María fortalece nuestra esperanza

«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».1 Este saludo del ángel Gabriel a María es una invitación a vivir la esperanza, la alegría profunda que marcó el inicio de la Buena Nueva y anuncia el final de la oscuridad del mal que pretendía opacar la luz de Dios. 

Siempre, y de forma especial en el mes de mayo, los cristianos, reconocemos como madre y modelo a aquella que “acogió en la fe y en la carne al Hijo de Dios.”2 «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”  3 y por su fe, todas las generaciones llamaremos Bienaventurada a la que ha creído “porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá.”4

Por ello, acudimos a ella invocándola con confianza como “¡Estrella de la mañana que disipa las tinieblas de la noche oscura…!”5

María nos acompaña en el camino de la vida, “como una verdadera Madre, Ella camina con nosotros, lucha con nosotros, y derrama incesantemente la cercanía del amor de Dios.”6 Ella es la Madre que  nos llama a no desfallecer en el seguimiento de Jesucristo, su Hijo, siendo a la vez, nuestro signo de esperanza segura y consuelo en la tribulación: “María es la que sabe transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres pañales y una montaña de ternura (...) Ella es la amiga siempre atenta para que no falte el vino en nuestras vidas. Ella es la del corazón abierto por la espada, que comprende todas las penas.”7 

Nuestros sufrimientos y adversidades no le son ajenas, y es María, “consuelo de los afligidos”, la primera en alentarnos, en medio de las pruebas de la vida, para no ser presa fácil del pesimismo y la pasividad. San Juan Pablo II se refería a la Santísima Virgen como aquella que “educa a la comunidad de los creyentes para que miren al futuro con pleno abandono en Dios.”8

En su visita al Santuario de Fátima, el año pasado, el Papa Francisco nos exhortaba a tener a María como guía permanente por tanto, “ella, a pesar de que no siempre comprendía todo lo que estaba sucediendo, se nos muestra como una mujer valiente, que no se detiene ante las dificultades. Una mujer que está atenta a la Palabra de Dios y que sabe meditar todo en su corazón (…) Así nos enseña que, en los momentos de dificultad, cuando parece que nada tiene sentido, siempre tenemos que esperar y confiar en Dios”.

Cuando el discípulo a quien Jesús amaba acogió a María en su casa, fue María quien amparó primero al discípulo como hijo: “Mujer, aquí tienes a tu hijo; hijo, aquí tienes a tu madre.”9

Quiero motivar a todas las familias, comunidades parroquiales, centros de educación católica y al pueblo de Dios en general, a hacer de este mes una ocasión propicia para profundizar en la extraordinaria riqueza que María comunica a la Iglesia con su ejemplo y su intercesión. 

Pido a la Madre de Dios, en su advocación de la Negrita de los Ángeles, que su maternal intercesión y protección se manifieste en cada uno de nosotros. En este mes expresemos que en verdad amamos a nuestra Madre del cielo, y sería muy positivo hubiera especiales manifestaciones en nuestras comunidades, y hasta en las redes sociales. 

 1Lucas 1, 28

 2Benedicto XVI, Mensaje, 19 de diciembre de 2012

 3Lucas 1,38

 4Lucas1, 45

 5Juan XXIII

 6Misa Crismal: “La cercanía es la clave del evangelizador” (Homilía del Papa) 29 de marzo 2018

 7Papa Francisco, Evangelii gaudium, 286.

 8Audiencia General, Juan Pablo II, miércoles 22 de noviembre de 1995

 9(Juan 19,26-27).