La mujer del Siglo de Oro que sigue emocionando a intelectuales

  • Sor Juana Inés de la Cruz, erudita, escritora y religiosa

Danny Solano Gómez
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“Yo no estudio para escribir, ni menos para enseñar (que fuera en mí desmedida soberbia), sino solo por ver si con estudiar ignoro menos”. Así escribía Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695), una de las escritoras más importantes del Siglo de Oro, que entre otras cosas, defendió el derecho de la mujer a la educación.

En plena época colonial en México, una mujer, religiosa de la Orden de San Jerónimo, se convertía en una erudita admirada, en tiempos donde solo los varones podían ir a la universidad.

“Sin más maestro que los mismos libros”

Desde muy niña Juana Inés de la Cruz quería conocer, conocer la Verdad, aprendió a leer cuando empezó a acompañar a su hermana mayor a clases.

Devoró los libros que encontró en la biblioteca de su abuelo. De manera autodidacta comenzó a cultivarse (“sin más maestro que los mismos libros”), tanto que su genio despertó rápidamente la curiosidad de muchos. 

Siendo aún pequeña le rogó a su madre que la enviara a una universidad, a lo que esta se negó, porque era tan solo una niña y además las mujeres no podían acceder a estudios universitarios. 

Su poesía lírica comenzó a darle cierta fama, tanto así que siendo adolescente ingresó a la corte del Virrey Antonio Sebastián de Toledo y la virreina se convirtió en su mecenas. 

Con la protección de los virreyes Juana Inés tuvo la oportunidad de relacionarse con importantes figuras intelectuales y profesores universitarios, quienes quedaban impresionados con la joven. Se dice que la chiquilla aprendió latín en solo 20 lecciones.

De niña  quiso disfrazarse de hombre para entrar a la universidad. Su confesor, el Padre Núñez de Miranda, pudo haber influido en su decisión, al ayudarle a vencer las reservas que tenía de ingresar al convento.

Lo que sí parece claro es que no quería casarse (esto además hubiera limitado su deseo de saber). Ser religiosa era “lo menos desproporcionado y lo más decente que podía elegir en materia de la seguridad que deseaba de mi salvación”, expone en su Respuesta a Sor Filotea de la Cruz.

Primero ingresó al convento de las carmelitas, pero al parecer la rigidez era tal que enfermó, decidió entonces salir y entrar a la Orden de San Jerónimo, donde tenía la posibilidad de dedicar tiempo para estudiar y escribir.

“El fin a que aspiraba era a estudiar teología, pareciéndome menguada inhabilidad, siendo católica, no saber todo lo que en esta vida se puede alcanzar, por medios naturales, de los divinos misterios; y que siendo monja, y no seglar, debía, por el estado eclesiástico, profesar letras; y más siendo hija de un San Jerónimo y de una Santa Paula, que era degenerar de tan doctos padres ser idiota la hija”, así exponía su deseo de saber.

Conozca más de la dramaturga, poeta, erudita y religiosa, así como la entrevista con Alejandro Soriano Vallés, escritor mexicano que se ha dedicado a investigar y a desmentir especulaciones y hasta chismes alrededor de la figura de Sor Juana Inés de la Cruz, en la edición impresa de Eco Católico