Cómo ser Iglesia en la post-cristiandad?

Pbro. Víctor Manuel Salas H.
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Lo primero que hay que darse cuenta es que hace más de 50 años sucedió el Concilio Vaticano II. Gracias al empuje de San Juan XXIII y el Beato Pablo VI. El Concilio nos da luces interpretativas para enfrentar éste período que nosotros mismos hemos empezado, ya que  se han cometido muchos errores y horrores. Desde luego muchos aciertos, pero lo otro es más diciente. La historia ya nos lo está cobrando y muy caro. Estoy seguro que por hechos no hemos aprendido la lección.

Hay que empezar por vernos desde otra perspectiva. Esto sería muy sano y adecuado. Tenemos que pensar y actuar desde otros parámetros. Volver a los principios que nos identifican como creyentes en Jesucristo y su plan salvífico en favor de la humanidad. Hemos dejado muchos de esos postulados de lado. El Concilio Vaticano II y las Conferencias Episcopales Latinoamericanas nos lo han recordado. Hemos tenido en América Latina grandes obispos pensantes y santos. En Costa Rica también, Mons. Thiel, Mons. Sanabria, Mons. Coto Monge.

Tenemos que dejar a un lado este duelo eclesial de la pérdida del lugar de los privilegios y ubicarnos sensatamente. Tenemos que caer en la cuenta del nuevo estado de la Iglesia, además de los escándalos y de una acción eclesial que no responde; en general, a los nuevos tiempos, ya que era un programa de la nueva cristiandad. Hay que buscar caminos, estamos en tiempos de post-cristiandad.

Hay que dejarse de ilusiones, no hay vuelta atrás. Desde el Siglo XXI empezó este período y el contragolpe es la nueva cristiandad. En América, con la conquista española y portuguesa este proceso se retrasó, pero en el siglo XVIII se acrecentó hasta el día de hoy. La historia continúa y no podemos vivir de “recuerdos de glorias idas”, tenemos que enfrentar el presente con esperanza y como un reto.

Vamos hacia adelante, aceptando con responsabilidad lo que nos corresponde, enmendando el pasado, proyectando el futuro. Tenemos la presencia de grandes santos como el Santo Hermano Pedro, San Martín, Santo Rosa de Lima, San Toribio de Mogrovejo, Mons Romero. Aunque hay otros que se han encargado de empañar la vida de santidad que la Iglesia puede ofrecer al mundo, no podemos perder el rumbo. Nos tocará la conversión, personal, de las familias, de la Iglesia, de las estructuras eclesiales y de la acción evangelizadora.

Es urgente y prioritaria una acción eclesial que verdaderamente sea evangelizadora, con mayor conciencia social en la formación de los candidatos al presbiterado, fortaleciendo el estudio y reflexión de la Doctrina Social Cristiana, con mayor claridad en la misión y la promoción de la persona, ubicándonos en el lugar del pobre y con medios pobres. Salir al encuentro de una humanidad herida y violenta, ofreciendo creíblemente el evangelio, como Juan el Bautista, señalando el camino.

¡Basta ya de  nostalgias absurdas! Pero si enseñar a orar, a vivir los sacramentos, a ser solidarios, a poder escuchar…a tender puentes…No podemos detener el reloj de la historia. Sin caer en triunfalismos, la Iglesia tiene mucho que dar al mundo y es la santidad de Nuestro Señor que engrandece el alma humana.

Especialmente los presbíteros tenemos que mirarnos a nosotros mismos y pedir perdón descubriendo cuáles son nuestras motivaciones, para poder ser actores de cambio espiritual en medio del mundo que con derecho nos cuestiona.

Tenemos que entrar en diálogo con la diferencia, con todos, absolutamente con todos. Promover el diálogo al interior de la Iglesia, generar espacios de escucha, dejarnos de tanto clericalismo malsano que nos hace intolerantes y hace daño. Tenemos que estudiar, reflexionar y generar cambios necesarios. Darle la palabra a los laicos, que no es una concesión, es un derecho que le hemos quitado, ocuparnos de los pobres, pero de verdad. No hacer gastos innecesarios al interior de la Iglesia institucional, dejarnos  de ocuparnos tanto del poder, la imagen, el dinero, saber leer los signos de los tiempos, evaluar los procesos kerigmáticos y catequéticos. Nada a la fuerza funciona. 

Hay que convencer, integrar, atender, valorar, evaluar, trabajar en equipo, dar la palabra, responsabilizar, crear comunión, saber detenerse y emprender caminos. Emprender procesos evangelizadores, abandonando la cultura de la ocurrencia pastoral.

Una Iglesia direccionada hacia el Reino. El proyecto Aparecida lo clarifica y da pautas, para convocar, dar sentido espiritual a la evangelización, enseñar a ser personas y personas de fe, saber leer la realidad: la violencia en las calles, asesinatos, el narcotráfico como “opción” para ambiciosos facilistas, el lavado de dinero, la trata de personas, ver nuestros errores a lo interno como eclesialidad.

Hay que romper con la ensoñación pastoral y algo que nos está haciendo mucho daño, y es que algunos poseen una actitud de añoranza y la quieren institucionalizar. No los dejaremos, estamos contigo Papa Francisco.

El autor es Msc. en Psicología Comunitaria y Teología Pastoral. Párroco del Roble de Puntarenas. Para comentarios: Tel. 8380-3684.