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Iglesia actúa contra crímenes de abuso sexual

Escrito por Super User el . Publicado en Gran Tema

La investigación diligente, imposición de medidas cautelares y la remisión de la prueba ante la Santa Sede, así como la identificación y la solidaridad con las víctimas, cuyo sufrimiento se siente en carne propia, demuestran la cero tolerancia de la Iglesia en nuestro país frente a este flagelo. El caso más reciente se verifica en la Arquidiócesis de San José.

Martín Rodríguez González
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En su carta al pueblo de Dios sobre los abusos sexuales del clero (18 de agosto, 2018), el Papa Francisco constata que estos crímenes generan hondas heridas de dolor e impotencia, en las víctimas, sus familias y la comunidad.

Junto al perdón implorado y el compromiso de reparar el daño causado, el Santo Padre reconoce que ningún esfuerzo será poco para generar una cultura capaz que evite que estas situaciones no se repitan, ni encuentren espacios para ser encubiertas y perpetuarse.

“Con vergüenza y arrepentimiento, como comunidad eclesial, asumimos que no supimos estar donde teníamos que estar, que no actuamos a tiempo reconociendo la magnitud y la gravedad del daño que se estaba causando en tantas vidas. Hemos descuidado y abandonado a los pequeños”, escribe Su Santidad.

La magnitud y gravedad de los acontecimientos, a la luz de informes como el que acaba de conocerse en el Estado de Pensilvania, en Estados Unidos, (ver módulo) exige asumir este hecho de manera global y comunitaria, explica el Papa.

Para él, si bien es importante y necesario en todo camino de conversión tomar conocimiento de lo sucedido, esto en sí mismo no basta. 

“Hoy nos vemos desafiados como Pueblo de Dios a asumir el dolor de nuestros hermanos vulnerados en su carne y en su espíritu. Si en el pasado la omisión pudo convertirse en una forma de respuesta, hoy queremos que la solidaridad, entendida en su sentido más hondo y desafiante, se convierta en nuestro modo de hacer la historia presente y futura, en un ámbito donde los conflictos, las tensiones y especialmente las víctimas de todo tipo de abuso puedan encontrar una mano tendida que las proteja y rescate de su dolor”, escribe Francisco.

Diligencia ante denuncias

En consonancia con esta exigencia evangélica, la Iglesia en nuestro país asume la política de tolerancia cero ante casos de abusos sexual, y el caso más reciente, verificado en la Arquidiócesis de San José, así lo demuestra.

Se trata de la recepción de una denuncia de delitos graves contra personas menores de edad, presuntamente realizados por un sacerdote de apellido Víquez de 54 años, a quien se le impusieron medidas cautelares, por lo que no puede ejecutar actos propios del ministerio sacerdotal, como la celebración de los sacramentos.

Un comunicado de la Curia Metropolitana con fecha de 20 de agosto de 2018, explica que el Arzobispo de San José Monseñor José Rafael Quirós, ordenó la inmediata investigación que exige la normativa eclesiástica y la prueba obtenida fue enviada a la Santa Sede recién el martes 21 de agosto, específicamente a la Congregación de la Doctrina de la Fe, instancia responsable de juzgar dichos delitos.

Las denuncias fueron presentadas por tres hombres, hoy adultos. El primero de ellos planteó su formal acusación el 15 de mayo anterior, y los hechos se remontan a más de 20 años atrás. 

“Los denunciantes afirman haber sido abusados sexualmente por el sacerdote, cuando tenían entre trece y dieciséis años, en las comunidades parroquiales en que el denunciado ejerció su ministerio sacerdotal”, explica el comunicado.

Igualmente, se reitera el compromiso de la iglesia arquidiocesana con la lucha contra el abuso sexual y se reitera la solidaridad con las víctimas de estos graves delitos e injusticias cometidas, al tiempo que se pide a todas las personas, en particular a los afectados, padres de familia o encargados en situaciones similares, a que presenten su denuncia en la Cancillería de la Curia Metropolitana.

Al respecto, el Pbro. Rafael Ángel Sandí, Canciller de la Curia Metropolitana, dijo que aquellas personas que se sientan ofendidas por esta o cualquier otra c´ausa, pueden pedir justicia dirigiéndose a la Curia Metropolitana para ahondar en la investigación. 

“Son situaciones que no deben suceder, que no tienen por qué suceder y que nos hacen a todos sentirnos mal, es parte de la naturaleza humana, a pesar de la investidura, pero tenemos que trabajar para que no se den nunca más”, agregó.

En los últimos cinco años, dijo, en la Arquidiócesis de San José se han llevado a cabo seis procesos sobre el mismo tema que han terminado con la expulsión del estado clerical de igual número de sacerdotes. Hay otros casos que en este momento están en proceso de recolección de prueba.

En el caso del sacerdote Víquez, detalló que solo se tiene conocimiento del proceso canónico, pues tal y como lo establece la legislación nacional el proceso civil, tiene que ser presentado por las víctimas ante las instancias judiciales correspondientes.

Sobre el estado de las denuncias en las demás diócesis del país, el Padre Sandí recordó que cada iglesia particular posee independencia y los casos son llevados en las respectivas curias diocesanas.

El canciller arquidiocesano explicó que ya se han tomado medidas concretas para evitar que situaciones así se repitan, como el mismo Encuentro Nacional del Clero, celebrado en junio anterior, dedicado a la prevención de los abusos sexuales, así como el proceso de elaboración y revisión de legislación para instaurar protocolos que garanticen seguridad para todos en la Iglesia.

Igualmente, se han incorporado a la formación de los futuros sacerdotes en el Seminario equipos de psicólogos y otros especialistas para acompañar a los jóvenes y detectar situaciones que podrían desencadenarse en el futuro y que se pueden prevenir.

