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Amemos a Costa Rica

Escrito por Super User el . Publicado en Opinion

Mons. José Rafael Barquero A.
Obispo emérito, Alajuela

El pensamiento social de la Iglesia enseña que “la paz es obra de la justicia”. Esa justicia debe contemplar el bien de todo el hombre y de todos los hombres; ese bien implica un esfuerzo conjunto para que los menos privilegiados pasen de condiciones menos humanas a condiciones más humanas.

Para lograr este objetivo se hace necesario una distribución más equitativa de los bienes, es decir que se disminuyan y no se acrecienten las desigualdades sociales y económicas.

Estamos viviendo una sociedad con una gran brecha entre ricos y pobres, una sociedad injusta. Esa injusticia no garantiza la paz. La Iglesia desde hace tiempo ha denunciado las estructuras injustas calificándolas como estructuras de pecado; aquí podríamos incluir salarios, pluses y pensiones de privilegio que ofenden a la mayoría pobre.

Se defienden argumentando que son legales aunque sean inmorales, que son derechos adquiridos: ¿cómo se adquirieron?

Esa legalidad es cuestionable porque una ley para que tenga validez debe ser una ley justa y toda ley para ser justa debe buscar y defender el “bien común”. No el bien de una minoría con perjuicio de muchos. No se puede legislar en provecho propio.

La injusticia social palpable en la distribución del agro llevó a países hermanos a guerras internas que terminaron en otras injusticias, porque la violencia que divide y mata conduce a odios y venganzas. Se pone fin a una tiranía y se entroniza otra.

Se arrastra un déficit económico que afecta a todos, debe haber una voluntad de contribuir a superarlo con generosidad. Los trabajadores sindicalizados deben ser solidarios con los que no lo están. Son hermanos.

Pensando en la Asamblea Legislativa me digo: ocho bueyes tirando de un carretón tienen más fuerza que sólo dos, pero eso es válido cuando todos esos bueyes tiran en la misma dirección, si cada yunta tira para su lado, el carretón en vez de avanzar se destruye. 

Si cada fracción política busca el bien de su partido y no el del país seguiremos mal. Amemos nuestra Patria. “un reino dividido se autodestruye”.

Cultura materialista

Nos invade una cultura materialista con olvido de los valores espirituales. En el Evangelio, Cristo nos enseña que “No se puede servir al mismo tiempo a dos señores, no se puede servir a Dios y al dinero”; en esta dirección también San Pablo amonestaba a los cristianos de su tiempo, hoy a nosotros, que “no se dejen seducir por la codicia que se convierte en una idolatría”.

Esta cultura materialista se convierte en una “cultura de la muerte”. Muchos matrimonios prefieren una mascota a un hijo y ya en nuestro país, el índice de natalidad no alcanza a reponer la población.

Poco a poco los países van legalizando el aborto, un crimen nefasto, matar a un ser inocente e indefenso. Si no se protege el derecho de la vida, ningún otro derecho se sostiene.

Esa cultura de la violencia y de la muerte invade los hogares y se habla de la agresión intrafamiliar, invade también las escuelas y colegios; nuestras carreteras se han convertido en caminos que conducen a hospitales y a cementerios.

Se asalta, se roba y se mata cada día, sin mencionar los que se suicidan de un balazo o tirándose de un puente y los que se matan poco a poco por drogas. El Papa San Juan Pablo II nos enseñó: “El hombre puede crear un mundo sin Dios, pero ese mundo se volverá contra el hombre”.

El Evangelio nos presenta el caso de un hombre llamado Zaqueo, pequeño de estatura y muy rico. Queriendo ver a Jesús que pasaba, sube a un árbol; Jesús le dice; “Baja porque quiero hospedarme en tu casa”, Zaqueo bajó y muy contento le ofreció una comida. Zaqueo, después le dijo: la mitad de mis bienes se las doy a los pobres y si he defraudado a alguien le devolveré cuatro veces más.

Jesús había entrado en su casa, Jesús entró en su corazón y lo convirtió de avaro en generoso.

En Costa Rica y en el mundo necesitamos muchos Zaqueos para que esta sociedad vuelva a ser humana.

El narcotráfico se ha convertido en un super-poder que compra y corrompe a muchos. Los padres de familia y los educadores deben estar muy atentos en el cuidado de niños y adolescentes.

En muchas ocasiones la droga está presente en crímenes y otras veces se confabula con el sexo.

Es preocupante que una pretendida educación sexual dé más importancia al “placer” que al verdadero “amor responsable”. Que haya respeto y cesen las violaciones.

Se pretende luchar contra las enfermedades de transmisión sexual y embarazos de adolescentes y los resultados demuestran lo contrario.

La sexualidad es una dimensión humana y por lo tanto participa de la dignidad del ser humano y como tal merece ser educada.

Añoramos aquella Costa Rica de la que aún quedan resabios y algunos programas de televisión los recuerdan. Entramos en una casa de campo, se pregunta ¿cuántos años de casados? Sesenta y cinco, ¿cuántos hijos? doce y agregan pasamos muchas pobrezas pero juntos hemos salido adelante. En la sala sencilla una pared parece un altar. La oración era la principal fuerza para luchar. Se respira paz. Rescatemos algo de esa Costa Rica.

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