“La belleza de nuestros templos es la presencia de los fieles”

“La belleza de nuestros templos es la presencia de los fieles”

 

Sofía Solano Gómez

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En San Pablo de Heredia hubo un niño hace ya varios años que quería ser sacerdote sin salir de su pueblo. En su infancia nació la vocación, quizá tenía unos seis años cuando jugaba a vestir como el cura de la comunidad, cualquier vestidura le servía de ornamento y las hostias, algunas veces eran rodajas de banano.

Hoy, con 34 años en el ministerio, el Pbro. German Rodríguez cuenta que siempre se impresionó por la Eucaristía, tan así que buscaba la primera banca para vivirla de cerca. El altar le atraía: los vasos sagrados, el sagrario, las candelas, los manteles y por supuesto, admiraba al Pbro. Luis Castrillo, ya fallecido, quien por 16 años fue párroco en su pueblo.

El noveno hijo de una familia conformada por 13 hermanos más, participó de la vida de la Iglesia como monaguillo, “desde los 10 años hasta la fecha”, según cuenta, desde entonces se ha mantenido cercano al servicio eclesiástico.

Tomó la decisión de ingresar al Seminario con 17 años de edad, ahí “Dios me cautivó, sentí que ese era mi lugar… salí ordenado sacerdote”, recuerda. Sus padres recibieron la noticia de su deseo vocacional desde la misma fe con que fue educado, “con mucha alegría, pero con mucha timidez y prudencia”, porque según cuenta eran una familia pobre y ante ese reto, no le podían ayudar económicamente.

Se ordenó el 8 de diciembre de 1983, por imposición de manos de Mons. Román Arrieta. “Recuerdo que el día de mi ordenación, fue fiesta para mi pueblo que después de 75 años apareció un sacerdote”, agregó.

 

El camino eclesiástico

Una de sus experiencias en el camino eclesiástico fue justo en 1983 cuando, siendo diácono, el Papa San Juan Pablo II visitó el país. “Sentir al Papa en medio de nuestro pueblo era impresionante, el Santo Padre irradiaba luz, resplandecía. Es el Papa que nos llamó a la esperanza, para nosotros fue un gran gozo”, dijo. 

Actualmente, el Pbro. Rodríguez es el Prefecto de la Catedral Metropolitana, además Deán del Cabildo Metropolitano y presidente de la Fundación para la Restauración de Catedral y otros templos y monumentos católicos.

Su primera experiencia en el servicio sacerdotal fue como Vicario parroquial en lo que hoy es la Catedral de Cartago, luego pasó a la Parroquia San Agustín en Cinco Esquinas de Tibás, posteriormente estuvo en el Santuario Nacional del Santo Cristo de Esquipulas, en Alajuelita. 

Fue Rector y Párroco en la Basílica Nuestra Señora de los Ángeles, pasó a servir a la Parroquia Inmaculada Concepción en Heredia, luego a San Miguel Arcángel, en Escazú, a Nuestra Señora de la Virgen de Loreto en Pavas y actualmente en Catedral. Además, ejerció como Vicario Episcopal de la Vida Consagrada por 15 años.

 

Un asaltó marcó su piel 

Durante su paso por la parroquia San Agustín en Cinco Esquinas de Tibás, un 27 de junio (día de la Virgen del Perpetuo Socorro) vivió una experiencia negativa. Unos hombres ingresaron a la Casa Cural en medio de un asalto y una bala dirigida a su cabeza, le dejó marcas en su mano que la desvió y rompió su frente.

No obstante, asegura que fue la gracia de Dios quien permitió que no pasara a más. En otra ocasión, robaron el vehículo en el que viajaba, pero más adelante la alarma se activó y el carro quedó en el camino, solo fue una mala experiencia.

El Padre German describe su forma de prestar los servicios con amor profundo a Jesucristo, a la Iglesia y muy convencido de la centralidad de la Eucaristía en la vida pastoral, porque desde ahí es donde se impulsa la acción evangelizadora.

“He tratado de ser un sacerdote generoso en mi entrega, disponible, me cuesta decir no, quiero y respeto a mis compañeros… Me gusta sentirme sacerdote, identificarme como tal, no buscando privilegios ni reverencias, sino que la gente vea que vivo con mucha alegría que soy sacerdote”, expresó.

Hoy, como Prefecto dice comprender que la Catedral de una diócesis es el corazón de la Iglesia, porque desde allí se impulsan encuentros y acciones que animan la vida arquidiocesana.  “Queremos ver nuestra Catedral repleta de files y más que flores y adornos, la belleza es la presencia de los fieles que se reúnen no por costumbre ni obligación, sino por conciencia de alabar, bendecir, dar gracias a Dios que es el dador de todo lo bueno”.

Por último, de acuerdo en el Prefecto, están muy abiertos a que grupos y movimientos que celebran algún acontecimiento, lo realicen en la Catedral Metropolitana. Ahora que se aproxima la celebración de la Virgen María, en mayo, se iniciará con una Eucaristía a las 6:30 p.m. antecedida por el Santo Rosario con exposición del Santísimo. Otra actividad será el 13 de mayo, preparada por los Heraldos del Evangelio en homenaje a la Virgen.

 

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