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Desconfianza debilita vida en sociedad

Escrito por Super User el . Publicado en Gran Tema

Los costarricenses son cada vez más desconfiados de sus instituciones y mantienen una actitud pesimista sobre el futuro, especialmente en el campo económico. Lo refleja la más reciente encuesta de opinión sociopolítica del CIEP-UCR. La Iglesia Católica no escapa de esta valoración.

Laura Ávila Chacón
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Desconfianza y pesimismo podrían resumir el sentimiento que predomina en la sociedad costarricense de frente a las instituciones y al futuro del país, de acuerdo con los resultados de la encuesta de opinión sociopolítica, publicada el pasado 22 de agosto por el Centro de Investigación y Estudios Políticos (CIEP), de la Universidad de Costa Rica (UCR).

En el plano político, las percepciones alrededor de los primeros tres meses de gobierno del presidente Carlos Alvarado muestran un pesimismo generalizado, siendo el principal problema social aludido la inseguridad, seguido del desempleo y en un tercer lugar, la situación fiscal.

Los ticos también dibujan un panorama negativo alrededor de la migración de nicaragüenses como fruto de la crisis política y social que vive su país, así como de la gestión del Poder Judicial, al punto de que 63 de cada 100 entrevistados respondió que la administración de justicia está peor que hace dos años.

Esta evaluación se proyecta en la misma línea hacia las instituciones en general, pues se detecta una creciente desconfianza, de la cual no escapa la Iglesia Católica.

Al respecto, la medición sobre la calificación de las instituciones se estableció de 1 a 10, siendo 6.8 la nota mínima para considerar que los costarricenses aprueban su gestión.

Únicamente 6 entidades superan ese umbral: la Universidad de Costa Rica (8.2), las universidades públicas en general (7.8), el Organismo de Investigación Judicial (7.2), el Instituto Costarricense de Electricidad (7.1), las universidades privadas (7.1) y el Tribunal Supremo de Elecciones (6.9). Las demás instituciones consultadas “reprueban” en la valoración de la ciudadanía y la mayor parte de ellas incluso empeora su nota. Así, por ejemplo, la Iglesia Católica recibe la calificación más baja desde abril de 2013 con una nota de 6.5. La Caja Costarricense del Seguro Social es calificada por la población con una nota de 5.7 y la Policía con un 5.7. 

El estudio llama la atención por el fuerte deterioro de la opinión sobre la Defensoría de los Habitantes que también recibe la peor calificación en toda la serie (2013 a 2018; nota 6.1). El Poder Judicial (5.9) y la Sala Constitucional (5.6) también son calificadas de forma negativa y obtienen su peor nota desde el abril de 2013. 

Otras iglesias (5.9), la Contraloría General de la República (5.5) y RECOPE (4.5) tampoco se salvan del descontento y la desaprobación de la ciudadanía. El gobierno mejora su valoración respecto de marzo de 2018 pues pasa de una nota de 4.9 a 5.2, sin embargo, está lejos de su valor más alto (6.2) alcanzado en julio de 2017 en la administración Solís Rivera. 

La Asamblea Legislativa y los partidos políticos continúan como las entidades peor valoradas por los costarricenses. 

La situación de la Iglesia

El Dr. Ronald Alfaro, investigador del CIEP, confirma  que todas las instituciones experimentaron una reducción en su calificación, y en el caso de la Iglesia, hay factores a largo y a corto plazo que lo podrían eventualmente explicar.

Mencionó por ejemplo la creciente insatisfacción de los ciudadanos con el desempeño de las instituciones y las organizaciones de la sociedad civil en general, fenómeno que ocurre no solo en Costa Rica, así como hechos puntuales, como el informe de los abusos sexuales en Estados Unidos, que salió a la luz en los días de la encuesta.

“No es que sea una ecuación matemática, son cosas que pueden estar asociadas, aunque es difícil decir que todos los costarricenses conocen del tema, pero esos hechos son los que normalmente hacen variar las notas de las instituciones”, explicó Alfaro.

Otro aspecto que para él es necesario considerar, es que el país viene saliendo de una campaña electoral en la cual el tema religioso estuvo muy presente, y la Iglesia Católica jugó un rol muy visible, lo cual tiene sus repercusiones.

Eso sí, dijo que si todas las instituciones hubieran mejorado su calificación y solo la Iglesia hubiera bajado, se podría pensar en un tema específico que la habría afectado, lo cual no es el caso, aunque ello no resta importancia al cambio de percepción de los encuestados.

