flor más linda de mi querer”. ´María de Nicaragua y Nicaragua de María´, es la fórmula breve y original que solemos repetir todos los hijos de María en esta digna patria que vio nacer al ´príncipe de las letras castellanas´, Rubén Darío, y a la florecita linda de estas tierras, la beata María Romero Meneses, quien nos enseñó a recitar: “Pon tu mano Madre mía, ponla antes que la mía”. Es el grito que recorre todos los rincones del territorio nicaragüense, es el grito alegre y emocionado, es el grito llamado ´azul y blanco´. Es el grito relacionado y vivido con alborozo. 

Es el grito que cuando niños escuchamos en brazos de nuestras madres, de nuestras abuelas, de nuestros padres, que jubilosos cantan alegres a la Purísima Virgen María. Ese grito, todo nicaragüense lo relaciona con luces, gritos con canciones a la Virgen, con cohetes, con dulces (cajetas, gofios, bienmesabes, almíbar, etc). Lo relaciona con alegría, así lo califica y nombra el Padre Osvaldo Tijerino, en su breve escrito sobre la Virgen María. Grito, que hasta San Juan Pablo II, en sus dos visitas históricas a nuestro país, aprendió a gritar.  Pero, ¿de dónde proviene o cuál es el origen de ese grito azul y blanco en honor a la más Bella entre las bellas?  El prestigioso historiador nicaragüense, especialista en la obra de Rubén Darío, el Dr. Edgardo Buitrago (Q.d.D.g.) nos lo refiere así:

“Los padres Franciscanos pedían a las familias leonesas (estamos hablando de comienzo del Siglo XVIII) que todos sin excepción celebraran a la Inmaculada Concepción. Las personas se encontraban con tantas invitaciones que tenían que recorrer de un rezo a otro encontrándose así por las calles grandes y numerosos grupos de gentes que iban y venían en alegre marcha.  Estos grupos se saludaban al encontrarse y lanzaban vivas y entonaban cánticos a la Virgen.  Los propios padres Franciscanos iban al frente y le decían a la gente que saludaran con: ¿Quién causa tanta alegría?, para que otros respondieran: ¡La Concepción de María!  Esos recorridos callejeros eran más alegres las noches del siete de diciembre porque era el último día de la novena”. 

Así comenzó la tradicional “Gritería”, que en el día 7 de diciembre, se celebra en toda Nicaragua en honor a la Purísima Concepción de María. Los frailes Franciscanos no imaginaron que ese grito tan lleno de piedad, que comenzó en la ciudad de Santiago de los Caballeros de León, en 1742, en el templo de San Francisco de Asís, iba a repetirse de generación en generación. Ese grito es,  por ahora, una tricentenaria exclamación.

Nicaragua es un pueblo mariano por excelencia.  Pueblo en el cual se le tributa a la madre del Señor un amor especialísimo y que celebra, con gran devoción y forma singular, el misterio de la Inmaculada Concepción de María, Patrona de la República de Nicaragua. En la Provincia Eclesiástica de Nicaragua, en todas las diócesis y parroquias, llegado el mes de diciembre, cada año, a una hora determinada, se reza el Santo Rosario, se reedita y se distribuye masivamente la novena de la Purísima Concepción de María, y se preparan catequesis sobre el culto a la Virgen, sobre su función en el misterio de la salvación.  Y no solo la Iglesia entra en esta tarea de divulgar el amor a la Purísima, sino también los medios de comunicación social y redes sociales escritos, radiales y televisivos, antes y durante la novena en honor a la Virgen, presentan especiales sobre la historia de la devoción en Nicaragua a la madre del Señor en su Inmaculada Concepción.  El día 8 de diciembre por decreto de la Honorable Asamblea Nacional, es “Feriado Nacional”. 

Al hablar de la devoción a la Virgen en Nicaragua, es necesario narrar cómo llegó la imagen de la Inmaculada Concepción a este amado país. Porque, hablar de ello, es hablar de lo más querido y sentido por todo fiel cristiano católico nicaragüense.

Según una antigua tradición, fue el capitán don Pedro Alonso Sánchez de Cepeda y Ahumada, hermano de la gran Santa Teresa de Jesús, quien entre 1562 y 1563, trajo a Nicaragua, deteniéndose en el Realejo y El Viejo, la imagen de la Virgen María, que su hermana, Teresa de Jesús, le había entregado para que le acompañara en su viaje por las tierras de América. Esta venerada imagen se encuentra hoy día en la Basílica Menor Inmaculada Concepción de la ciudad de El Viejo, departamento de Chinandega. 

 

María es y será siempre para el pueblo de Nicaragua, “causa nostrae Laetitiae”. Pues Ella, primera cristiana, anuncio y don del Evangelio, alegra al pueblo cristiano católico, alegra a los nicaragüenses. La Iglesia que peregrina en Nicaragua, nunca dejará de escuchar el grito que ya es universal: “¿Quién causa tanta alegría? ¡ “La Concepción de María”!