Tres hombres victoriosos porque encontraron al Señor

El movimiento Hombres en Victoria realiza asambleas semanales en 11 parroquias del país, con momentos de oración, de invocación al Espíritu Santo, alabanza, predicación, asimismo comparten testimonios o actividades de formación y crecimiento espiritual. Tres integrantes contaron a Eco Católico de cómo encontraron el amor de Dios a través de estas experiencias.

Miguel Segura

La Aurora, Heredia

Recuerda que cuando tenía 17 años lo presionaron para que se casara con su novia, porque los familiares pensaban que ella estaba embarazada, aunque no era así. De ese matrimonio nacieron dos hijas. Años después, él notó un cambio en su esposa, al tiempo ella le confesó que le había estado siendo infiel y le pedía a él que se fuera de la casa.

Tomó su ropa y fue a casa de sus padres. “De un día para otro no tenía nada y dejar de ver de ver a mis hijas… fue un golpe muy duro”. Por aquella época, ingresó a la Renovación Carismática. “Eso me ayudó a no hacer una tontería”. No obstante la dejó cuando comenzó a salir a fiestas y bares con personas que en ese entonces consideraba sus amigos. 

Se apartó de la Iglesia y poco a poco comenzó a caer en el alcoholismo y en el tabaquismo. “Mi mamá oraba mucho por mí, ahora entiendo muchas cosas, comprendo que gracias a sus oraciones el Señor me protegió en aquella época”, relata. 

Cuando se sentía más encadenado a los vicios y a una vida desordenada recibió un golpe muy duro: sus padres fallecen el mismo año. Sintió un gran vacío y no sabía qué hacer. 

Por aquella época conoció a la que es su pareja actualmente, con quien tiene 20 años de convivir y un hijo de 15 años. “Volví a ir a Misa (...) Un día yo le decía al Señor que necesitaba que me ayudara a encontrar un movimiento o un grupo porque necesitaba acercarme más a Él”, recordó. Al lunes siguiente se encontró casualmente con un vecino suyo, Mario Calvo, coordinador de Hombres en Victoria en La Aurora. 

“Él me invitó a que fuera a una asamblea, que no importara que fuera divorciado o separado, que era un llamado del Señor para todos los hombres y lo que se hablara ahí quedaba. No puse mucha resistencia porque vi una respuesta a mi llamado”.

Desde hace ocho años asiste. “Para mí es una gran alegría ir, son contados los días que he faltado, desde el primer retiro mi vida cambió (…) Ahora sí tengo amigos de verdad”.

Carlos Serrano

Gravilias de Desamparados

El éxito profesional y laboral llevaron a Carlos Serrano a tener experiencias de mundo donde las fiestas, el licor y las mujeres eran lo normal. De pronto, hubo una época en la que sus negocios empezaron a ir mal, se divorció y los problemas comenzaron a agobiarlo.

Carlos pisaba un templo solo cuando había funerales o bodas para cumplir con el compromiso, pero un día su actual pareja le habló del Movimiento en Victoria (ella pertenecía a Mujeres en Victoria). Al principio él puso resistencia, su formación académica le daba más cabida a la razón y al análisis que a la fe.

“Ella (mi esposa) me llevó a un retiro, el predicador me habló y yo pensé: “Este tipo me está vacilando”, sentí que en su prédica se refería a mí y a mi pasado. Eso me inquietó, me puse a la defensiva (…) me estaba diciendo las cosas de frente”, narró.

A partir de ahí quiso hacer un alto en su camino. “Yo decía: “Esos tipos no tienen nada que hacer”, “montón de panderetas”. Sin embargo, una inquietud ya se había sembrado en su ser y esa semilla crecía. Aceptó ir a una asamblea de Hombres en Victoria, se sentó en la parte de atrás. De pronto, las alabanzas, los testimonios, la prédica y por último la adoración al Santísimo Sacramento lo impresionaron.

“Me preguntaba: ¿si esto es tan bueno por qué tuve que esperar 47 años para conocerlo?, ¿por qué me equivoqué tanto?”.

Carlos comienza a identificarse con la realidad de otros hombres, empieza a cuestionarse cosas, le mueve un deseo por saber más, lee y escucha, busca el Catecismo de la Iglesia Católica y abre su corazón, descubre un amor que no había experimentado antes.

“Hombres en Victoria es un caminar maravilloso, algo que ha llenado mi vida personal y familiar, uno cada día se enamora más y quiere vivirlo más”, comentó.

Carlos dice que como cualquier otra persona enfrenta problemas y preocupaciones, pues eso no desaparece por estar dentro del Movimiento, pero “no es lo mismo enfrentarlos solo que con la compañía de Dios”.

Rosemberg Cutiva

Cinco Esquinas de Tibás

El fallecimiento de su papá cuando solo tenía seis años fue un golpe del que no se pudo reponer. Una tristeza lo invadió y, sumado a experiencias dolorosas, siendo tan solo un niño “solo deseaba morir”.

“Crecí deseando la muerte”, recuerda Rosemberg. En la universidad, a pesar de tener buenas notas, cambió tres veces de carrera. Nada lo llenaba y constantemente se preguntaba para qué estaba ahí.

Nacido en Colombia, desde pequeño también solía tener “sueños extraños” que le anunciaban acontecimientos familiares, según dice él, que a su vez lo fueron llevando a buscar a Dios.

Un momento decisivo fue cuando estuvo a punto de suicidarse y se preguntó qué habría después de la muerte. Esa pregunta lo hizo temer. “No tenía ninguna actividad espiritual, ni siquiera leía la Biblia. Ahora puedo decir que Dios siempre estuvo conmigo”, expresó. 

En 2013 llegó a Costa Rica. Los primeros años fueron difíciles, cuenta. Comenzó a reunirse con un grupo de hermanos evangélicos y al principio le gustó un día también. Conoció a una muchacha, católica, quien le causó una honda impresión. Comenzó a orar y a encontrarse con el Señor. 

Al tiempo conoció sobre la Iglesia, se fascinó con la liturgia y la doctrina. “Me enamoré de la perfección”. Comenzó a servir.

Nuevamente vinieron tiempos difíciles para Rosemberg, tuvo un accidente, su situación económica empeoraba y comenzó a “pelear con Dios”. Un amigo lo invitó a Hombres en Victoria, sin embargo, consumido por el trabajo, no tenía ganas de ir.

Fue un par de veces, pero y a la tercera no pensaba ir, había llegado tarde del trabajo y solo quería descansar. En ese momento le llegó un mensaje de texto de su amigo que decía: “Hoy el Señor tiene un mensaje para ti”. Se decidió a ir y ese día, frente al Santísimo, sintió que Dios le hablaba a través del predicador.

Rosemberg resalta el cariño y el amor fraterno entre los integrantes de Hombres en Victoria. Ya no estoy solo, tengo una familia grande”, dijo.