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Promover la vida… siempre

La ajustada aprobación en primera instancia de la ley del aborto en Argentina ha recorrido los países latinoamericanos como pólvora. 

Quienes apoyan la eliminación de bebés indefensos en el vientre de sus madres, usando cualquiera de los muchos eufemismos que existen, ven en la decisión de los diputados de ese país un ejemplo que desearían imitar. Aquellos que se oponen con argumentos de la ciencia, la ética, y la fe, rechazan toda posibilidad al respecto.

No se trata de un debate nuevo, sin embargo, es siempre necesario reiterar que el primer derecho humano es el derecho a la vida, sin el cual ningún otro derecho podría siquiera ser considerado.

Claramente hay un elemento que ha hecho mucho más noticiosa la decisión tomada en el país sudamericano, y es el hecho de que el Papa Francisco sea argentino, lo cual está siendo usado como un elemento para, según la causa abortista, demostrar la erosión de los principios católicos en este tema.

Desconocen con fría conciencia y maldad que el humanismo cristiano dignifica al ser humano, lo enaltece y celebra, y muy por el contrario, las nuevas corrientes de pensamiento radical, hedonista, utilitario y libertino, rebajan a la persona y la degradan en nombre de un falso desarrollo para justificar incluso su eliminación. 

Igual sucede con la eutanasia, donde los que no producen, los enfermos, los pobres y los ancianos, son descartados y desechados como basura que estorba. Una eugenesia propia de los horrores del nazismo, pero revestida de palabrería políticamente correcta, intrincadas trampas legales y abundante apoyo ideológico mediático, los “guantes blancos” de los que habló el mismo Papa Francisco hace unos días.

Buenos para copiar lo malo, ya en nuestra Asamblea Legislativa la diputada Paola Vega del Partido Acción Ciudadana (PAC), lució hace unos días el pañuelo verde que fue signo de los abortistas en Argentina, para demostrar su apoyo e imaginamos que también su disposición a traer el tema, una vez más, al contexto costarricense.

Al respecto, solo hay que decir que el mismo Presidente Carlos Alvarado expresó en campaña su compromiso de no ir más allá de lo que la legislación costarricense contempla en el tema, que sin ser ingenuos, pasa por el vergonzoso protocolo de aborto “terapéutico” que de modo casi secreto se negoció en el gobierno anterior del PAC y que al ser un elemento que podía inclinar la balanza electoral, fue desechado, o postergado, por las autoridades de turno.

Del debate argentino hay que destacar la actitud de muchos médicos de ese país, que alejados de las luchas ideológicas que siempre se sobreponen en el tema, levantaron la voz de su conciencia para decir que no practicarían abortos en sus turnos de trabajo.

Junto a ellos, un grupo de clínicas privadas firmaron un comunicado conjunto en el que advirtieron que no practicarán abortos y reclamaron que una eventual ley en ese sentido debe incluir tanto la objeción de conciencia de los profesionales médicos como la institucional. 

Se trata, en ambos casos, de una toma de posición muy sensata surgida como respuesta de la misma sociedad civil ante lo que considera es una agresión a sus principios fundamentales. En otras palabras, asumieron el deber y los principios más elementales de su profesión para negarse a matar bebés. ¿Tendrá el mismo valor y la misma claridad el gremio médico costarricense en un eventual debate nacional alrededor del tema? Creemos que sí.

La batalla no está perdida, ni en Argentina ni en Costa Rica ni en ninguna parte del mundo. El dolor de los inocentes debe transformarse en fuerza y esperanza, para seguir luchando por la dignidad de toda vida humana, en todo momento y lugar.