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Jóvenes buscan recobrar relevancia del órgano y el Maestro de Capilla

Danny Solano Gómez
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Hubo una época en la que el servicio de Maestro de Capilla era un honor, reservado para músicos y compositores de gran prestigio, por mencionar un ejemplo, el compositor y sacerdote Antonio Vivaldi ocupó este puesto. 

En la actualidad la figura del maestro di cappella (como se le dice en italiano) es poco conocida. Básicamente su labor consiste en gestionar la música durante la liturgia e instruir a los músicos y cantores en su correcta interpretación. 

Históricamente al Kapellmeister (como también se le conoce en alemán) se le relaciona con el órgano, ya que este era el instrumento por excelencia en las celebraciones litúrgicas y él se encargaba de tocarlo, así como coordinar con quien preside la Eucaristía.

No en vano la Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la Sagrada Liturgia, del Concilio Vaticano II expone: “Téngase en gran estima en la Iglesia latina el órgano de tubos, como instrumento musical tradicional, cuyo sonido puede aportar un esplendor notable a las ceremonias eclesiásticas y levantar poderosamente las almas hacia Dios y hacia las realidades celestiales”.

Entre los pocos organistas y maestros de capilla que quedan en el país están Roberto Monzón y Ricardo León, quienes además llaman la atención por su juventud, ya que el primero tiene 35 años y el segundo 26. 

Ambos sirven en la Catedral Metropolitana, pero también lo hacen en otras parroquias josefinas como Nuestra Señora del Carmen, Nuestra Señora de La Soledad, Santa Teresita del Niño Jesús, San Isidro Labrador (iglesia de Coronado), entre otras.

Según mencionan, ellos ven su servicio como una vocación y un privilegio. También hablan sobre la belleza de la música sacra y la solemnidad que da el órgano al acompañar la liturgia. Es tanta su pasión por la música litúrgica que componen y constantemente buscan partituras y cantos, incluso aprecian ampliamente la Misa Tridentina que se canta en latín. 

Monzón es Salvadoreño, se instruyó en Barcelona, España, era religioso y cuando dejó los hábitos decidió quedarse en Costa Rica, aquí conoció al Padre Fernando Muñoz y al Padre Víctor Hugo Munguía, quienes lo motivaron a ser Maestro de Capilla.

También ha tenido el apoyo del Padre Francisco Morales y del Padre Carlos Humberto Rojas, quien cuando él no tenía qué comer siempre le ofreció lo que necesitaba. En medio de dificultades ha podido salir adelante y fungir como Maestro de Capilla.

León por su parte, empezó a tocar la guitarra desde muy joven, pero luego surgió un interés por el órgano y especialmente por la música sacra. Con el apoyo del Padre German Rodríguez fue ganando confianza hasta que fue llamado a tocar en la Catedral. 

A pesar de las limitaciones u obstáculos que han enfrentado, ambos mencionan que lo realizan con amor y que son muchas las experiencias hermosas, como ver a alguien derramar lágrimas ante un canto o que una persona se les acerque para agradecer una interpretación particular que les hizo sentir la cercanía del Señor.

Más detalles en la versión impresa de Eco Católico.