Documentan y exigen cese a la represión de Estado en Nicaragua

  • Informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos 

Martín Rodríguez González
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“Graves violaciones a los derechos humanos en el marco de las protestas sociales en Nicaragua” es el título del informe de 87 páginas presentado el 18 de junio por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre su trabajo de los últimos días en ese país.

En él se recapitulan los principales hechos de violencia acaecidos desde el 18 de abril de 2018, cuando estallaron las protestas y la consecuente represión armada por parte del gobierno de Daniel Ortega, que han dejado hasta el momento 212 personas muertas, 1.337 heridos y 507 privaciones de libertad debidamente documentadas, sin contar los numerosos ataques, hostigamientos amenazas y otras formas de intimidación contra la población civil.

Una de las advertencias más claras hechas por la Comisión IDH es que “la magnitud de la violencia estatal y el tipo de estrategias implementadas hacen evidente la existencia de acciones coordinadas para controlar el espacio público y reprimir los reclamos sociales y no de meros actos ilegales de algunos funcionarios de las fuerzas de seguridad”. 

Se confirma el uso de fuerza letal por parte de la Policía Nacional y sus fuerzas antimotines, así como de grupos parapoliciales, también llamados grupos de choque o turbas, actuando con el visto bueno de los mismos agentes policiales.

De acuerdo con la prueba recabada, se sustenta además el uso de francotiradores contra los manifestantes, así como la existencia de ejecuciones extrajudiciales.

Torturas y desconfianza

Por otra parte, la CIDH recibió extensa información y denuncias por irregularidades y denegación de atención médica y obstaculización de la labor humanitaria para asistir a las personas heridas y lesionadas. Las restricciones denunciadas para la atención de salud durante las protestas abarcaron no solo obstáculos dentro de los hospitales. Además, se recibió información sobre órdenes de restringir la salida y el tránsito de ambulancias y el trabajo de personal de asistencia humanitaria como bomberos, personal de la Cruz Roja, así como de personal médico, paramédico, estudiantes de medicina y personas voluntarias.

Los testimonios de los detenidos en las manifestaciones revelan tratos crueles, inhumanos y degradantes, “llegando algunos de los tratos descritos a alcanzar el umbral de tortura”, precisa la CIDH, durante el momento de su aprehensión y mientras se encontraban privadas de su libertad. 

También se registraron casos de ataques e incendio de viviendas llevadas a cabo por actores estatales y terceros armados, lo que ha forzado a personas a desplazarse fuera de sus hogares en busca de protección personal y refugio.

Todo ello en un clima de desconfianza generalizada a presentar denuncias ante las instituciones encargadas de investigar los delitos cometidos.

Ante tales actos, la CIDH condenó en su informe la violencia estatal y su recrudecimiento en las últimas semanas, y reiteró su llamado al cese inmediato de la represión, buscando una solución constitucional democrática y pacífica a la crisis.

“Los actos de violencia deben ser investigados de manera inmediata, con autonomía, independencia e imparcialidad, y en estricto apego a las normas y los estándares internacionales sobre seriedad, minuciosidad y debida diligencia, para asegurar el derecho a la verdad y a la justicia”, concluye.

Obispos evitan masacre en Masaya

rdotes nicaragüenses se desplazaron a la ciudad de Masaya donde un día antes se registraron ataques contra la población civil. Su objetivo fue “evitar otra masacre”, en momentos en que la represión alcanzaba niveles críticos.

Entre los asistentes estuvieron el cardenal Leopoldo Brenes, el obispo auxiliar de Managua Silvio Báez y en Nuncio Apostólico en Nicaragua Mons. Stanislaw Waldemar.

Con el Santísimo Sacramento expuesto, recorrieron las calles de la ciudad, traspasando las barricadas puestas por los manifestantes y llegando incluso hasta las delegaciones de policía, donde pidieron el cese de los ataques. Fueron acuerpados por cientos de vecinos, quienes agradecieron la presencia mediadora y pacificadora de la Iglesia.

El cardenal Brenes dijo a las fuerzas policiales que “basta ya de seguir profanando el Cuerpo de Cristo en cada nicaragüense que pierde la vida”, mientras que el obispo Silvio Báez reiteró que los obispos se mantendrán con el pueblo, aunque les cueste la vida y el nuncio dijo que el Papa Francisco sigue con atención la crisis nicaragüense y se solidariza.