Hacia una cultura de cuido

Al respecto, en su carta al pueblo de Dios, el Papa Francisco enfatiza en la importancia de que la solidaridad sea entendida como la exigencia de denunciar todo aquello que ponga en peligro la integridad de cualquier persona, así como la lucha contra todo tipo de corrupción, especialmente la espiritual, “ya que el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz (2 Co 11,14)”.

“Soy consciente del esfuerzo y del trabajo que se realiza en distintas partes del mundo para garantizar y generar las mediaciones necesarias que den seguridad y protejan la integridad de niños y de adultos en estado de vulnerabilidad, así como de la implementación de la “tolerancia cero” y de los modos de rendir cuentas por parte de todos aquellos que realicen o encubran estos delitos. Nos hemos demorado en aplicar estas acciones y sanciones tan necesarias, pero confío en que ayudarán a garantizar una mayor cultura del cuidado en el presente y en el futuro”, escribe Su Santidad.

Conjuntamente con esos esfuerzos, estima el Papa, es necesario que cada uno de los bautizados se sienta involucrado en la transformación eclesial y social que se necesita. “Tal transformación exige la conversión personal y comunitaria, y nos lleva a mirar en la misma dirección que el Señor mira”.

Dicha conversión es posible solamente con la participación activa de todos los integrantes del Pueblo de Dios, pues para el Papa, es evidente “que cada vez que hemos intentado suplantar, acallar, ignorar, reducir a pequeñas élites al Pueblo de Dios construimos comunidades, planes, acentuaciones teológicas, espiritualidades y estructuras sin raíces, sin memoria, sin rostro, sin cuerpo, en definitiva, sin vida”. 

Esto se manifiesta con claridad, asegura, en una manera anómala de entender la autoridad en la Iglesia, tan común en muchas comunidades en las que se han dado las conductas de abuso sexual, de poder y de conciencia, como es el clericalismo, esa actitud que “no solo anula la personalidad de los cristianos, sino que tiene una tendencia a disminuir y desvalorizar la gracia bautismal que el Espíritu Santo puso en el corazón de nuestra gente”.

“El clericalismo, favorecido sea por los propios sacerdotes como por los laicos, genera una descisión en el cuerpo eclesial que beneficia y ayuda a perpetuar muchos de los males que hoy denunciamos. Decir no al abuso, es decir enérgicamente no a cualquier forma de clericalismo”, concluye el Santo Padre, reiterando que todo lo que se realice para erradicar la cultura del abuso de nuestras comunidades, sin una participación activa de todos los miembros de la Iglesia, no logrará generar las dinámicas necesarias para una sana y realista transformación.

Confianza: el reto de la Iglesia

El presidente de la Pontificia Comisión de Protección de Menores, el cardenal Sean O’Malley, publicó una carta en la que reconoce que tanto los católicos como la sociedad civil han perdido la confianza en los obispos de la Iglesia en Estados Unidos, ante la divulgación de un informe en el Estado de Pensilvania, que señala a unos 300 sacerdotes de tres diócesis distintas como responsables de más de mil casos de abusos sexuales cometidos a lo largo de varias décadas.

“El tiempo se acaba para todos nosotros, líderes de la Iglesia. Los católicos han perdido la paciencia con nosotros”, reconoció el Arzobispo de Boston.

“Hay momentos en que las palabras nos fallan, cuando no captan la profundidad de las situaciones abrumadoras que a veces enfrentamos en la vida. Para la Iglesia en los Estados Unidos, este es uno de esos momentos”, añadió.

El purpurado estadounidense, que llevó a cabo la limpieza en la Diócesis de Boston, ha reclamado, a tono con el Papa Francisco, la participación de los laicos para superar esta crisis en la Iglesia Católica: “La crisis que enfrentamos es producto de pecados y errores clericales. Como Iglesia, la conversión, transparencia y responsabilidad que necesitamos, solo es posible con la participación y el liderazgo significativo de los laicos”.

Así ha pedido la colaboración de personas “que pueden aportar su competencia, experiencia y habilidades” para extirpar de una vez los casos de abusos en el seno de la Iglesia. Y agregó: “Si la Iglesia sigue adelante reconociendo en profundidad lo ocurrido, el futuro puede brindar la oportunidad de volver a ganarnos la confianza y el apoyo de la comunidad de católicos y de nuestra sociedad”.

En este sentido, manifestó la vergüenza que debe sentir la Iglesia ante el informe del Gran Jurado de Pensilvania: “Seguimos avergonzados por estos fallos atroces a la hora de proteger a los niños y las personas vulnerables y afirmamos nuestro compromiso de que estos fallos nunca se repitan”.

De este modo, denunció que la jerarquía católica todavía no ha establecido “sistemas claros y transparentes de rendición de cuentas ni de asunción de consecuencias para los líderes de la Iglesia cuyos fallos han permitido que ocurran estos crímenes”.

“La Iglesia debe abrazar la conversión espiritual y exigir transparencia legal y responsabilidad pastoral para todos los que llevan a cabo su misión. Esta transformación no se logra fácilmente, pero en todos los aspectos es imprescindible”, escribió.

Además insistió que es necesario mejorar la forma en que se preparan a los sacerdotes, la forma en que se ejerce el liderazgo pastoral y la forma en que se coopera con las autoridades civiles. “Todo esto tiene que ser consistentemente mejor de lo que ha sido el caso”, resumió.

Finalmente, llamó a la esperanza y a no sucumbir “a la desdichada idea de que nuestros fracasos no pueden corregirse”. Y concluyó: “Como la Iglesia, tenemos la responsabilidad de ayudar a las personas a no perder la esperanza. Ese fue el mensaje de Jesús a todos aquellos a quienes ministraba, especialmente en tiempos de gran prueba”.

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