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“Estamos donde nadie quiere estar”

  • Hermanas Lauritas llegan con ilusión a servir en la Diócesis de Limón

Laura Ávila Chacón
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Un día histórico para la Congregación de las Hermanas Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena, mejor conocidas como las Hermanas Lauritas, por su fundadora santa Laura Montoya, se vivió el pasado domingo 26 de agosto.

Shiroles, comunidad indígena de la parroquia Santiago Apóstol de Amubri, en la Diócesis de Limón, las recibió oficialmente en la que es una nueva etapa de servicio de las religiosas en nuestro país, luego de haber servido por 28 años a los más necesitados del sur del país.

Monseñor Javier Román, obispo diocesano, el Padre Marvin Robles CM, párroco, y la comunidad, se reunieron en la nueva capilla del pueblo para decir a una voz a las hermanas ¡bienvenidas!

Con una Santa Misa, las religiosas pusieron delante de Dios este nuevo reto, que responde a su carisma de estar “donde nadie más quiere estar”, es decir, responder a las necesidades de aquellas personas más marginadas de la sociedad, como lo son los pueblos indígenas.

En su homilía, Monseñor dijo que la mano de Dios ha estado presente en la llegada de las hermanas a la diócesis, y que ha sido en su tiempo cuando se logró que así fuera. 

Animó a la comunidad a alegrarse por su presencia y a trabajar hombro a hombro con ellas por la evangelización. “Tenerlas aquí es una bendición, por eso les invito a abrir el corazón para agradecerle a Dios”, dijo.

Incluso la casa en la que vivirán las monjas fue equipada con los muebles y electrodomésticos que pertenecían al papá de Mons. Javier, don Rubén Román, quien falleció recién hace unas semanas.

Por su parte, el Padre Robles dijo sentirse ilusionado. Manifestó que se trata de un gran apoyo para la misión en la parroquia más extensa del país, con 56 filiales y pueblos de enorme complejidad por el acceso lo que dificulta una presencia constante de la Iglesia.

En este sentido, destacó la labor de las cuatro congregaciones que apoyan el trabajo evangelizador en Amubri: los vicentinos, las Hermanas de la Caridad de Santa Ana, las Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa y ahora las Hermanas Lauritas.

Por su parte, la Hna. Amparo Ruiz, ecónoma provincial, quien vino desde Colombia como representante de la directiva de la congregación, dijo que la llegada a Limón representa una resignificación del mandato de su fundadora de hacer la obra de Jesús donde nadie más quiere estar, es decir, en lugares de misión, sin lujos ni comodidades.

“Estar entre bribris y cabécares es ser fieles a nuestro carisma fundacional. En aquella época en Colombia los indígenas no eran considerados personas, y la Hermana Laura quiso que estuviéramos con ellos. Por eso es una bendición estar aquí para cumplir con la voluntad de Dios”, recalcó.

Ya en San Isidro de El General, recordó, tuvieron presencia por 28 años entre los pueblos originarios, y los frutos están a la vista en numerosos catequistas, animadores y líderes indígenas que seguirán adelante por sí mismos la evangelización en medio de su pueblo. Un trabajo similar es el que se desea llevar a cabo en Limón.

Entre sus prioridades estarán el trabajo con mujeres, la educación, animación de la Palabra, la formación y la Pastoral Indígena. La comunidad estará integrada por tres religiosas: Sarita Sánchez, coordinadora local, Sonia Beita, indígena cabécar de Coto Brus, y la Hermana Salveria Arango. El convenio firmado es por tres años prorrogables.

La Hna. Sarita dijo sentir mucha alegría y esperanza por la nueva presencia en Shiroles. “Implica un gran desafío, pero es nuestro carisma y nos vamos a esforzar con la ayuda de Dios”, dijo.

Su esperanza es el trabajo con las familias católicas y de ahí ir poco a poco llegando a otras que no lo son para compartirles el amor de Dios y la vida de la Iglesia.