Doña Necedad invita

  • Contrapuesta a la sabiduría anfitriona, la Necedad ofrece lo suyo… ¿Qué es? Hoy lo veremos.

Pbro. Mario Montes M.

Animación bíblica, Cenacat

El domingo anterior escuchábamos la invitación al banquete, preparado por la sabiduría anfitriona de Prov 9,1-6. Pero existe otra invitación a comer de otro banquete, preparado por “Doña Necedad” o “Doña Locura” (Prov 9,13-18). 

La Necedad aparece explícitamente como mujer y es descrita como la seductora de Prov 7,11, que es atrevida y astuta, que se viste como prostituta, se envuelve en un velo y es callejera y “birringa” (mujer ligera), como decían nuestros sabios abuelos, acechando como fiera a los muchachos incautos (ver Prov 7,7-15). 

Se personifica también a la necedad y se contrapone su actividad a la de la sabiduría. Aquí entran en escena estas dos mujeres, una princesa y una prostituta, que representan: una, la Señora Sabiduría, la otra, la Señora Necedad. Están en competición, han preparado dos banquetes opuestos, ambas se dirigen a los descerebrados y a los faltos de juicio (v. 4.16) para atraerlos a su celebración. 

El sentido de la parábola está claro: así como hay dos caminos, el del bien y el del mal, así también hay dos llamamientos para el hombre, dos banquetes a los que se le invita. El hombre debe elegir (ver Sal 1; Rom 12,21; 2 Cor 6,14-15). 

Pues bien, atendamos a su  siniestra invitación: 

La señora Necedad es turbulenta, es estúpida y no sabe nada.  Ella se sienta a la puerta de su casa, en una silla, sobre las alturas de la ciudad,  para gritar a los transeúntes que van derecho por el camino: “El que sea incauto, que venga aquí”. Y al falto de entendimiento, le dice: “¡Las aguas robadas son dulces y el pan comido a escondidas, delicioso!”. Pero él no sabe que allí están las Sombras, y sus invitados, en las profundidades del Abismo.

Como vemos, la Señora Necedad no construye nada, “está sentada a puerta de su casa”, indolente y desganada (v. 14), no se molesta en ir en busca de los invitados, sabe que pueden ser fácilmente seducidos por su engañoso encanto, los espera y coloca trampas a todos aquellos “que van derecho por el camino” (v. 15). 

Con palabras melosas los excita a lo prohibido: “El agua robada es más dulce, el pan comido a escondidas es más sabroso” (v. 17). 

Lo suyo es la lisonja del placer inmediato que, como sabemos, captura a muchos con facilidad, pero conduce a la ruina. Quien queda cautivado no sabe que, en la casa de la Necedad, “están los difuntos, son ahora sombras en el reino de la muerte” (v. 18). Pero el destino del que escucha a la Sabiduría es la vida (v. 6).

Contexto del pasaje de la Necedad

La primera parte del libro de los Proverbios acaba aquí, antes de comenzar en el capítulo 10 la parte central, llamada Salomónica, de breves sentencias y proverbios. Esta primera parte concluye con una doble metáfora, con representaciones antagónicas de un banquete.

Ya hemos visto que el autor del libro de los Proverbios, nos muestra a la sabiduría anfitriona, ofreciendo un gran banquete. Pero también la insensatez o necedad ofrece el suyo. Las dos mujeres invitan, quieren comunicar lo que son y lo que tienen; pero la diferencia es manifiesta. 

La sabiduría ofrece su banquete en una casa grande y rica, adornada de siete columnas que le dan la belleza y solidez de un palacio en el que caben todos, en su banquete no falta nada que no sea suculento y festivo, signo de todas las apetencias del corazón; la sabiduría invita a los más necesitados, recomendando que sigan el camino recto, donde se encuentran la instrucción y el aliento vital. 

Ofrece pan y vino, base de la alimentación humana y de la alegría, signos de la plenitud de una existencia bien orientada, sin rupturas ni divisiones en su interior.

El contraste es grande cuando se trata luego del banquete de la Necedad: las palabras de invitación son semejantes a las de la Sabiduría; pero luego aparece el vacío y la falsedad del banquete: aguas robadas, pan a escondidas, es decir, nada que sea auténtico, sano, sincero; falta incluso el vino de la alegría; todo conduce a valles tenebrosos que no tienen esperanza ni alegría. 

Mientras que la primera ofrece su banquete de sabiduría y sensatez, la segunda ofrece las delicias de los manjares robados que conducen a la muerte y a la vergüenza. Dos mujeres, dos estilos de vida, dos recompensas. Todo un argumento para una telenovela actual, que quiera enseñar y no simplemente entretener…

Ese pan y ese vino deliciosos del primer banquete de Prov 9,1-6, son la sensatez y la prudencia, que alimenta a los inexpertos, a cuantos tienen hambre del saber auténtico. Comiendo, se asimilarán la sabiduría y participarán de ella. Esto significa que la Sabiduría, en el pan y vino, se da a sí misma: es a la vez la que invita al banquete y es el banquete ofrecido. 

En esta doble comparación de los dos banquetes, podemos ver qué es la Sabiduría y la Necedad, qué ofrecen la una y la otra: una vida abierta a Dios y a los hombres y, por el contrario, una negación y frustración de lo que constituye la felicidad y la plenitud humana.

Esta conclusión, el banquete de Doña Necedad nos recuerda la doble metáfora con que acaba el Sermón de la Montaña, en boca del sabio por excelencia, Jesucristo: el que escucha la palabra de Dios y la pone en práctica, y el que no lo hace; el uno se asemeja al que construye una casa sobre roca; el otro, al que la construye sobre arena… (Mt 7,24-27). El paralelismo es impresionante, lo que importa es escuchar la palabra del Señor, que nos asegura el camino del bien y de la vida; fuera de él no hay sino soledad y destrucción.

Las dos mujeres de estos domingos (Prov 9,1-18), que simbolizan la sabiduría y la necedad ¿a qué nos invitan hoy? ¿Cuál será nuestra respuesta? ¿Qué nos jugamos asistiendo o participando de su banquete, de vida o de muerte?

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