La seductora-adúltera

  • No se trata de “moralizar” con el texto en mano, sino de una serie de consejos de los sabios de Israel a los jóvenes, de obedecer los mandatos del Señor para adquirir sabiduría.

Pbro. Mario Montes M.

Animación bíblica, Cenacat

Hoy traemos a ustedes a la mujer seductora-adúltera, del capítulo 7 de libro de los Proverbios. Lo mejor, para conocerla, es leerlo completo, dejándonos fascinar por su descripción y amonestar por quien la presenta, el maestro sabio de los jóvenes de Israel:

Hijo mío, observa mis palabras y atesora mis mandamientos. Observa mis preceptos, y vivirás, guarda mi enseñanza como la pupila de tus ojos. Átalos a tus dedos, escríbelos sobre la tabla de tu corazón.  Di a la Sabiduría: “Tú eres mi hermana”, y llama “Amiga” a la Inteligencia,  para preservarte de la mujer ajena, de la extraña que se vale de palabras seductoras. 

Mientras yo estaba a la ventana de mi casa, miré a través de mi reja, y vi entre los incautos, divisé entre los adolescentes a un joven falto de juicio,  que pasaba por la calle, junto a la esquina, y se dirigía hacia la casa de ella,  en el crepúsculo, al caer el día, en medio de la noche y la oscuridad. De pronto, le sale al paso esa mujer, con aire de prostituta y el corazón lleno de astucia: es bulliciosa y procaz, sus pies no paran en su casa; unas veces en las calles, otras en las plazas, está al acecho en todas las esquinas. 

Ella lo agarra, lo cubre de besos, y le dice con todo descaro: “Tenía que ofrecer sacrificios de comunión, hoy mismo he cumplido mis votos;  por eso salí a tu encuentro, ansiosa de verte y te encontré.  He cubierto mi lecho con mantas de telas multicolores, de hilo de Egipto; he perfumado mi cama con mirra, con áloes y cinamomo. ¡Ven! Embriaguémonos de amor hasta la mañana, entreguémonos a las delicias del placer.  Porque mi marido no está en casa, ha emprendido un largo viaje, se llevó la bolsa del dinero, no volverá hasta la luna llena”. 

Así lo persuade con su gran desenvoltura, lo arrastra con sus labios seductores.  En seguida, él la sigue, como un buey que es llevado al matadero, como un ciervo que cae en el lazo, hasta que una flecha le atraviesa el hígado, como un pájaro que se precipita en la trampa, sin advertir que está en juego su vida. 

Y ahora, hijo mío, escúchame, y presta atención a las palabras de mi boca: que tu corazón no se desvíe hacia sus caminos, que no se extravíe por sus senderos,  porque son muchas las víctimas que ella hizo caer, y eran fuertes todos los que ella mató. Su casa es el camino del Abismo, que baja a las cámaras de la Muerte…

El capítulo 7 del libro de Proverbios, lo debemos relacionar con los anteriores (Prov 5-7), pues en ellos se advierte al joven, sobre los peligros de la mujer ajena o extraña (Prov 5,1-14), así como el de escuchar el consejo de buscar y amar a la propia esposa (ver Prov 5,15-18). Es desde estos textos, que podemos ubicar a esta mujer, que despliega todas sus armas de seducción, para tentar al joven inexperto, desarrollando a lo máximo el imaginario erótico que envuelve a Doña Sabiduría y a Doña Necedad, mujeres símbolos contrapuestos, a las que hemos visto en anteriores domingos (Prov 9,1-6.13-18).

Pues bien, el capítulo 7 es toda una instrucción sobre la seductora. Dos exhortaciones a escuchar las palabras de sabiduría del padre/maestro, enmarcan esta llamativa escena de seducción (Prov 7,1-5.24-27). La seductora adúltera se presenta como una mujer que acecha a su víctima como fiera y se viste llamativa y provocativamente (“con vestido de ramera” o “aire de prostituta”).  

Sus intenciones, sin embargo, no son limpias. Lo que ofrece no es amor (“con  el corazón lleno de astucia”); ofrece un mundo de sensualidad en el que se despiertan todos los sentidos: la fragancia de las especias aromáticas y los perfumes (“mirra, áloe y cinamomo” o canela), el cuidado de la alcoba (“las colchas, el lino de Egipto”), las palabras zalameras (“lo persuade con su gran desenvoltura y lo arrastra con sus labios seductores”). 

¿Quién es esta mujer? ¿Qué enseñanza nos deja?

Se ha hablado de esta mujer como de una extranjera devota de una diosa pagana,  que ejercía la prostitución cultual, propia de los pueblos vecinos de Israel, en los tiempos de los jueces o del profeta Oseas, que tiene que cumplir sus votos relacionados con un rito de fertilidad. Otros afirman que se trata de una devota de la diosa del amor, que se entrega a un forastero durante las fiestas cultuales; otros especialistas afirman que se trata de una mujer israelita desesperada, que había hecho un voto al Señor y que no tenía cómo pagarlo, si no era mediante la prostitución, ya que su marido estaba ausente de casa. Otros hablan hasta de una esposa israelita adúltera.  

Y, finalmente, otros sostienen que no era simplemente una mujer incapaz de adaptarse a la sociedad, sino una mujer “flexible” que buscaba remediar, por un voto religioso, la situación de precariedad a la que la llevaba su falta de descendencia, que le habría llevado a ser despreciada por el marido. 

No se trata aquí de sacar falsas conclusiones, ni tampoco de “moralizar” con el texto en mano, contra todas aquellas mujeres que, a los ojos de muchos, son seductoras o adúlteras, con el peligro de generalizar comportamientos de forma innecesaria, al estilo de ciertas canciones mexicanas o al estilo del cantante Gilberto Hernández, entre nosotros. Sería un simplismo. Se trata de una serie de consejos de los sabios de Israel a los jóvenes, de obedecer los mandatos del Señor para adquirir sabiduría (Prov 6,20-23; 4,20-23; 3,21-26). 

La obediencia a los mandatos divinos, tiene que manifestarse en las actitudes, si bien es cierto que nace del corazón (Prov 7,3). Pues la exhortación al trato con la sabiduría (Prov 7,4), motiva al creyente a entablar con ella un parentesco íntimo, que lo ayudará a evitar otro tipo de relaciones dañinas, que se presentan con este ejemplo, sacado de una escena de seducción. El padre o sabio maestro, habla aquí por propia experiencia. De allí la necesidad de la sabiduría para saber enfrentar las diversas seducciones del mundo.