Amar en sequedad

Lis Chaves
Ordo Consecrationis Virginum, Diócesis de Cartago
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Leí hace un tiempo el libro de la Madre Teresa de Calcuta “Ven se mi luz” sobre las cartas ocultas de su vida espiritual. Qué impresionante fue saber que por muchos años la Madre Teresa vivió en una total oscuridad y desolación. Uno la miraba en las noticias acariciando niños y enfermos sin imaginarse lo que ocurría en su alma. A pesar de su oscuridad o sequedad espiritual, ella siempre pudo servir y ser fiel a su Dios hasta el final con una sonrisa. Un Dios que ella veía en los más pobres entre los pobres, un Dios que un día la llamó y le dijo: “Tengo sed”.

La Madre Teresa decía que la sonrisa era su coraza para ocultar aquella sequedad de su alma. Y verdaderamente solo sus directores espirituales conocieron en vida esta lucha interior de la santa. Una lucha que a veces fue incomprendida, que la sumergía en la soledad de la cruz y aún así, su motor fue siempre el amor a Dios transformado en caridad.

Hoy todo el mundo busca milagros y cosas sensibles para creer en Dios. Si puedo sentir algo entonces creo. Muchos cristianos renuncian a la fe católica porque en la Eucaristía no sienten nada, no hay desmayos, no hay gritos, no hay música estridente que me aturda y me eleve. La ignorancia nos lleva a cometer graves errores. Por eso yo soy una fiel creyente en la formación a todo nivel. No basta solo conocer los sacramentos de nuestra Iglesia, debemos profundizar en las bases de nuestra fe y de la vida espiritual para que las personas se arraiguen a la verdadera raíz.

Muchas veces, al principio de la vida espiritual el Señor nos enamora con algunos gustos sensibles y está bien, el alma lo busca y Dios se muestra siempre como Él quiere pero en el proceso de madurez espiritual, tenemos que saber que la fe es en creer sin esperar sentir y que el camino a la santidad es la caridad, el verdadero amor.

Amar al amigo es fácil, amar al que es como yo y me comprende. Difícil es amar al que es diferente, al que no me estima, al que me ha hecho daño. Amar cuando hay algún elemento sensible es bonito, uno se siente recompensado, feliz. Amar cuando Dios pareciera no estar (aunque sabemos que está siempre), amar en el dolor, en la oscuridad, cuando todo parece ir en contra de mis planes, ahí probamos verdaderamente si sabemos amar. 

La prueba de fuego del amor es amar en la sequedad y mantener la fe a pesar de todos los problemas, las tribulaciones y la falta de elementos sensibles. Una fe desnuda es la fe del que ha madurado en su camino de vida espiritual, es el caso de la Madre Teresa, una fe que fue probada y purificada por años y años en los que Dios parecía oculto, pero ella sabía que Dios estaba en Ella, en los pobres, en los enfermos, en los sacramentos. 

Necesitamos enseñar esta fe a nuestros hijos, a nuestra familia, a nuestros amigos. Hoy la gente busca todo lo relacionado con la prosperidad y la felicidad egoísta. Debemos volvernos misioneros y evangelizadores del verdadero amor y de la verdadera fe en Dios. 

La Madre Teresa de Calcuta es una de las mujeres más bellas que ha existido porque ella desapareció por completo para servir a los demás, a los que no le importaban a nadie, con la fuerza de un volcán en erupción y desde su más absoluta pequeñez. Necesitamos la fuerza del Espíritu Santo para amar como ella, pidamos a Dios que nos de su Don. Oh Señor, si supiéramos la belleza de tu Don y al que nos dice “Dame de beber”…