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Una entrevista a Jesús

Pbro. Mario Montes M.
Animación bíblica, Cenacat

Desde el domingo anterior, hemos comenzado a presentar a Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, como culminación de las esperanzas de Israel y anticipo de todos los protagonistas de la Biblia que ya hemos visto. 

Hoy queremos hacer, según el estilo de una entrevista, una serie de preguntas de Jesús (naturalmente es una forma de conocerlo, no es que la entrevista sea real ni mucho menos), como si el Señor estuviera con unos muchachos de catequesis o de pastoral juvenil, con quienes se sienta a dialogar con ellos, que le preguntan acerca de su vida y personalidad. Pues bien, presentemos “una primera entrevista con Jesús: 

Joven 1: “Amigo, Jesús. Es un sueño el estar contigo y poder entrevistarte. Desde que éramos niños en la catequesis, nos enseñaban que tú eres el Hijo de Dios hecho hombre, que moriste en la cruz y que Dios, tu Padre, te resucitó de entre los muertos”.

Joven 2: “A mí me enseñaron que si te faltara algo humano, es decir, algo esencial para el ser humano, no serías nuestro salvador. Por eso, queremos hacerte algunas preguntas, para conocer mejor tu humanidad”.

Joven 3: “Yo empiezo… ¿Qué significa tu nombre?”

Jesús: “Antes de responder a sus preguntas, quiero decirles que me siento contento de estar con todos ustedes y que respondo con mucho gusto, a los interrogantes que tienen sobre mí. Mi nombre es ‘Yeshua’ o ‘Josué’ en hebreo, en español Jesús y significa ‘Yahvé salva’ (Mt 1,21)”.

Joven 1: “¿Quiénes fueron tus padres?”

Jesús: “Mis padres fueron José, el carpintero, que era originario de Belén, y María (o Miriam), que era originaria de Nazaret de Galilea”

Joven 2: “¿Cuándo naciste?”

Jesús: “Dicen los historiadores que yo nací en el año 747 de la fundación de Roma, en tiempos del emperador romano Octavio César Augusto y del rey Herodes el Grande. Por lo tanto, nací en el año 6 antes de la era cristiana”

Joven 3: “No entiendo ¿tú naciste en el año 6 antes de ti?”

Jesús: “Voy a explicarles: en el siglo VI el monje Dionisio, a quien le decían “el pequeño”, calculó mal la fecha de mi nacimiento. En las cuentas que él hizo, hay un error de 6 años. Por lo tanto, yo nací 6 años antes de la fecha que propuso el monje Dionisio”.

Joven 1: “Y, ¿dónde naciste?”

Jesús: “Me dijeron que nací en Belén, pero viví en un pueblo de Galilea, llamado Nazaret.  Por eso, algunas personas me decían con desprecio “el nazareno”. También despectivamente me llegaron a poner el apodo de “galileo”, porque Nazaret estaba en Galilea y esta región, según los judíos conservadores de Judea, era considerada tierra “de paganos”, ya que allí había muchos judíos de raza no pura y con creencias mezcladas con otras religiones”

Joven 2: “¿Qué lengua o idioma hablabas?”

Jesús: “Yo hablaba el arameo, que era un dialecto galileo. Pero también conocía el hebreo, que era el idioma oficial en el que se hacían las oraciones y las lecturas bíblicas en la sinagoga. Además, conocía algo del griego y el latín, las lenguas de los romanos y gentiles, es decir, de los no judíos que vivían con nosotros. Recuerden que San Lucas dejó escrito lo siguiente: ‘Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura’…” (Lc 4,17-17).

Joven 3: “Yo recuerdo que Marcos cuenta de la sorpresa de la gente, cuando se dieron cuenta de tu sabiduría (Mc 6,2). ¿Tú fuiste a la escuela? ¿Hiciste algunos estudios especiales, algo así como la primaria, secundaria o estudios universitarios que conocemos hoy día?”

Jesús: “Yo no estudié en Jerusalén, ni hice cursos con Gamaliel, el gran fariseo y maestro de Pablo, por ejemplo, que hizo estudios con él. No obtuve ningún título, pues no fui un rabino o un intelectual como ellos, sin embargo, yo sabía leer y escribir en hebreo (Lc 4,16).  Puedo decir que mi formación no fue intelectual, sino vivencial. Aprendí de la vida, de las cosas que veía y observaba, como los sabios judíos, mis antepasados, que escribieron los libros de Job, Proverbios, Eclesiastés y Sabiduría, entre otros. Aprendí al compartir con la gente que me rodeaba, mi familia y mis amigos, es decir, con todas las personas que conocí. Aprendí del trabajo diario, de la siembra, de la recolección y de la cosecha, de la pesca en el lago de Galilea, de los trabajadores desocupados de la plaza o del pastor que cuidaba a sus ovejas. Aprendí del comerciante en perlas finas, de la viuda que se quejaba ante el juez injusto, de la mujer amasando harina y haciendo pan, como mi madre María lo hacía todos los días; vi el lujo y la pompa de los ricos, constaté la ambición de los poderosos y la inocencia de los niños... En fin, tantas y tantas cosas que aprendí de la vida cotidiana.

Mi formación religiosa la tuve en mi pueblito Nazaret: allí aprendí la Ley de Moisés y las prácticas religiosas. Como todo judío piadoso, yo oraba, conocía y rezaba con los Salmos, rezaba el ‘Shemá Israel’ todos los días (Dt 6,4; Mc 12,29-30), asistía a la sinagoga todos los sábados y subía a Jerusalén todos los años, desde niño, a celebrar las grandes fiestas de nuestro pueblo, en especial, la Pascua (Lc 2,41-42). A través de mi familia y de mi comunidad, mi fui poco a poco formando y educando...”.

Seguiremos el próximo domingo…

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