“Yo llegué a Jesús por María”

Pbro. Carlos Manuel Arguedas, Diócesis de Alajuela

Ma. Estela Monterrosa S.

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El Padre Carlos Manuel Arguedas contagia alegría y dinamismo, es un hombre inteligente y tenaz en todo aquello que Dios le llama a cumplir.

Cuando relata la historia de cómo descubrió su vocación al sacerdocio reconoce que de pequeño lo inspiraba mucho el sacerdote de su comunidad, el Padre Adán Espinoza Castellón, residente en Llorente de Flores, un salesiano incardinado en la Diócesis de Alajuela, a quien admiraba por ser una persona muy inteligente.

Pero llegó la adolescencia y las ideas cambiaron. Carlos sabía que tenía capacidades para destacarse estudiando. Él proviene de una familia numerosa -es el quinto de ocho hermanos- así que su proyecto era estudiar mucho, trabajar y ayudar a su familia.

“Compartí con mis compañeros la etapa de la juventud, mis profesores me querían mucho y siguen siendo mis amigos”, comentó.

Fueron precisamente sus profesores quienes notaron su liderazgo y su natural preocupación por las demás personas. “La orientadora me dijo un día: ‘le voy a hablar como amiga y como cristiana, ¿usted nunca ha pensado en ser sacerdote?’. Fue el primer round. Yo dije ¡No como cree! Pero salí muy confundido”, recordó.

Por iniciativa de otra docente llegó un director espiritual al colegio, Carlos conversó con él y en un momento el sacerdote le planteó la pregunta “¿Usted nunca ha pensado en ser sacerdote?”. “Fue el segundo round. Entré en crisis. Tenía mucha confusión, no podía estudiar. Tuve una noche oscura muy fuerte. Al ver las malas notas una profesora me llamó para hablar. Le conté y me dijo ‘tenés que oír el corazón, ahí Dios te va a hablar’”.

Para superar la crisis Carlos hizo un trato con Dios cuando apenas iniciaba su quinto año. Le dijo que le concedería una oportunidad y que haría núcleos vocacionales mientras cursaba los estudios generales en la universidad.

Casualmente, en esos días llegaron unos sacerdotes mexicanos al colegio, preguntaron si alguno tenía inquietud a la vida religiosa y, dado el trato, Carlos se anotó. Le preguntaron si quería ir a México o a Colombia. “Yo dije Colombia, por decir algo”, y se olvidó del asunto.

Se graduó el 18 de diciembre de 1994. “El 21 de diciembre, como a media noche sonó el teléfono, me tocaron la puerta y me dijeron que me llamaba un sacerdote de México. Yo ni me acordaba. Contesté con desconfianza y al escucharlo reconocí la voz. Acepté irme 10 días después porque había hecho una promesa y no podía decir que no”.

Recordó que en esa experiencia de mes y medio sintió paz, alegría y se acopló fácilmente al grupo. “La experiencia me sirvió de retiro espiritual. Discerní, pero no me veía de religioso”. Regresó a Costa Rica y empezó los núcleos vocacionales mientras cursaba generales, pero pronto tuvo claro su camino.

De seminarista a sacerdote

En su formación, afirmó, fue muy importante su director espiritual, el Padre Víctor Manuel Salas, y sus confesores, Mons. Alfonso Coto y el Padre Juan Bautista Quirós.

“Fue un trabajo fuerte, primero en la parte humana, después en el encuentro con Cristo. Yo llegué a Jesús por María. Fue mi etapa cristológica. Me encontré con la concepción de Dios Trinidad, Dios Padre que ama entrañablemente. Allí me di cuenta de que sí tenía la posibilidad de llegar a ser sacerdote. Los últimos tres años fueron una verdadera configuración con la vocación sacerdotal”, recordó.

“Llegue a la ordenación con mucha trasparencia y libertad”. A los 25 años fue ordenado diácono y a los 26 sacerdote, el 1º de noviembre del 2003.

En Barrio San José hizo la experiencia diaconal, después fue vicario en San Ramón y luego párroco en El Coyol de Alajuela; a la llegada de Mons. Ángel San Casimiro a la diócesis lo nombró canciller y, además, colaboraba en el Tribunal Eclesiástico.

Tenía el proyecto de remodelar la iglesia de El Coyol y poco antes de iniciar lo enviaron a Roma a estudiar Derecho Canónico en la Universidad Gregoriana, donde obtuvo el grado de licenciatura y una especialidad en Jurisprudencia.

En esos cuatro años, dijo, “viví cosas extraordinarias que marcaron mi vida. Yo recordaba que cuando estaba muy pequeño vi al Papa Juan Pablo II cuando vino a Costa Rica. Estando en Roma estuve en su beatificación y canonización. Estaba ahí cuando renunció Benedicto XVI, cuando salió humo blanco y vi salir al balcón al primer Papa latinoamericano”.

A su regreso lo nombraron párroco en Santa Gertrudis, donde asumió el reto de construir una nueva iglesia. Ahora, además, es el Vicario Judicial de Segunda Instancia del Tribunal Eclesiástico.

“No sé si me tocará llevar adelante la construcción de la Iglesia o concluirla. Mi vocación es tratar de hacer voluntad de Dios en todo”. Ahora, dijo, se siente dispuesto a lo que Dios quiera, con nuevo obispo en su diócesis, preparado para colaborar.

 
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