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Ordenados para servir a Dios y a su pueblo

Escrito por Super User el . Publicado en Iglesia hoy

  • Ordenación presbiteral en Limón

Laura Ávila Chacón
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Lo que es de Dios, es en el momento y en el lugar que debe ser. Esa frase resume el proceso vocacional de tres jóvenes que se ordenaron sacerdotes en la Catedral de Limón, este sábado 11 de agosto. 

Se trata de los ahora presbíteros Ronny Sequeira, Armando Campos y Juan Carlos Álvarez, quienes por imposición de manos de Monseñor Javier Román Arias, fueron consagrados a Dios, en presencia de sacerdotes, religiosos, amigos y familiares.

Así dejaron atrás las dudas, los miedos, las lágrimas, y hasta las incompresiones. Ahora son sacerdotes de Cristo para servir a su pueblo.

Como dice el adagio, “son pocos los elegidos”, pues el trabajo en la Iglesia implica servicio, amor, entrega y sacrificio, no busca privilegios ni elogios, ni mucho menos juzgar a nadie.

Por eso fueron ordenados pastores de Cristo para servir como Él a todos, esas palabras estuvieron muy presentes en la homilía del Obispo de Limón, Monseñor Javier Román.

“Nuestra diócesis requiere de cada uno de sus presbíteros una permanente actitud de sacrificio por amor. Si estamos aquí hoy es porque estamos dispuestos a dar la vida por el anuncio de la Buena Noticia de la Salvación, especialmente a los pobres, a los alejados y los excluidos, a todos esos hermanos que nuestra sociedad desecha y descarta”, les dijo.

En este servicio, no caben actitudes poco evangélicas como el clericalismo, los lujos, el egoísmo, las vanidades o pretender hacer carrera eclesiástica valiéndose de puestos o nombramientos, reiteró Monseñor.

“Nunca un servicio puede ser tomado como sinónimo de privilegio en la Iglesia. Todo lo que somos y hacemos está ordenado a Cristo y al pueblo Santo de Dios, no hay parroquias mejores que otras, no hay lugares de premio ni de castigo, aquí todos somos iguales siervos de la mies, como iguales somos delante del Señor”, agregó.

Nuestro pueblo, dijo Mons. Román Arias “pide a gritos pastores que no tengan miedo de defender la justicia, el bien y la verdad, sacerdotes abiertos, sensibles, cercanos y comprometidos, que las oficinas parroquiales tengan siempre las puertas abiertas, que no hay horarios para recibir a quien necesita ayuda espiritual”.

“Si sirven en la ciudad, gasten zapatos visitando los barrios, y si lo hacen en territorio indígena, gasten botas en la montaña, no descansen hasta encontrar a los hermanos más alejados y hagan sentir a todos el amor de Dios”.

Finalmente, aconsejó a los tres sacerdotes que conscientes de haber sido elegidos entre los hombres  constituidos  a favor de ellos para cuidar las cosas de Dios, ejerzan con alegría y caridad sincera la obra sacerdotal de Cristo, con el único anhelo de gustar a Dios y a no a ustedes mismos. “Sean pastores, no funcionarios. Sean mediadores, no intermediarios y nunca los asalariados del rebaño, recordando la bella imagen  del Buen Pastor”, concluyó.

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