Otras mujeres en Proverbios

  • Terminamos de conocer a las mujeres del libro de los Proverbios, quienes nos dejan valiosas enseñanzas.

Pbro. Mario Montes M.
Animación bíblica, Cenacat

Terminamos hoy de presentar a las diversas mujeres simbólicas del libro de los Proverbios, con el siguiente elenco, a modo de “desfile”  o pasarela femenina: 

La amante

La figura de la amante en Proverbios se entrecruza y se integra entre la Sabiduría, la esposa y la mujer seductora. Se encuentran puntos de contacto con el Cantar de los cantares, donde la amada busca y encuentra a su prometido, al igual que la mujer seductora de Prov 7: “Por eso he salido a tu encuentro, ansiosa de verte y te he encontrado” (Prov 7,15). En cuanto a la Sabiduría, los papeles se invierten: es el hombre el invitado a buscarla y encontrarla, al no hacerlo es castigado: “Los que madrugan por mí me encuentran” (Prov 8,17b). “Porque el que encuentra, encuentra la vida y goza del favor del Señor” (Prov 8,35). “Si la procuras como al dinero  la plata y la buscas como un tesoro” (Prov 2,4). La Sabiduría personificada como mujer se presenta como amante: “Yo amo a los que me aman” (Prov 8,17ª). 

En Prov 4,6 se invita a “amar a la sabiduría” y en Prov 4,8 a “abrazarla”. Al igual que la Sulamita (Cant 3,2-3; 7,1-2) también la Sabiduría clama por las calles y las plazas (Prov 1,20-21; 8,1-2). Esta representación de la Sabiduría podría ser, según algunos, una reacción contra la diosa del amor o una motivación literaria, en forma de tentación, a escoger el camino del aprendizaje para los alumnos más rebeldes. Se utiliza, además, un rico imaginario de joyas y tesoros aplicado a la sabiduría, en Prov 1,9; 4,9; 10,20; 12,4; 14,24; 16,16; 20,15; 25,11-12. 

La mujer malvada y la prostituta

La mujer perversa se presenta como sinónimo de la extraña o ramera en Prov  6,24: “Para guardarte de la mujer perversa, de la suavidad de la lengua de la extraña”. La prostituta era, en el Antiguo Oriente Próximo, la mujer que escapaba del control del varón y se situaba en la esfera pública, fuera del ámbito patriarcal de la casa o familia. Algunos especialistas piensan de la prostituta de aquellos tiempos, era un miembro de la sociedad tolerado aunque deshonroso. La prostituta es la “otra” mujer, consentida aunque marcada, deseada pero marginada, buscada como despreciada, como sucede entre nosotros. En el libro de Proverbios se opone al que anda con rameras al hombre sabio: “El que ama la sabiduría alegra a su padre y quien se junta con rameras malgasta su  fortuna” (Prov 29,3).  En Prov 6,26 se relaciona la ramera con la casada o adúltera. La primera sólo pretende su sustento (“un pedazo de pan”) pero la segunda persigue la “vida lujosa”. En Prov 23,27-28 se la identifica con la “mala mujer” y de ambas se dice que son como una trampa peligrosa, un pozo estrecho, como un ladrón que acecha y multiplica entre los hombres a los traidores.

La mujer anti-tipo (contrario a…) 

Resumimos en nuestra presentación las características de la mujer que se presenta como anti- tipo de la mujer ideal retratada en el poema de Prov 31,10-31, es decir, lo opuesto o lo contrario. Es una mujer necia en la que su belleza desluce y desentona como una joya en el animal más despreciado de la religión judía, el cerdo, al decir: “Anillo de oro en el hocico de un cerdo,  es la mujer hermosa pero sin inteligencia” (Prov 11,22). Las leyes que prohíben comer carne de cerdo o incluso tocar su cadáver, se encuentran en Lev 11,7-8 y Dt 14,8.  El segundo libro de los Macabeos narra el martirio heroico del noble anciano Eleazar (2 Mac 6,18-31) y de siete hermanos con su madre (2 Mac 7), que prefirieron morir antes que comer carne de cerdo, traicionando las leyes de sus antepasados (2 Mac 6,18-19; 7,1-2).

Otro de sus comportamientos reprochables es que es escandalosa, bulliciosa y ruidosa,  no cumple las leyes de modestia de la época que relegaban a la mujer al ámbito del hogar o de la casa: “es bulliciosa y procaz, sus pies no paran en su casa;  unas veces en las calles, otras en las plazas, está al acecho en todas las esquinas (Prov 7,12). Ya hablamos antes de la esposa peleona como la figura de la esposa majadera que le hace la vida imposible al marido: “Más vale mejor vivir en un rincón de la azotea, que compartir la casa con mujer pendenciera” (Prov 21,9; ver 21,19; 25,24). Una metáfora pintoresca o llamativa aplicada a esta “mujer peleona”, es la de la gotera molesta e incesante (Prov 19,13;  27,15).

Tenemos, pues, a esta mujer retratada como un cerdo, como gotera continua, una mujer “peleonera”, escandalosa, bulliciosa y callejera. Por el libro de Proverbios desfilan distintas mujeres que se pueden englobar en dos mujeres-tipo opuestas: la Sabiduría y la Necedad. A la primera se pueden adherir la esposa, la madre, la amante y la mujer trabajadora, la segunda abarca también a la extraña, la seductora, la ramera,  la malvada  y la mujer necia.

En síntesis: se trata de un rico imaginario femenino, el más completo del Antiguo Testamento, ejemplarizado positivamente en la Sabiduría y de manera negativa en la Necedad, que ya vimos en el libro de los Proverbios. Dos figuras que recibieron influencias de afuera y de la propia literatura bíblica. Especialmente cabe recordar los puntos de contacto entre la Sabiduría personificada y las diosas paganas del Antiguo Cercano Oriente, como las diosas Ishtar, Isis y Astarté, entre otras, aunque este imaginario de alguna manera esté transformado. También hay que destacar las influencias que recibió el libro de los Proverbios, en su forma final como libro canónico, redactado después del destierro de Babilonia, de la rica tradición literaria bíblica, sin olvidar el entorno cultural, social y teológico de Israel que se refleja en todas ellas.

Esto nos ha de ayudar a encuadrar a las mujeres en esa realidad israelita y evitar, de suyo y hasta donde sea posible, una lectura misógina, es decir, una lectura que fomente el odio, desprecio o marginación hacia ellas y que, por lo demás, no les hace justicia.