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Menos niños, más ancianos y muchas preguntas

En nuestro país la transición demográfica se ha dado a un ritmo vertiginoso. El resultado de profundas transformaciones sociales y décadas de control de la natalidad colocan al país ante graves retos, sin que exista una respuesta clara y articulada a la situación.

Ma. Estela Monterrosa S.
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Más abuelitos y menos niños es el cambio que empieza a percibirse en Costa Rica. Más demanda de servicios de salud para adultos mayores y menos de educación para niños. Empezamos a hacer cuentas para ver como aseguramos las pensiones de una gran cantidad de costarricenses porque no hicimos lo que debíamos cuando era oportuno.
El cambio, si bien ha sido acelerado, no se dio de un día para otro. “Desde hace más de 50 años se viene dando un proceso de transición demográfica, es un cambio en la población en que disminuye la tasa de mortalidad y luego la tasa de fecundidad. Es algo que ha ocurrido en la mayoría de los países del mundo por el desarrollo económico y social”, explicó Pamela Jiménez, investigadora de Programa Informe Estado de la Nación.
Políticas públicas en salubridad como alcantarillado sanitario, vacunación, campañas de lavado de manos, entre otros, dieron como resultado la baja en la tasa de mortalidad y una cosa llevó a la otra.

“Al inicio de la transición las mujeres tenían más de siete hijos, pero la mayoría tenía más partos. Lo que pasaba era que la mortalidad infantil era muy alta. Los niños morían por         enfermedades infecciosas y contagiosas como diarreas. Pero después la fecundidad empieza a disminuir porque los niños sobreviven”, indicó.
Otros hechos que han incidido en la baja de la tasa de fecundidad es que las mujeres se incorporaron al sistema educativo y al mercado laboral. Pero ninguna tuvo más impacto que las políticas de planificación familiar -en los años 90- y de esterilización de las mujeres. La tasa de fecundidad bajó a 3 o 4 hijos por mujer. Actualmente está por debajo del nivel de reemplazo.

“La fuerte reducción en la fecundidad ocurre asociada a la disponibilidad de contraceptivos. Por ejemplo, cuando la Caja Costarricense de Seguro Social empezó a dar anticonceptivos tuvo un efecto muy fuerte, porque las mujeres podían controlar cuántos hijos querían tener”, comentó Jiménez.
Además, hay diferencias socioeconómicas marcadas. Al analizar los perfiles se ha encontrado que las mujeres con mayor nivel educativo tienen menos hijos. Por otra parte, las familias prefieren tener menos hijos para poder darles educación privada, servicios de salud privados, etcétera.
“Hace muchos años tener hijos era tener mano de obra. Conforme hay un desarrollo económico y social, los niños no trabajan, sino que estudian, eso tiene un costo económico porque significa que los padres los deben mantener por más tiempo”, dijo Jiménez.

Oportunidades en educación

La reducción de la fecundidad tiene oportunidades, según la investigadora, porque se da el bono demográfico, eso es cuando hay un peso bajo en la población de personas económicamente dependientes (niños y adultos mayores). “Es una oportunidad en materia económica y fiscal porque hay más personas en edad de trabajar, esto ya se dio en Costa Rica y está a punto de acabar (para el año 2025) y no se aprovechó porque se debían implementar políticas adecuadas en educación y empleo”, explicó.
Otra oportunidad que trae la baja en la tasa de fecundidad es que implica menos demanda en educación, lo que permitiría mejorar la calidad.

De acuerdo con María Alexandra Ulate, del Ministerio de Educación Pública, en el 2005 había una matrícula de 521.000 estudiantes en I y II ciclo (escuela), ahora hay una matrícula de 443.000 estudiantes. “Desde el 2010 la matrícula es casi la misma. Esperamos un descenso gradual de unos mil estudiantes cada dos años. Pero no podemos prever que va a pasar”, indicó. Como ejemplo mencionó que del 2016 al 2017 la matrícula se redujo en 1.785 estudiantes en I y II ciclo. 

Agregó que la situación ha representado una alerta. “Hemos tenido que planificar qué vamos a hacer en los próximos años. Hemos tratado de verlo como una oportunidad de mejora en la calidad de la educación. Reconocemos cosas positivas que podemos hacer”, dijo. En este sentido, señaló la infraestructura y los profesionales capacitados como recursos para mejorar la calidad porque al ser menos estudiantes se les puede dar una atención más cercana.
“Al haber menos estudiantes se puede ampliar el horario y darles el currículo completo.  Costa Rica ya inició este proceso. Hemos revisado las zonas del país donde se ha reducido más la matrícula y en que niveles para tomar decisiones para que los recursos destinados a la educación sean bien aprovechados. Actualmente la zona donde más ha bajado la matrícula es en la Gran Área Metropolitana, San José, Cartago, pero Heredia es la provincia donde ha descendido más”, comentó.

Encuentre la entrevista completa en la edición impresa de Eco Católico.

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