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¿En realidad existe la Justicia Divina?

“Mi prometido y yo estuvimos juntos por 7 años; no sólo soporté más de lo debido a lo largo de todo ese tiempo, ya sea por tonta o enamorada o por ambas razones. Él todo lo terminó con un mensaje de texto. En medio de mi dolor y soledad le pedí a Dios consuelo. Pasan los meses y estoy en terapia psicológica. 

Hace poco confirmé algo que sospechaba desde la separación, a saber, que él me había dejado por otra mujer y que llevaba mucho tiempo cortejándola y ahora están juntos como un par de tortolos, mientras que a mí me tenía en el limbo de nuestra relación, aguardando y haciendo de las suyas mientras yo rogaba al Altísimo por ver un cambio en mi novio a pesar de que me consumía día tras día como un cuchillo que corta lentamente. 

Hoy por hoy recojo los pedazos de mi corazón preguntándome si realmente Dios me escucha para que sane mis heridas y dolor. Me pregunto: ¿Por qué si fui yo la que aguanté todo, perdoné mil cosas o rogué a Dios para remediar los nudos de nuestra relación? ¡Y ahora me toca estar en terapia psicológica armando mi vida de nuevo, mientras que a él Dios lo premia con una relación nueva! ¿Dónde está, en este caso, la Justicia Divina?

Marianne Martínez C. - San José

Estimada Marianne: la lectura de su correo de “indignada”, me ha hecho recordar al conocido personaje de la Biblia Job… él también sorprendido por tantas desgracias (perdió a todos sus hijos, sus bienes, su salud y la comprensión de su esposa) siente la tentación de poner en el “banquillo de los acusados” a Dios mismo, para preguntarle, casi con rabia: ¿En dónde está tu justicia? ¿Por qué me tratas a mí tan injustamente? (cfr todo el capítulo 31 del libro de Job). 

Y es que es muy común la tentación de pensar que hay una justa retribución en este mundo de tal modo que los supuestamente “malos” deban ser castigados a lo largo de su vida terrena y que a los buenos “todo” les deba salir bien… ¡Pero no es así! En este mundo hay malos que (al menos, según nuestros criterios) triunfan y hay buenos cuya vida pareciera un prolongado fracaso. 

Es verdad, se cosecha lo que se siembra, pero no necesariamente en este mundo. Jesús nos lo hizo comprender con varias parábolas y de entre ellas con la del rico epulón y el pobre Lázaro. La vida del primero era de “pura fiesta” y la de Lázaro, cubierto de llagas “muriéndose de hambre” (cfr Lc 16,19-31). Pero el final, el verdadero y único final, es radicalmente opuesto: el del rico epulón “entre tormentos”, y el de Lázaro con Abraham en el Reino de los Cielos… Cada cual cosecha lo que siembra. 

En el libro del Eclesiástico leemos: “Al principio Dios creo al ser humano y lo dejó en mano de su libertad. Si quieres, guardarás los mandamientos y permanecerás fiel a su voluntad. Él te ha puesto delante, fuego y agua, extiende tu mano a lo que quieras. Ante los hombres está la vida y la muerte, a cada uno se le dará lo que prefiere” (15,14-17). 

Bien lo sabemos: la referencia constante de todo esto es Jesús mismo, el Inocente por excelencia, condenado a morir como el peor de los malhechores. Sin embargo es él quien triunfa sobre toda forma de injusticia. La última palabra no la tuvieron los que le condenaron, sino Cristo inocente con su triunfo sobre la misma muerte. 

Ánimo, Marianne, la última palabra es el del Bien, de la Justicia, de la Vida, porque ésta le corresponde a Dios. 

Y ahora una pregunta para usted, Marianne. Si su prometido es como usted misma me lo describe, ¿está del todo segura que ha sido una “injusticia” el hecho de que la dejara a usted? O ¿no habrá sido más bien una liberación?

Santa Teresita del Niño Jesús, ella también testigo y víctima de no pocas injusticias, se atrevió a escribir: “Si Dios nos quita (o permite que nos quiten) una posible alegría, es porque tiene otra mayor preparada para nosotros”.

Fiémonos de Dios y démosle gracias por todo y por siempre. Estamos en buenas manos, las suyas, las de Nuestro Padre.

Monseñor Vittorino Girardi S.
Obispo emérito de Tilarán-Liberia

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