Humanae vitae

Dr. Rogelio Arce Barrantes 
Médico

La vida humana es inviolable, esta frase fue esculpida en piedra por las palabras de un militar costarricense hace más de un siglo: Tomás Guardia. 

Quizá esa sentencia, por venir de un hombre entrenado para la guerra y familiarizado con el hecho de matar, siempre me causó un impacto singular. 

Ahora que la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) vota a favor de la FIV (Fecundación in vitro), trae al tapete un viejo tema, el cual causa controversia en los creyentes, no así en los autodenominados ateos, la FIV es un derecho humano de los padres privados de la capacidad de engendrar por la vix naturae, pero, y esto es muy serio: es un crimen contra el embrión: La CIDH falló contra la vida del embrión en aras de la vida de un hijo por ese método, es decir defiende la vida a expensas de la muerte.

Un óvulo es sencillamente la mitad de la información genética humana o sea XX, al espermatozoide le corresponde la otra mitad de la información genética: XY; la unión de ambos se llama concepción y forma la célula humana con toda la información genética necesaria para crearme a mí, a usted, a su madre, a su hijo, a un santo y a un asesino, en fin, a cualquier ser humano. 

Desde el momento mismo de la concepción, se empiezan a definir las posiciones cromosómicas dentro de la primaria célula humana que hacen de cada ser humano un ser irrepetible, cada embrión desechado es un ser humano tirado a la basura: al lavamanos, al desagüe. 

Estamos ante la destrucción de la vida humana en aras de la vida misma: paradoja irresoluble a los ojos de cualquier persona medianamente informada. Esta es la razón por la que este fallo es solo el preámbulo para la legalización del aborto criminal en Costa Rica.  

Tenemos como médicos que plantearnos seriamente y plantearle a las autoridades de salud lo siguiente: el fallo no puede ser vinculante con el ejercicio de la medicina, bajo ningún concepto, no podemos dedicar los recursos económicos para curar a seres humanos a matar seres humanos. 

Yo estudié medicina y lo primero que aprendí fue: primum non nocere (primero no hacer daño) y en esa sencilla sentencia he edificado mi práctica médica personal por casi cuatro décadas, y lo he hecho de muy buen grado, salvando incluso vidas y extremidades de criminales a sabiendas de lo que hacía, ese es el dilema médico por antonomasia: prolongarás vidas inútiles, dice Aesculapio en sus concejos. 

Por otro lado, la CCSS no está obligada a acatar por mandato de la CIDH la FIV como esquema de tratamiento: nadie peligra ni se muere por no tener una Fecundación in vitro en los hospitales de la Seguridad Social, además los que pagamos cuotas no estamos obligados a subvencionar la eliminación de embriones humanos.

Asimismo ningún médico puede ser coaccionado a actuar contra los principios mismos de la vida humana, no en una democracia. Esto debe ser parte de un debate médico nacional, médicos y autoridades de salud, ambos estamos obligados a revisar el alcance de ese fallo.