Advierten graves riesgos de aplicaciones para citas

  • Herramientas digitales son usadas para conocer personas, buscar pareja o tener encuentros sexuales.

Danny Solano Gómez

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Semanas atrás las autoridades informaron acerca de un empresario que conoció a una joven a través de una aplicación Web para citas, al parecer, tras un encuentro con la mujer, él desapareció y siete días después se halló su cuerpo sin vida en el Río Sucio, en la Ruta 32.

La investigación apunta a que el crimen fue planeado con el fin de robar pertenencias de la víctima. Dos mujeres figuran como sospechosas y descuentan 18 meses de prisión preventiva, una de ellas, de apellidos Smith, es con quien el hombre se habría reunido.

Este caso llama la atención sobre los riesgos en el uso de redes sociales y los cuidados que los usuarios deben tener al utilizar aplicaciones para citas como Tinder o Badoo. 

Según informa el diario inglés The Telegraph, en Inglaterra y Gales en el 2016 se reportaron más de 500 casos de crímenes vinculados con aplicaciones para citas, un tercio de estos estaban relacionados con delitos sexuales. 

Eco Católico solicitó estadísticas similares al Organismo de Investigación Judicial (OIJ), sin embargo informaron que por el momento no cuentan con ellas.

Norma Segura, asesora en Tecnologías de la Información de KPMG, comentó que si bien las redes sociales son una poderosa herramienta de interacción, también han dado pie a usos maliciosos, como fraudes, estafas, robos y otros hechos a través de la persuasión o el engaño.

Según explica, estos actos se  llevan a cabo mediante un esquema lógico basado en la recopilación de información por parte del atacante para entender el entorno de la persona a la que se le busca hacer daño. 

Una vez obtenida la relación de confianza, el agresor busca la manera de cometer el crimen. De acuerdo con Segura, “no siempre va a ser fácil saber con certeza que un perfil de una red social corresponda realmente a quien dice ser, pero si hay pasos que pueden ayudar a minimizar el riesgo”.

La dinámica de una app como Tinder es sencilla, usted tiene un perfil, este se personaliza para encontrar posibles parejas en un área de geográfica determinada, con cierto rango de edad y su sexo. 

Con esta información, la herramienta despliega una serie de fotografías de otras personas, el usuario puede dar clic en alguna e inmediatamente se enviará una notificación a la persona seleccionada, si esta acepta ambos pueden conversar en un chat privado y pactar una cita.

Potencial de los nuevos medios 

Desde hace años, la Iglesia enfoca el aspecto ético de Internet, y en él, de las redes sociales, haciendo énfasis en el uso de las nuevas tecnologías.

Ya en el 2009, el Papa Benedicto XVI constataba que “el fácil acceso a teléfonos móviles y computadoras, unido a la dimensión global y a la presencia capilar de Internet, han multiplicado los medios para enviar instantáneamente palabras e imágenes a grandes distancias y hasta los lugares más remotos del mundo. Esta posibilidad era impensable para las precedentes generaciones”. 

De esta nueva cultura de comunicación -prosigue el Papa emérito- se derivan muchos beneficios: las familias pueden permanecer en contacto aunque sus miembros estén muy lejos unos de otros; los estudiantes e investigadores tienen acceso más fácil e inmediato a documentos, fuentes y descubrimientos científicos, y pueden así trabajar en equipo desde diversos lugares; además, la naturaleza interactiva de los nuevos medios facilita formas más dinámicas de aprendizaje y de comunicación que contribuyen al progreso social.

Esta visión positiva, desde luego, no excluye la certeza de que las redes sociales son utilizadas también con otros fines, que igualmente el magisterio condena y pide evitar.

En particular, el Papa Benedicto pedía no banalizar el concepto de amistad, tan común en las redes sociales, recordando que “sería una pena que nuestro deseo de establecer y desarrollar las amistades on line fuera en deterioro de nuestra disponibilidad para la familia, los vecinos y quienes encontramos en nuestra realidad cotidiana, en el lugar de trabajo, en la escuela o en el tiempo libre”. 

En efecto, concluía, cuando el deseo de conexión virtual se convierte en obsesivo, la consecuencia es que la persona se aísla, interrumpiendo su interacción social real. Esto termina por alterar también los ritmos de reposo, de silencio y de reflexión necesarios para un sano desarrollo humano.