¿Qué será de nuestra Costa Rica?

“Monseñor me encuentro confundido, triste, y me pregunto ¿qué será de nuestra Costa Rica? Por primera vez, al empezar su gobierno, nuestro joven Presidente, ni una referencia tuvo hacia Dios, excepto cuando, según nuestra Constitución, tuvo que jurar… El ministro de Educación que se declara una y otra vez, no creyente. Otra ministra que nos sale con claras propuestas anti vida. ¿Es esta nuestra Costa Rica? Quienes nos gobiernan, ¿qué se proponen? Quisiera engañarme, pero yo constato una enorme distancia entre lo que realmente es nuestra Costa Rica, y lo que nos están imponiendo los que hoy tienen el poder que nosotros, desafortunadamente, les dimos. ¿Cuál es su pensar, Monseñor? Gracias, por su amabilidad y su atención”.                

Álvarez L.C. - San José

Estimado señor Álvarez, comparto su “sentir” y reconozco que hay motivos más que suficientes para que experimentemos desasosiego, desconcierto y tristeza.

En estos días, han entrado en mi correo varios comentarios parecidos al que usted me ha enviado. De entre ellos, le transcribo parte de lo que nos comunicaba alguien que en su momento ha sido Ministro de Educación. El escribe: “La luna de miel de una Costa Rica pacífica y católica, que vivía su fe de manera sencilla y sincera, terminó: llegó la hora de las decisiones. Hay dos banderas: vivir la fe cristiana como Jesús y su Santa Iglesia enseñan, o apartarse de la fe y rendir culto a los ídolos del Poder, de la Codicia y del Placer; lo que siempre ha hecho tanto daño a las naciones en general y a las personas en particular. Hay que estar conscientes de que los adversarios de la fe cristiana no se conforman con vivir a su modo, sino, que les estorba el testimonio de los creyentes, les estorban los creyentes; si pudieran, de un plumazo los eliminarían. Y esta grave situación es la que está comenzando a hacernos sentir oprimidos.

De modo que hay que entender los signos de los tiempos. Los que toman en serio su fe cristiana, que sean pues, consecuentes con ella y la manifiesten coherentemente, que cumplan los mandamientos de Dios, y todos; que oren con perseverancia y que practiquen las obras de misericordia. No hay que conformarse con una vida simplemente “correcta”, sino, que hoy urge dar un testimonio constante de la presencia del Señor y mostrar que sus enseñanzas son “buena levadura” en el mundo. Hoy en día no caben ya los tibios”.

Sin embargo, si esta situación nos da la clara impresión de una Costa Rica decadente, no hay que pensar que el cristianismo “decaiga” en el mundo… Un ejemplo, en China la persecución sigue arreciando contra los cristianos, pero así como muchos han muerto de las apaleadas que les han dado, también se cumple lo que en su momento anunció el escritor cristiano Tertuliano: “la sangre de los mártires es semilla de cristianos”. A pesar de la persecución, se multiplican los cristianos en China, como en otras naciones. Aunque con frecuencia, tengan que realizar su culto a escondidas, aunque les quiten las cruces, aunque les quemen los templos (como actualmente en Siria y en Irak), aunque les prohíban enseñar la religión cristiana a los pequeños y aunque vivan en un ambiente de abierta persecución… 

Nos debe acompañar siempre la afirmación de Jesús: “No teman, Yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33) y Él mismo añadió: “Pasarán el cielo y la tierra, pero mis palabras no pasarán” (Mt 24, 35).

Lo que, por el contrario, dolorosamente “pasará” es nuestra Costa Rica. No hay que ser doctores en Harvard para saber que una vez que una población entra en la práctica de nacimientos inferior a 2,34 hijos por pareja, se encamina hacia el suicidio demográfico. En Costa Rica la natalidad es más baja que en Francia; no llegamos a 1,7 y hasta ahora ninguna población que haya aceptado esta práctica ha vuelto a recuperarse, como lo están demostrando todas las naciones europeas desde Suecia a Grecia, pasando por España en que la natalidad está en un 1,3. Si no fuera por los cuestionados y, con frecuencia rechazados inmigrantes de Asia, África y América Latina, no se ve cómo su economía podría sostenerse. Se trata de poblaciones viejas que no se sabría cómo mantener.

Algunas propuestas de los que hoy nos gobiernas favorecen claramente el camino hacia nuestro suicidio demográfico.

¿Qué hacer? Ya lo hemos indicado: La crisis de Costa Rica no debe ser vista como coincidente con la crisis del cristianismo. Frente a una Costa Rica decadente, constatamos en el mundo la vitalidad del cristianismo católico. Como simple comprobación bastaría pensar en la enorme autoridad moral de nuestro Papa Francisco.

Segunda indicación concreta: Asumir que se nos impone un serio compromiso para vivir con coherencia nuestra fe. En alguna circunstancia, en algún ambiente de nuestra propia Costa Rica esto podría implicar una actitud de auténtico heroísmo, como se le pide, por ejemplo, al estudiante universitario que hoy quiera testimoniar su fe.

Monseñor Vittorino Girardi S.

Obispo emérito de Tilarán-Liberia

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