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Alfie Evans, en el punto de choque de dos antropologías

Escrito por Eco Catolico on . Posted in Editorial

El caso del pequeño Alfie Evans, el niño británico con una enfermedad neuronal degenerativa incurable que murió luego de ser desconectado de un ventilador artificial por orden de la justicia de su país y en contra de la voluntad de sus propios padres, muestra de modo cruel el punto de choque entre dos antropologías.

Por un lado, el totalitarismo utilitarista e inhumano que mira en un niño enfermo a un residuo social sin valor y no teme desecharlo, y por el otro, la visión centrada en la dignidad humana que coloca la persona en el centro indistintamente de su condición y defiende la vida hasta su término natural.

Una cuestión que ya San Juan Pablo II vio y denunció con gran claridad. Dos visiones del ser humano se enfrentan en el mundo y el escenario de guerra es la familia. Por una parte, la del hombre dueño de sí mismo y que quiere ejercer su dominio sobre la realidad. Por la otra, la de un hombre abierto al misterio, que busca en  la vida llevar a cumplimiento de manera plena su propia humanidad. En pocas palabras, cultura de la vida y cultura de la muerte. 

La tensión generada entre ambas corrientes generó en este caso un movimiento de escala global, en el que intervino hasta el propio Papa Francisco, quien puso a disposición de los padres de Alfie toda la ayuda necesaria, incluido un helicóptero y el ofrecimiento del Hospital Niño Jesús, del Vaticano, para trasladar y recibir al pequeño Alfie.

Hasta el gobierno italiano concedió, de modo ejemplar y en tiempo récord, la nacionalidad al niño, oportunidad que fue igualmente ignorada por los jueces. 

Los tres recursos presentados por los padres fracasaron en el máximo tribunal de justicia británico, aferrado a un necio progresismo legalista que mostró con toda frialdad hasta dónde es capaz de llegar, al desconocer la autoridad de los padres para convertir a un menor indefenso e inocente, en un rehén sentenciado a muerte en el mismo hospital que debió por todos los medios evitársela.

El utilitarismo es la doctrina que mejor define las actuaciones médicas y judiciales del Reino Unido. Bajo su influencia, prevalece una visión materialista, donde sólo se consideran los aspectos científicos, pragmáticos y útiles, es decir, los puramente materiales. La tesis británica supone que el pequeño Alfie era persona, pero dejó de serlo al entrar en un “estado semivegetativo”. Esta posición individualista, cosificadora del cuerpo biológico en una determinada fase de la existencia reclama, entre otros, “el derecho a vivir y a morir con dignidad”. 

Estamos ante una visión cientificista de la corporalidad: hay cuerpos, como el de Evans, que para ellos no son personas y ello supone una instrumentalización del cuerpo, haciendo de la autonomía la regla y norma última del obrar; llevando a la desprotección total de estos “cuerpos biológicos”, “insensibles”, pudiendo ser manipulados, y considerando incluso lícito en el plano ético y jurídico suprimir la ventilación artificial, o hasta la eliminación de la persona desde criterios economicistas de productividad o improductividad del gasto.

Es la misma cultura de la muerte que en el mundo propugna la eutanasia para los ancianos y para los enfermos. La que ve en el control de la natalidad la respuesta a la codicia de unos pocos para quienes los pobres son una amenaza, y la que proclama el aborto como un “derecho humano”, llamando “producto” al bebé concebido y en gestación.

Es la cultura de la muerte la que está detrás de la nefasta ideología de género, que desconoce las diferencias biológicas entre hombres y mujeres para abrir la puerta a la legalización de las uniones homosexuales y su adopción de niños.

No es poco lo que está en juego. El pequeño Alfie está ahora en los brazos de Dios donde descansará eternamente. A nosotros, que nos llamamos hijos y seguidores del que es la Luz del mundo, nos toca hacer que su vida, y su muerte, no sean en vano.