El politólogo Sergio Araya relacionó por su parte los resultados de esta encuesta con el decrecimiento en el nivel de adherencia de parte de los ciudadanos que viene recibiendo la Iglesia, fenómeno que no es exclusivo de Costa Rica, pero que no se puede pasar por alto. 

Ello es evidente, según dijo, en el crecimiento de denominaciones cristianas con católicas, especialmente de corte neopentecostal, y en la erosión del carácter católico que imperaba en la sociedad costarricense hasta hace algún tiempo.

Señaló que existen factores estructurales que podrían explicar el fenómeno, así como asuntos coyunturales. Coincidió en el efecto de la campaña política, en el que algunos católicos pudieron sentirse poco respaldados por la jerarquía frente a la agenda que elaboró el candidato Fabricio Alvarado, y asuntos como la migración y los escándalos de pedofilia.

Pidió recordar que la encuesta, cuando habla de Iglesia Católica, no se refiere a la ciudadanía que profesa la fe en clave eclesial, sino exclusivamente a los obispos y sacerdotes del país.

Para Araya, frente a los resultados de la encuesta, es necesario hacer esfuerzos para recuperar el posicionamiento especialmente entre las generaciones más jóvenes, así como tener en cuenta los temas que despiertan sensibilidad en el ambiente, como los relacionados con los derechos sexuales y las minorías.

En relación a la migración de creyentes hacia otros grupos, dijo que no se pueden desconocer motivaciones que expresan estas personas, como el hecho de sentirse más tomados en cuenta así como las experiencias vivenciales de la fe.

La Iglesia vive de Cristo, no de encuestas

Al respecto, el Padre Mauricio Granados, secretario adjunto de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, dijo que no le sorprende el resultado general obtenido por las instituciones, pues se trata de una tendencia cultural que se ha instalado en Occidente desde los años 90, que nace en Europa y que afecta en este momento a América Latina con fuerza, además se siente el peso de la opinión de generaciones más modernas como los llamados millenials, (nacidos entre 1980 y el 2000) que tienen un desarraigo más generalizado por las instituciones y el modelo de sociedad democrática desprendido después de la II Guerra Mundial. 

La Iglesia, explicó, aunque a sí misma no se considera una institución como tal, sino un misterio, en el común de la gente, especialmente quienes ven a la Iglesia solamente como su jerarquía, puede percibirse de ese modo y por tanto también se ve afectada por ese desgaste.

El sacerdote coincidió que podrían haber efectos de la campaña electoral, en particular del descontento que algunas personas sintieron ante lo que percibieron como una inacción de los obispos y sacerdotes a los supuestos ataques que recibió la Virgen de los Ángeles, desconociendo el hecho de que pesaba sobre la Iglesia una medida cautelar del Tribunal Supremo de Elecciones que le impedía manifestarse abiertamente. Otro factor que mencionó fueron efectivamente los casos de abuso sexual de Chile y Estados Unidos.

“Con ese telón de fondo observamos con atención el dato, pero también tenemos que equipararlo con el desgaste de las demás instituciones de nuestro país”, dijo.

El Padre Mauricio recordó que la Iglesia no puede vivir de las encuestas ni de la opinión pública, ya que su trabajo es testimonial. “Ser sal de la tierra y luz del mundo conlleva enfrentarse a las ideologías que adversan el Evangelio, temas como oponerse el lucro y defender la vida muchas veces traen descrédito”, dijo. “Jesús muere al final por la condena popular, que en términos de opinión pública sería muy mala”, agregó.

Eso sí, dijo, lo que debería de preocupar a los católicos es que ese dato que revela la encuesta se convierta en un obstáculo para presentar el Evangelio, es decir, que los prejuicios sociales impidan realizar la misión.

“Ahí si debemos de redoblar los esfuerzos, y no solo en los campos tradicionales de la evangelización, como la catequesis y la proyección social, sino en nuestra comunicación con la sociedad, en clave de transparencia y de mostrar que esos prejuicios no son ciertos, que es mentira por ejemplo que la Iglesia viva para acumular dinero o que se goce en privilegios inexistentes”, agregó.

Por eso, llamó a la conciencia especialmente de los católicos sobre cómo sopesar los datos de encuestas como éstas, recordando que la Iglesia es la proyección de Jesucristo en la realidad, ya que el Señor sigue hablando, bautizando y dando su gracia a la sociedad a través de la Iglesia.

“No podemos vivir de cortoplacismos, es un dato a tomar en cuenta, pero no es el dato fundamental, nuestro dato fundamental es lo que está haciendo el Señor a través del trabajo de la Iglesia en los corazones y las vidas de las personas”, concluyó.

 

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