Tu pequeña Calcuta

Lis Chaves

Ordo Consecrationis Virginum, Diócesis de Cartago

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Continuando con el libro de María Teresa Compte, “Diez cosas que el Papa Francisco propone a las mujeres”, en el capítulo IV denominado “Las mujeres consagradas son admirables” yo propongo otro título “Las mujeres de fe firme son admirables”.

Ciertamente las mujeres religiosas y consagradas son admirables por el ejemplo de donación y han hecho mucho bien en el campo espiritual, social y humanitario a lo largo de la historia. Como dice el mismo Papa, “son ícono de la donación de la propia vida” (cf. Ángelus 2 febrero 2014). Sin embargo, igual de admirables son las mujeres casadas que se donan por su familia, por mantener unidos a sus hijos, que luchan por su matrimonio. Las mujeres solteras con valores que viven haciendo el bien a su alrededor, las mujeres solteras con hijos que logran sacarlos adelante. Toda mujer de fe firme es para mí grandemente admirable.

Como siempre lo hago, no se puede hablar de mujer de fe firme sin mencionar a la mujer perfecta, la Madre de Dios. María Santísima hizo una progresión en la fe y se mantuvo fiel al Señor aun cuando transitó por la incertidumbre, la soledad, la persecución, la tristeza, el dolor y la cruz. La fe de María es la antorcha que nos guía en el camino a todas las mujeres.

Son incontables las mujeres de fe firme que a lo largo de la historia ha hecho tanto bien a la humanidad. Solo quiero brindar dos ejemplos: la madre Teresa de Calcula, religiosa y fundadora, y Concepción Cabrera de Armida, laica, esposa y madre de familia.

La madre Teresa de Calcuta tuvo una fe increíble (don de Dios) al abandonar la “comodidad” del convento y lanzarse sola a las calles de Calcuta para recoger, dignificar y sanar a los más pobres entre los pobres y luego tuvo que mantener esa fe ante el fenómeno del crecimiento de su congregación, su fama y los problemas asociados a todo ello. Por otra parte, Concepción Cabrera (Conchita) lucha con una fe de hierro por criar a sus hijos, amar a su marido mientras que vive una intensa vida mística con Cristo Esposo y comienza a ver nacer los frutos de su llamado, la fundación de las obras de la cruz y la oblación por el bien de la Iglesia a través de la oración por los sacerdotes.

Mujer de fe, no hay necesidad de irnos a India y África para hacer el bien. Tu pequeña Calcuta es tu hogar, tu trabajo, tu familia. Allí está nuestra área de acción para ser mujeres santas que puedan llevar a Dios al prójimo y eso significa llevar paz, amor, consuelo, apoyo, unión, ternura. Seamos consagradas, religiosas, solteras, casadas, no importa, lo admirable es que nos podamos transformar en agentes de paz, en embajadoras de Cristo ante los hombres y podamos sanar tantas heridas, devolver esperanza, valores y amor a nuestro pueblo.

Mujer casada, tu pequeña Calcuta es tu hogar, tus hijos y tu esposo. Mujer soltera, tu pequeña Calcuta es tu familia, tu trabajo, tus amigos. Mujer consagrada y religiosa, tu Calcuta es la misión que Dios te dio y la comunidad donde Dios te hizo florecer. Pidamos a Dios el don de una fe firme todos los días pero sobre todo imitemos a María Santísima, ella sin duda nos enseñará como ser mujeres verdaderamente admirables.

 
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