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Agosto, mes de la familia

Agosto siempre trae consigo un agradable sabor familiar. Comenzamos el mes celebrando a la Madre del Cielo, la Virgen de los Ángeles, y el próximo día 15, en la Solemnidad de La Asunción de la Virgen María al cielo, a nuestras mamás, que vivas o ya en la presencia de Dios, recibieron y custodiaron el don de la vida. A ellas, por su entrega amorosa, ejemplo de superación y esfuerzo valiente, nuestro agradecimiento eterno.

Dichas celebraciones se encuentran enmarcadas para los creyentes dentro del mes de la familia, agosto, durante el cual se hacen más evidentes y numerosos los espacios de reflexión, oración y acompañamiento familiar.

Y no es para menos. Como enseña el magisterio, la familia, fundada en el matrimonio, constituye un patrimonio de la humanidad, una institución social fundamental; es la célula vital y el pilar de la sociedad y esto afecta tanto a creyentes como a no creyentes. 

Es una realidad por la que todos los Estados deben tener la máxima consideración, pues, como solía repetir Juan Pablo II, el futuro de la humanidad se fragua en la familia.

“Todos los pueblos -enseñaba allá por el año 2005 el Papa Benedicto XVI- para dar un rostro verdaderamente humano a la sociedad no pueden ignorar el don precioso de la familia, fundada sobre el matrimonio. “La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio para toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, es el fundamento de la familia, patrimonio y bien común de la humanidad. Así pues, la Iglesia no puede dejar de anunciar que, de acuerdo con los planes de Dios (Mt 19,3-9), el matrimonio y la familia son insustituibles y no admiten otras alternativas”.

Ello nos lleva a pensar seriamente en nuestro contexto costarricense, tan lleno de desafíos, limitaciones y esquemas que se oponen al fortalecimiento de la familia y su promoción, como debería de procurarse en una sociedad que realmente busque el bien de todos.

La pobreza, el desempleo, las disparidades educativas, la violencia intrafamiliar, el alcoholismo, las drogas, la falta de diálogo, el egoísmo, el consumismo, las ideologías y los gustos convertidos en políticas públicas, son factores que directamente golpean a nuestras familias, las desacomodan y desintegran, y con ella se desestructura la sociedad como un todo.

Se insiste en llamar matrimonio a uniones que no lo son. El matrimonio es un sacramento y siempre lo será para el hombre y la mujer que sobre el vínculo del amor deseen formar una familia, por más que algunos lo quieran forzar de otros modos.

Llama la atención eso sí, la forma sistemática, orgánica y financiada, hasta con cargo al presupuesto nacional, con el que se promueve, incluso acudiendo a presiones indebidas sobre jueces y otras autoridades, el reconocimiento de estas uniones, casi presentándolas como conquistas sociales.

Prudencia costarricenses. El respeto debido a todos en orden a la dignidad de cada persona no es enemigo ni se contrapone a la verdad. Quien ignora la verdad, la ciencia y la moral para dar cabida al relativismo y a la mentira, carga sobre su espalda el peso del error y su conciencia tarde o temprano se lo reclamará.

Desde la esperanza de nuestra fe cristiana seguiremos proclamando en todo tiempo y lugar la belleza y la vigencia del matrimonio y la familia fundada sobre la unión de un hombre y una mujer, abierta a la vida y a la trascendencia en Dios su Creador. 

Ánimo, el Señor está con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo…